Al día, TM repara el 36,5% de las puertas de las estaciones

El sistema gasta $ 24 millones en esos arreglos diariamente. Dinero sale de las arcas del Distrito.

Transmilenio

TransMilenio se vio obligado a cerrar las estaciones Calle 142, Calle 146, Mazuren, Calle 161 y Toberín, en sentido sur - norte.

Archivo particular

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Portafolio
noviembre 05 de 2019 - 03:48 p.m.
2019-11-05

Si usted es de los que detienen o les da por forzar las puertas de las estaciones de TransMilenio (TM) para que permanezcan abiertas, tenga en cuenta que esto no solo las daña, sino que su reparación le cuesta a la ciudad o al mismo usuario, en promedio, 24 millones de pesos al día, es decir, lo que valen 10.000 pasajes, el cupo de 40 buses biarticulados.

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Según TM, en el sistema hay 3.147 puertas en las 138 estaciones y al día deben reparar 1.150, es decir, el 36,5 por ciento del total.

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En un recorrido que hizo EL TIEMPO por algunas troncales se percató de que muchos de los usuarios detienen la puerta con el pie, y algunos justifican esta acción diciendo que es para poder observar si viene el bus que les sirve. En otros casos, los usuarios no esperan que el mecanismo de apertura de las puertas haga su función, sino que las fuerzan cuando salen del bus o entran en él.

“Mucha gente las detiene porque las frecuencias de las rutas son muy demoradas y, según ellos, esto les permite saber si ya viene el bus y poder ingresar primero y coger silla”, afirma Diana Castillo, cliente del sistema.

Johanna Maldonado, otra usuaria, es enfática en señalar que TM perdió la batalla con el arreglo de las puertas, ya que es casi normal ver en cada estación, como mínimo, una de ellas colapsada. “No en todas las estaciones las reparan, y los colados son en su gran mayoría los causantes de estos daños, que a la final todos pagamos”, describe.

Sobre si el Distrito perdió o no esta batalla, los expertos comparten la versión de Maldonado. “No solo se está perdiendo esa batalla, se debe mejorar la interrelación entre el usuario y el sistema con cultura ciudadana.

Por ejemplo, esto no pasa en Medellín, y allá hay BRT (buses) con estaciones y la gente lo respeta. Hay un aprecio a estos medios de transporte que en Bogotá se ha perdido”, destaca Nicolás Rincón, director de la maestría de logística y transporte de la Universidad Javeriana.

Para Edder Velandia, docente de la Universidad de La Salle, no solo el daño a las puertas, sino también el de los vehículos y los colados son resultado de un problema cultural. “TransMilenio ha venido perdiendo la lucha por tener un mejor servicio y mejorar la calidad, porque la gente no ha entendido que este sistema es de todos y para todos”, dice el docente.

Agrega que todo lo que una persona genera en daños, el resto de los usuarios lo pagan. Incluso el colado que cree que se está ahorrando un pasaje, al final, ese dinero lo debe poner el Distrito a cambio de disminuir el presupuesto para otros frentes como educación, salud, etc.

En un reciente estudio sobre evasión realizado por la Universidad Nacional para TransMilenio se determinó que al día ingresan al sistema sin pagar 384.000 personas, lo que significa el 15,36 por ciento del total de pasajeros (2’500.000).

Aunque TM no se refirió directamente a si están o no perdiendo la batalla contra aquellos que dañan las puertas, afirmaron que siguen adelantando acciones orientadas a recuperar y promover los buenos comportamientos y usos dentro del sistema con la estrategia de cultura ciudadana Equipo T.

“El objetivo es fomentar el respeto y la solidaridad entre los usuarios, así como la valoración y apropiación del sistema como patrimonio de nuestra ciudad y bien público”, manifestaron desde la entidad.

LOS QUE LAS REPARAN
Álex Clavijo, uno de los 70 técnicos encargados de recorrer las troncales a diario para reparar estos daños, dice que los sistemas operativos de estas puertas son iguales a los que hay en el transporte masivo de Pereira (Megabús) y Cali (MIO), pero la diferencia es que allá solo se hace mantenimiento correctivo, mientras que en Bogotá deben hacerse reparaciones más complejas, porque no hay cultura ciudadana y no cuidan.

“Lo que no han entendido es que estas puertas les pueden salvar la vida y al abrirlas de manera ilegal se exponen a ser arrollados, y lo aprovechan los ambulantes y colados para ingresar”, destaca Clavijo.


Redacción Bogotá
John Cerón

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