Álvaro Rivera Concha: un legado silencioso

Fanático del Quijote, Álvaro Rivera siempre será recordado por su gran sentido del humor y su capacidad sin límites para la imprudencia.

Álvaro Rivera Concha

Todos los que lo conocimos decimos al unísono: ¡Gracias Álvaro por haberte cruzado en nuestras vidas.

Archivo particular.

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Portafolio
junio 07 de 2019 - 08:15 p.m.
2019-06-07

En 1951, Mary Hernández renunció a su candidatura al reinado de belleza en representación de Cundinamarca y Norte de Santander. La razón no fue otra que una curiosa condición que le impuso quien sería el amor de su vida, Álvaro Rivera Concha: seguir su camino como reina nacional o ser su esposa. En una carta fechada agosto 16 de 1951, reza la respuesta de su padre a la gobernación de Santander: “tengo la pena de manifestarle que mi hija Mary, por inconvenientes de última hora, retiró su nombre de dicho certamen”.

Nacido en 1930, Álvaro Rivera Concha estudió en la Universidad Javeriana, donde obtuvo el grado de ‘Doctor in Utroque Iure’, en 1952. En esa época este titulo se confería a quienes aprobaban los programas de pregrado en derecho y en derecho canónico. Álvaro Rivera fue profesor de esta asignatura en su universidad, durante cerca de 40 años.

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Después de obtener su grado, inició su práctica profesional como abogado litigante en causas matrimoniales, en los tribunales eclesiásticos y como asesor de familias con problemas conyugales. En esa época, Colombia no aceptaba el matrimonio civil para los católicos y tampoco permitía el divorcio vincular.

En 1973, fundó la firma Rivera & Gallón, Abogados Asociados, que se convirtió en la más importante de derecho matrimonial en Colombia. En este periodo fue consultor del ministro Alfredo Vázquez Carrizosa, en la etapa final de la negociación del Concordato Vásquez Palmas de 1973, que derogó la Ley Concha y abrió paso al matrimonio civil.

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Álvaro Rivera ejerció su profesión durante cincuenta años. En todos sus escritos, alegatos jurídicos y ensayos literarios dejó marcada su excelente formación jurídica, filosófica y moral, y procuró siempre la protección de la familia y la adecuada solución de conflictos familiares. En su consulta profesional entregó a quienes le confiaban sus problemas, los más sabios consejos y la mejor asesoría para el manejo de sus dificultades.

Álvaro Rivera fue un hombre polifacético, visionario y emprendedor. Desde temprana edad ayudó a su padre con el manejo de los negocios agropecuarios, actividad que, con el tiempo, se convirtió en el mejor de sus pasatiempos. Hizo parte del grupo de empresarios pioneros en el cultivo de la palma africana en Colombia. Fue cofundador de la Zona Franca de Bogotá (ZFB), hoy empresa líder a nivel nacional y referente mundial en el sector de zonas francas, cuyo parque industrial es generador de más de 27.000 empleos directos e indirectos.

Quienes lo conocieron en su faceta de empresario pueden dar fe de su constante preocupación por hacer de los negocios un mecanismo de cambio social. Su obsesión por la ética empresarial, la generación de empleo y el aumento de oportunidades de formación para los empleados, le dieron un matiz humanista a todas las juntas directivas en las que tuvo asiento hasta poco antes de morir. En su interés por aportar a un mejor país fundó en Colombia el partido político Social Democrata Cristiano, en donde emprendió una quijotesca campaña presidencial.

Su preocupación por una mejor educación asequible a todos lo motivó a fundar también la institución de educación superior Fundación Universidad Monserrate (FUM), orientada a la formación de profesionales con fuerte énfasis en educación, trabajo social y orientación familiar.

Además, tuvo la iniciativa de crear una alianza entre varias universidades, la FUM, el Sena y la Fundación ZFB, de la que surgió La Unifranca. Esta alianza universidad-empresa ha brindado educación superior tecnológica y profesional a 4.800 estudiantes, constituyendo un ejemplo de responsabilidad social empresarial.

Su vocación de ayudar a los más necesitados lo impulsó, junto con su padre y hermanos, a poner en marcha un invaluable proyecto de atención al adulto mayor: la fundación Jeymar. Hoy tiene dos centros de atención y recibe a más de 200 abuelos diariamente. Esta fundación es el producto concreto de su generosidad y compromiso con el prójimo. Durante sus 60 años de matrimonio, Álvaro nunca dejó de recordar con fecha y hora el momento más feliz de su vida: cuando conoció a Mary, por quien tendría un amor eterno, incondicional, sincero y total, hasta el final de sus días. Con sus 6 hijos, 16 nietos y 3 bisnietos, Billo y Billa, como les decían, lograron construir una hermosísima familia, de unión y valores, que llevará su legado a través del tiempo.

Fanático del Quijote, Álvaro Rivera siempre será recordado por su gran sentido del humor y su capacidad sin límites para la imprudencia. Un hombre alegre, austero y sencillo, que siempre prefirió el ejemplo al sermón como método de enseñanza.

¿Cómo describir, entonces, a alguien tan completo, tan íntegro? ¿Se debe hablar de sus valores inquebrantables? ¿De sus éxitos como profesional, o como educador, o empresario, o campesino? ¿Se debe hablar de su esencia, de su coherencia entre su pensar y su actuar? ¿De su solidaridad y compromiso con el prójimo? ¿De su inagotable sabiduría? ¿O quizás sobre cómo a lo largo de su vida fue un referente como persona, padre, amigo, confidente?

Difícil tarea reducirlo a palabras, encajonarlo en un escrito, limitarlo a una descripción. ¡Imposible! Dejémoslo sin fronteras, infinito. Dejémoslo como lo que fue: un sembrador a lo largo de su vida.

Todos los que lo conocimos decimos al unísono: ¡Gracias Álvaro por haberte cruzado en nuestras vidas!

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