‘América Latina no es la región más pobre, pero la más inequitativa’

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, dice que las exenciones tributarias salen muy costosas.

Alicia Bárcena

Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal.

EFE

POR:
Portafolio
enero 22 de 2020 - 10:00 p.m.
2020-01-22

Una de las personas que no deja de asistir al Foro Económico Mundial es la mexicana Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, Cepal, entidad adscrita a las Naciones Unidas. En medio de su apretada agenda en Davos, la funcionaria habló con Portafolio.

(Lea: ‘Capitalismo de las partes interesadas’, en el Foro Económico Mundial)

¿Es válida la apreciación de que América Latina no despierta el interés de otras ocasiones?

Nuestra región está a punto de completar siete años de bajo crecimiento y eso está en el corazón de la aparente indiferencia. El año pasado la expansión del Producto Interno Bruto latinoamericano apenas llegó al 0,1 por ciento y 18 de las 20 naciones más grandes tuvieron una desaceleración. Colombia y Guatemala acabaron siendo las únicas excepciones.

(Lea: Trump vs. Greta: un ‘cara a cara’ sobre el calentamiento global)

¿Considera que quienes nos miran desde afuera toman nota de eso?

Sin duda. Los estimativos nuestros hablan de una expansión del 3,2 por ciento el año pasado y de una de 3,5 por ciento en este periodo. El contraste es evidente porque para decirlo con claridad Colombia es el país de América Latina que más crece.

Una explicación de ese ritmo que es moderado, pero destacable en el contexto de la zona, tiene que ver con el buen desempeño de la inversión. En contraste, el panorama del resto es más bien sombrío.

Pocos presidentes hacen presencia…

Además. En la edición de 2020 apenas vinieron Lenín Moreno de Ecuador e Iván Duque. Ello hace que el diálogo nutrido de antes en esta ocasión sea limitado porque no parece haber mucho interés de los gobiernos y tampoco de los inversionistas.

¿Por qué esa renuencia?

Hay circunstancias particulares en cada caso, aunque tanto Brasil como México y Argentina, enviaron a un ministro o a alguien de alto nivel. El momento por el que atraviesa Chile no necesita ser explicado. Pero en general, las condiciones políticas internas llevan a que la mayoría de gobiernos miren hacia adentro.

También están las protestas en las calles. ¿Hay un hilo conductor en el hemisferio?

Lo encuentro y se lo atribuyo a la desigualdad. América Latina no es la región más pobre del mundo, pero sí la más inequitativa. En el combate contra la miseria los logros son notables, pero en nuestro caso es evidente que hay una brecha enorme entre el 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre.

¿A qué se refiere?

Hicimos un estudio que toma como base los registros tributarios y muestra que las cosas son peores de lo que creíamos. Volviendo a Chile, cuando se examinan las encuestas de hogares lo que reciben los de arriba es ocho veces de lo que obtienen los de abajo, pero cuando se miran los datos de impuestos salta a 25 veces. Algo similar pasa en Colombia o en México, para no hablar de la asimetría entre zonas rurales y urbanas.

Pero el progreso social es innegable ¿o no?

Claro. No obstante, la gente que sale de la pobreza vive con muchas limitaciones, entre otras razones porque en muchos casos hay que pagar por la educación, la salud o los medicamentos, mientras que otros servicios que provee el Estado son de mala calidad. Esa realidad estimula la insatisfacción. Adicionalmente, los más jóvenes no ven posibilidades de avanzar, porque saben que el mercado laboral está cambiando. Todo eso forma parte del caldo de cultivo de las protestas.

¿Qué proponen ustedes?

Primero, una política fiscal más activa. Encabezando la lista se encuentra la evasión fiscal que calculamos en el equivalente de más del 6 por ciento del PIB regional. Un programa de transferencias condicionadas, del estilo de Familias en Acción en Colombia, no cuesta más del 0,3 por ciento.

Las estrategias de inclusión laboral se llevan otro 0,4 por ciento. Para no extenderme más, el mensaje es que si se logra cerrar esa vena rota habría para aumentar los gastos gubernamentales en beneficio de los sectores más vulnerables, sin necesidad de subir los impuestos.

¿Hay otras fuentes de recursos?

Es obligatorio revisar el conjunto de exenciones y deducciones, que en algún momento pudieron ser justificables pero que tienden a perpetuarse en el tiempo. A eso le llamamos renuncia tributaria, que también sale muy costosa.

¿Cuál debe ser el objetivo?

Proteger la inversión. Colombia no lo ha hecho nada mal y Bolivia lo hizo muy bien durante este siglo. A lo anterior hay que sumarle una política industrial o productiva clara. Es obligatorio tener un proyecto de país, como en su momento Argentina decidió apostarle al sector agrícola.

El desafío en esos casos es aumentar el valor agregado y mejorar la productividad. Por último, no puedo pasar por alto la búsqueda de nuevos ejes de inversión en la sostenibilidad ambiental: energías renovables, movilidad.

Cuando mira a la región ¿es razonablemente optimista o razonablemente optimista?

Soy razonablemente optimista porque contamos con una gran riqueza de recursos naturales. El agua será el factor más crítico del futuro y sobre todo Suramérica la posee en abundancia. Nuestro desafío es usarla bien.

A partir de ahí podremos consolidarnos como productores de alimentos o de bosques. Un factor adicional es que podemos articularnos mejor con Estados Unidos, para que la migración sea una opción y no una obligación. Confío en que logremos diseñar una política de desarrollo regional, porque la requerimos con urgencia.


TRUMP DESCUADRÓ LA AGENDA DE DAVOS

A Donald Trump le pasó en Davos como a aquellos invitados a cenar que cuando terminan el último plato deciden hacer una larga sobremesa, mientras los dueños de casa tratan de contener el sueño. Y es que en lugar de hacer entrada por salida, como sucedió en el 2018, el inquilino de la Casa Blanca se quedó en la población suiza durante más tiempo del que los observadores pensaban.

Debido a ello, el tráfico –usualmente complicado– colapsó en más de una ocasión. Los protocolos de seguridad cada vez que salía la extensa caravana, exigían que carros y personas se detuvieran.

En el centro de convenciones, la rutina usual de paneles, discursos y citas se vio afectada porque el mandatario estadounidense se instaló del en una zona del recinto durante largas horas.

Allí se entrevistó con autoridades como la presidente de la Comisión Europea o el director de la Organización Mundial de Comercio, aunque quienes saben sostienen que lo que quería era prolongar su estadía antes de regresar a Washington, en donde comenzó el juicio en su contra.

Cuando al filo de la 1:30 de la tarde el convoy se despidió entre el ruido de las sirenas y los pitos de la policía helvética, la rutina usual retornó pronto. Quienes hablaron en la parte final de la jornada, lograron mayor atención que la de los expositores y oradores de la mañana. Dicha circunstancia sirvió para otros pudieran subir el perfil.

Una cena celebrada en el hotel Waldhuus y cuyo título era “América Latina: reformándose para el crecimiento y la inclusión” tuvo un lleno total. Los expositores incluyeron a Iván Duque, al igual que al superministro brasileño Paulo Guedes y el argentino Guillermo Nielsen –cabeza de la petrolera YPF– entre otros.

El mensaje del evento podría resumirse en que aparte de casos de éxito relativo como el de Colombia –el país de mejor desempeño en el área– otros están haciendo tareas largamente aplazadas. Ese es el caso de la reforma pensional brasileña que ha sido bien recibida por los inversionistas.

Falta ver si ese mensaje de cambio recibe un refuerzo hoy, por cuenta de la presencia de Juan Guaidó, quien arribó a Davos al filo de la medianoche. A pesar de que no estaba en el programa 10 días atrás, el dirigente será escuchado en el salón principal en donde pronunciará un discurso formal al cual le seguirán reuniones con la prensa y citas con líderes del Viejo Continente.

La expectativa de un anuncio importante es grande, pues justo el líder de la oposición cumple en Suiza el primer aniversario en el cargo que ocupa. Es posible que la esperanza sobre una solución al más grande dolor de cabeza del hemisferio vuelva a encenderse.

En el intermedio, la ONU recordó que 4,8 millones de personas han salido de Venezuela en los últimos tres años –incluyendo a medio millón de ciudadanos colombianos– y que todo apunta a que la crisis humanitaria se convierta pronto en la más grande del planeta, superando a la de Siria. Dejar atrás esa situación serviría para ratificar que América Latina avanza hacia adelante.

Ricardo Ávila Pinto
Enviado especial

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