Argentina busca replicar el éxito del ‘fracking’

Productores independientes y grandes firmas se enfocan en la formación Vaca Muerta.

Miguel Galuccio

Miguel Galuccio es el CEO del productor independiente Vista Oil & Gas.

EFE

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Portafolio
agosto 09 de 2019 - 08:30 p.m.
2019-08-09

Hace seis años, Miguel Galuccio llevó por primera vez a Chevron a Vaca Muerta en Argentina.

Hoy, como CEO del productor independiente Vista Oil & Gas, este hombre de 51 años está abriendo nuevos caminos para sus rivales y presionando a Argentina para que reproduzca el éxito del auge del esquisto estadounidense.

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El mes pasado, Vista recaudó US$100 millones en Wall Street, semanas después de convertirse en la primera compañía en exportar shale desde Vaca Muerta, considerada como la cuenca de petróleo y de gas de esquisto más prometedora fuera de EE. UU.
“Estamos liderando el camino para que Argentina tenga acceso a un nuevo tipo de dinero que es lo que creó el auge del esquisto en EE. UU.”, declaró Galuccio, el ingeniero petrolero que solía liderar YPF. Y agregó que el país tiene la ventaja de “beneficiarse permanentemente de las lecciones aprendidas en EE. UU.”

Argentina tiene un largo camino por recorrer antes de alcanzar los niveles de producción de EE. UU., los cuales alcanzaron los 12 millones de barriles por día (b/d), habiéndose más que duplicado en una década.

Sin embargo, con alrededor de 2.000 millones de barriles en reservas petroleras - además de unos 27.000 millones de barriles de recursos potenciales en Vaca Muerta -, y con la confianza de que los yacimientos de esquisto son comparables a formaciones como Eagle Ford o Bakken, el Gobierno busca duplicar la producción de petróleo de 500.000 a 1 millón de b/d y la de gas natural de 1,4 billones de pies cúbicos a 3,5 billones para 2023.

“Hay una sigilosa revolución de productividad en Vaca Muerta que pudiera determinar el rumbo de una importante explosión en la producción de hidrocarburos en los próximos cinco años”, comentó Walter Stoeppelwerth, el director de inversiones de Portfolio Personal Inversiones en Buenos Aires. Él agregó que esto pudiera “revolucionar la dinámica de la deuda, la balanza de pagos y el desempeño fiscal de Argentina”.

De hecho, Vaca Muerta es uno de los pocos puntos positivos en una economía que se vio afectada por una paralizante crisis en 2018. La producción argentina de gas de esquisto aumentó hasta en un 90% el año pasado, aunque las perspectivas de una mayor expansión de están limitadas por la falta de tuberías y de plantas de licuefacción que posibilitarían la exportación.

Mientras, la producción de esquisto, cuya alza no padece las mismas limitaciones, ha aumentado alrededor de 55% el año pasado, y se anticipa que alcance los 100.000 b/d al fin de 2019. Cualquier aumento adicional pudiera poner a Argentina en camino de rivalizar con Brasil, cuyo bombeo es cuatro veces mayor.

Los inversionistas siguen optimistas en cuanto al resultado de las elecciones presidenciales de octubre, dado un consenso entre los partidos en relación con la importancia de eliminar el déficit energético después de una serie de políticas populistas en la década de 2000 que privaron de inversiones a la industria.

David Tawil, el presidente de Maglan Capital, fondo propietario de Madalena Energy, que opera en Vaca Muerta, opinó que una mejor analogía que EE. UU. en el caso de Argentina era Colombia, un país que duplicó su producción petrolera entre 2004 y 2014. “En un período similar, es probable que Vaca Muerta triplique su producción argentina”, agregó Tawil.

La cotización de Vista en Nueva York puede marcar un punto de inflexión para las compañías en Argentina que se han mantenido al margen de los mercados desde la crisis monetaria del año pasado.

Sin embargo, el exsecretario de Energía, Jorge Lapeña, advierte contra un excesivo optimismo. “Técnicamente, puede ser factible emular el auge del esquisto estadounidense”, afirmó Lapeña, quien es presidente del Instituto Argentino de la Energía ‘General Mosconi’ (IAE), un grupo de expertos independiente sin fines de lucro. “Pero todas las condiciones no son las mismas. Puedes copiar algunas cosas, pero otras son más complicadas”, indicó.

A pesar de la presencia de grandes petroleras en Vaca Muerta como ExxonMobil, BP, Royal Dutch Shell y Total, Lapeña dijo que las principales diferencias con EE. UU. incluían restricciones financieras, falta de infraestructura y más costos de producción.
Pero las principales compañías están avanzando. Shell y Exxon han anunciado su intención de aumentar las operaciones en Vaca Muerta y, la semana pasada, ConocoPhillips compró el 45% y el 50% de las participaciones en dos bloques de Vaca Muerta operados por Wintershall. A principios de este año, el grupo alemán anunció que invertiría US$600 millones en esos bloques durante los próximos tres años.

IHS Markit pronostica que la inversión de capital en Vaca Muerta aumentará entre un 10 y un 15% interanual en la década, pasando de US$1.500 millones este año a más de US$8.000 millones en 2029.

Daniel Gerold, de G&G Energy Consultants en Buenos Aires, ha indicado que, para maximizar el potencial, es esencial implementar una reforma tributaria para permitir que Argentina compita con EE. UU., así como eliminar las restricciones a la exportación.

Pero para que Argentina atraiga a más compañías, la barrera presentada por el acceso limitado al capital - con un diminuto mercado local de capital y con numerosos inversionistas internacionales aún recelosos de Argentina - sigue siendo insuperable para muchas, particularmente para las empresas más pequeñas.

“Es difícil recaudar capital para Argentina”, indicó Tawil, señalando las altas tasas de endeudamiento corporativo. “El primer problema es Repsol; es una historia difícil de contar”, refiriéndose a la nacionalización de los activos pertenecientes a la compañía española Repsol en 2012 que traumatizó a muchos inversionistas.

Daniel Montamat, un expresidente de YPF y actual consultor, ha advertido que Argentina debe aprovechar la oportunidad de desarrollar Vaca Muerta ahora, dada la preocupación en el sector de que el mundo dependerá menos de los hidrocarburos y más de las fuentes de energía renovables durante las próximas décadas. “Tiene que hacerse antes de que sea demasiado tarde”, él comentó.

BENEDICT MANDER– FINANTIAL TIMES

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