Beethoven Herrera Valencia

Virgilio Barco por Malcolm Deas: liberal moderno y radical

Sus primeros pasos en la política se dieron en un contexto de creciente violencia partidista, fenómeno que se expandió en Norte de Santander. 

Beethoven Herrera Valencia
POR:
Beethoven Herrera Valencia
marzo 15 de 2020
2020-03-15 07:08 p. m.
https://www.portafolio.co/files/opinion_author_image/uploads/2016/02/23/56ccbf720e655.png

Virgilio Barco era la antítesis de los políticos colombianos: escasa oratoria, y reconocidas ejecutorias en la construcción de obras públicas con una gran visión de modernidad, en contraste con la tradición clientelar de nuestra dirigencia política.

Con los recursos que su padre tenía por la posesión de activos petroleros Barco pudo estudiar en el prestigioso MIT en Boston, donde fue presidente del centro de estudiantes y líder de la colonia latinoamericana. Sus profesores elogiaban su rigor académico, su escritura en inglés impecable y allí pudo formarse en una perspectiva de innovación, la cual aplicó desde el Ministerio de Obras Públicas, la Alcadía de Bogotá y la presidencia de la República. Vivir gran parte de su vida en los Estados Unidos lo protegió de la violencia, y le permitió tener distancia de las camarillas que manejaban la política en el país.

Malcolm Deas es el historiador inglés que mejor conoce la historia de Colombia y por ello esta obra hace justicia a ese mandatario, y fue realizada con el rigor histórico esperado, usando como fuentes básicas la correspondencia de Barco con su padre y esposa, las memorias de su gestión, y muy poco de las opiniones de políticos de su época.

El autor comienza reseñando el contexto familiar en el que Barco creció, enfatizando el hecho de que ser descendiente de un general le permitió heredar el prestigio del abuelo y fue un factor decisivo para que su amigo, el presidente Rafael Reyes, le diera una concesión petrolera en el Catatumbo.

El general Barco –abuelo de Virgilio– fue conservador, su padre fue una persona desinteresada de los asuntos públicos y durante toda su vida trabajó en las empresas del general.

El nieto Virgilio, por su parte, desde su juventud tuvo una definida ideología liberal con un marcado anticlericalismo. Durante sus estudios en el prestigioso MIT, Virgilio Barco se destacó como un estudiante disciplinado y riguroso. Recién terminó su formación, volvió al país e inició su carrera en el complicado mundo de lo público. La herencia de su padre y las acciones de la concesión Barco, le garantizaron fortaleza económica que le permitió independencia política y el rápido ascenso en el gobierno.

Sus primeros pasos en la política se dieron en un contexto de creciente violencia partidista, fenómeno que se expandió rápidamente en Norte de Santander. El rápido ascenso de Barco en la política local de valió varias amenazas y se vio forzado a refugiarse en Bogotá.

Al inicio del Frente Nacional, Barco fue ministro de Obras Públicas de Lleras Camargo y desarrolló un programa vial, puentes sobre el Magdalena y la desembocadura de Bocas de Ceniza, entre otras obras.

Virgilio Barco fue alcalde de Bogotá y tuvo que preparar la ciudad para la llegada del Papa Paulo VI, para lo cual apeló al factor religioso (que no era propiamente de su simpatía) para eliminar la eventual oposición de algunos partidos y construyó la Avenida 68 y Ciudad Salitre. Su paso por la alcaldía de Bogotá le dio méritos y recordación necesarios para ser presidente de la República.

Su gobierno heredó el fracasado intento de paz de Belisario Betancur y enfrentó una escalada militar de guerrillas, paramilitares y el cartel de Medellín: durante su mandato ocurrieron magnicidios como el de su ministro de Justicia, Lara Bonilla; de los candidatos presidenciales Pizarro, Galán y Pardo Leal, y se inició el exterminio de la Unión Patriótica.
Barco gobernó en medio de una tormenta, mientras la sociedad estaba dominada por el miedo, y los actores ilegales retaban al Estado a un nivel nunca antes vista, pero Virgilio Barco impidió el derrumbe del Estado y ese es su gran aporte, sin preocuparse de su popularidad o su elocuencia. Así, prefirió hundir una reforma constitucional antes de permtir que los narcotraficantes de ese momento le incluyeran la prohibición de la extradición.

En contravía de la persistencia a formar gobiernos compartidos entre los dos partidos tradicionales, Barco le apostó a gobernar con su partido liberal que había derrotado ampliamente a Álvaro Gómez y a pesar de los fracasos del proceso de paz iniciado por Belisario Betancur, Barco mantuvo el proceso y logró el desarme del M-19 y de otros grupos guerilleros minoritarios, garantizar su vinculación al sistema político y por esa vía llegaron sus dirigentes a ocupar altos cargos en el Estado.

Igual mérito reviste el hecho de haber apoyado la iniciativa de la reforma de la Constitución centralista, confesional y excluyente de 1886 redactada por Núñez y Caro; y pese a los intentos fallidos de Alfonso López Michelsen y Julio César Turbay, Virgilio Barco dejó sentadas las bases de la convocatoria de la Asamblea Constituyente de 1991 en la cual los exguerrilleros del M-19 junto a liberales y conservadores llegaron a un acuerdo que aún persiste. Los gestores de ese acuerdo se adelantaron un cuarto de siglo al acuerdo de las Farc con el gobierno de Juan Manuel Santos.

Malcolm Deas ubica a Virgilio Barco lejos de ser un personaje lleno de misticismo y grandilocuencia, y sostiene en cambio que representa el ejercicio del poder sin basar la autoridad en la figura de una persona.

La conclusión del autor es que sería injusto atribuir la larga y fructífera vida política de Barco a su riqueza económica, pues ello olvida su opción nítida por el desarrollo económico, la paz social y la modernidad política.

Recomendados

  • ECONOMIA
  • NEGOCIOS
  • MIS FINANZAS
  • OPINIÓN

Nuestros columnistas

día a día
Lunes
martes
Miércoles
jueves
viernes