Bienvenidas ‘app’, ...con legalidad

Los empleados deben tener criterios iguales en salario, prestaciones y seguridad social, con o sin app.

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Algunas apps, con muchas cualidades, transgreden claras normativas arraigadas de larga data en las leyes en Colombia.

Archivo particular

POR:
Louis Kleyn
julio 26 de 2020 - 08:00 p. m.
2020-07-26

Las empresas que tienen en su corazón una app son presentadas benevolentemente por medios de comunicación, reguladores e incluso legisladores y políticos.

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Es innegable que una app bien concebida es una herramienta poderosa y que muchas de ellas han planteado una nueva forma de forjar un determinado servicio o hasta un bien y de revolucionar la relación vendedor-comprador o proveedor-consumidor. El elemento innovador es muy bienvenido y merece ser estimulado para el aumento del bienestar social general.

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Sin embargo, algunas apps, con muchas cualidades, transgreden claras normativas arraigadas de larga data en las leyes en Colombia. En muchos casos preocupa que el éxito de la app esté basado principalmente en su capacidad de saltarse la ley y por lo tanto, generar una ventaja competitiva contra los participantes ya existentes, “tradicionales”, quienes ya proporcionan el mismo servicio o bien, solo que sin la utilización de una app.

(Lea: Uber sacude el mercado de domicilios a través de un nuevo servicio)

Una de las principales virtudes de estas apps es que facilitan la “trampa”. Dicho de otra forma, estas categorías de apps permiten un arbitraje legal, similar a lo que ocurre cuando se transa un bien entre mercados separados y en principio desconectados, con formaciones de precio independientes.

El bien o servicio que se entrega al final es idéntico, con o sin app, pero la normativa que regula a cada uno es diferente, reflejada en un costo más bajo para el entregado a través de la app, en consecuencia con precios más bajos, una cuota de mercado creciente, todo gracias a la diferencia en el régimen legal.

Dentro de este tipo de apps se encuentran las empresas de mensajería que cuentan con grandes flotas de domiciliarios. La app centraliza la información y optimiza el reparto para realizar la entrega (quien, que, cuanto, donde).

Es un negocio intensivo en personal, con literalmente cientos de miles de entregas individuales diariamente, las cuales requieren un ejército de trabajadores. Sin embargo, los servicios de domicilios organizados a través de una app dan un trato laboral diferente a sus repartidores.

Estos no son considerados empleados y, a diferencia de la mensajería tradicional, son remunerados como minicontratistas, sin sueldo mínimo, prestaciones ni seguridad social. Esta es una gran reducción de costos con respecto al acostumbrado de mensajeros, meseros y dependientes en restaurantes y almacenes.

La reglamentación laboral colombiana, históricamente tan estricta, es ahora laxa frente a este fenómeno. Muchos negocios intensivos en mano de obra han desaparecido bajo el peso abrumador de los altos costos del Código Laboral. Se considera que esta protección a los trabajadores es uno de los grandes logros del desarrollo nacional.

¿Por qué ahora se ignora este marco legal? ¿Está descrestado Colombia porque supone que una app es un “salto tecnológico” en sí mismo, más importante que el bienestar de los trabajadores? De pronto, dados estos modelos de app, se llega a la conclusión que llegó la hora de liberalizar el mercado laboral para modernizar la economía y estimular el empleo.

La discusión debe darse. Mientras tanto, no podemos sacrificar la equidad y la legalidad. Es imperativo que todos los empleados estén sujetos a los mismos parámetros en cuanto a sueldos, prestaciones y seguridad social, con o sin app.

LOUIS KLEYN

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