‘Bogotá debería tener 266 km más de vías para transporte masivo’

Felipe Ramírez, subgerente técnico de TransMilenio, explica que esto se destinaría a la movilidad de su sistema y, además, del metro.

Felipe Ramírez

Según Felipe Ramírez, subgerente técnico de TransMilenio, mantener el sistema le cuesta a la ciudad aproximadamente $50.000 millones al año, mientras que el SITP, $600.000 millones.

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octubre 09 de 2019 - 10:00 p.m.
2019-10-09

Pese a que la congestión en TransMilenio es evidente todos los días, la empresa que administra el sistema dice que no se puede mejorar el servicio hasta que la ciudad crezca en infraestructura.

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Según Felipe Ramírez, subgerente técnico del sistema, hoy existen 114 kilómetros de vías troncales, mientras que hace 19 años las proyecciones apuntaban que, para estas fechas, debía haber 380 kilómetros.

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Con la entrada de la nueva flota, ¿se aumenta la capacidad del sistema?
Según el plan, se van a reemplazar 1.163 buses antiguos en 2020, que son 1.153 articulados y 10 biarticulados. Nuevos, entrarán 1.441 buses, de los cuales 964 son biarticulados y 477 son articulados.

Entonces, salen menos buses de los que entran y los nuevos son más grandes. Eso lo que hace es que, al final de la implementación, vamos a tener 41% más espacio en la flota.

¿Cuál es la demanda de pasajeros actual y la previsión para 2020?

Hoy se están moviendo 2,5 millones de personas al día, que es casi como mover a toda Barranquilla, y creemos que al cierre del año se habrían transportado alrededor de 4% más pasajeros que el año pasado; para el 2020 el comportamiento podría ser parecido. Pero esos calculos se hacen solo contando la gente que paga, porque tenemos una evasión de casi el 15%.

Entonces ahí hay una caída en la demanda y no necesariamente un crecimiento, a pesar de que se vea que los buses van llenos.

En general el transporte público siempre debe luchar con tratar de mantener su demanda para que sea sostenible. Sin embargo, pese a que durante los tres últimos años se había experimentado una perdida en las compras, de aproximadamente 4% cada año, en los últimos meses hemos visto un cambio que apunta a un incremento.

¿Eso a qué se lo atribuyen?

Primero, a la cultura ciudadana; las personas han empezado a respetar un poco más el sistema. Segundo a que hemos hecho un esfuerzo gigante en reestructurar las rutas. Y tercero, porque creemos que la nueva flota ha generado otro sentimiento en la gente, como de apropiación, que hace que vuelvan a usar este transporte.

Por ejemplo, desde hace una semana venimos cambiando la flota de cinco rutas, pasando de articulados a biarticulados. En la práctica eso significa que se pasó de buses con 160 cupos a 260 cupos, manteniendo el mismo número de frecuencias.

¿Eso en qué proporción aliviaría la congestión?

Es muy difícil calcular un número, sabemos que podemos mejorar el servicio porque hay un aumento del espacio. Pero hay cosas en transporte que siguen siendo una bola mágica y es saber qué tanto atrae eso a nuevas personas, porque puede que haya gente que use el sistema para conocer lo nuevo y luego ya no lo use más.

Entonces saber cuál va a ser el comportamiento de las rutas es muy difícil, pero lo que estamos haciendo es un seguimiento súper detallado para ver cómo se está moviendo la demanda para evaluar cuáles son los ajustes necesarios.

Ahora, estamos seguros de que todos los cambios que vamos a hacer van a tener un impacto importante, pero se van a sentir más el otro año.

Sin embargo, es clave entender que el cambio realmente importante está en la infraestructura. Entonces, mientras nos hemos quedado en una conversación eterna política sobre si los proyectos van o no van, la ciudad no creció en infraestructura y, por eso, hay tanta congestión en todas partes.

Hoy tenemos 114 kilómetros de troncales construidas, cuando las proyecciones para este año que se dieron desde el 2000, cuando inició TransMilenio, decía que teníamos que tener 380 kilómetros de transporte masivo para estas fechas, que no están.

Eso no solo incluye a TransMilenio, sino a todo lo que puede ser transporte masivo, como el metro. Pero por esa misma razón, sabemos que se tiene que construir lo que sea necesario y viable, como las troncales alimentadoras, la troncal por la 68, la Cali, la Boyacá, la séptima, las fases 2 y 3 de Soacha y el tramo que falta de la Avenida las Américas para conectarse con la NQS, porque hoy no hay manera de mejorar el servicio sino crecemos en infraestructura.

Y si todo eso se hiciera, en el 2025, ¿se cubriría la demanda?

A ese momento se habría aumentado la cobertura pero, aunque mejoraría, no se solucionaría la congestión, pues faltaría mucho todavía. El siguiente paso sería continuar aumentando las redes de transporte masivo, como por ejemplo por la calle 63, la 13, la ALO, la calle 127 o la novena, entre otras.

¿Entonces los ciudadanos están condenados al hacinamiento?

En ningún sistema de transporte masivo la gente va a ir con espacio sobrante porque entonces no cerraría financieramente la operación. Y no digo que estemos condenados al hacinamiento, sino que hay que ser conscientes del balance entre lo que podemos pagar como ciudad y lo que podemos ofrecer.

Y lo que podemos pagar como ciudad hoy, le cuesta $650.000 millones al año. Y aunque la gente no lo sepa, de eso, unos $50.000 millones van a TransMilenio y $600.000 millones al SITP, que es una buena cifra considerando la cantidad de gente que se mueve y que en general se necesita subsidiar el transporte público para que funcione.

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