Café, el silencioso detonador de la migración a EE. UU.

La crisis golpea al sector, que aporta 5% del PIB en países de Centroamérica.

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En Guatemala el café es el segundo producto agrícola más importante y 125.000 familias dependen de él. Y en Honduras, 110.000 productores lo cultivan.

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junio 27 de 2019 - 11:48 p.m.
2019-06-27

A fines de 2018, Mario López, un productor hondureño de café, le pagó con su camioneta a un ‘coyote’ para que lo llevara a EE. UU. Junto a su hija de 12 años, abandonó su finca e inició la larga y peligrosa travesía de 35 días por México, luego que el desplome de los precios internacionales del grano evaporó sus ganancias y volvió improductivo el negocio al que dedicó su vida.

Cinco días antes de Navidad, López, de 42 años, se escabulló en EE. UU. y, desde entonces, envía dinero a su mujer y tres hijos a su pueblo en Honduras, donde reina este cultivo, la mayor exportación agrícola del país y de las más importantes de Centroamérica.

(‘Demanda global por café subirá en dos años’: Usda). 

“Mi esposo tuvo que emigrar por las deudas y porque aquí el café ya ni para la comida da”, confesó Carmen Andino en su casa en La Colonia, rodeada de tierras que lucen abandonadas por la falta de dinero para semillas, fertilizantes y mantenimiento.

Desde fines de 2014, el precio internacional del café ha caído en picada por la sobreproducción de Brasil y Vietnam. Una libra se llegó a vender en US$0,88 en abril, menos de la mitad del precio de 2014. Desde entonces se ha recuperado.

Decenas de pequeños y medianos caficultores de arábica dijeron que no les resulta rentable producir por lo que están dejando sus fincas en Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua para ir a EE. UU., engrosando el tropel de migrantes.

Las autoridades y gremios tratan de sopesar el impacto, pero los productores dijeron que el fenómeno es cada vez mayor y pone en peligro una industria que emplea a cientos de miles de personas.

(Cafeteros no pasan el trago amargo de los precios bajos del café). 

Honduras fue el año pasado el sexto productor mundial, responsable del 4,5% global. Guatemala aporta el 2,5% y más atrás figuran Nicaragua, Costa Rica y El Salvador, conocidos por sus granos de alta calidad.

UN DRAMA 

Centroamérica es responsable del 10% de la producción mundial de café arábica, de calidad muy superior a la robusta. Pero el abandono de las fincas golpeará la cosecha, afectando a una industria que aporta 5% del PIB en algunos países.

“Este año no hemos podido vender. No es rentable”, lamentó David Ramírez, en Guatemala. El caficultor confesó que tuvo que empezar a plantar maíz para pagar las cuentas.

La situación lo empujó a tomar una decisión trágica. Ramírez pagó US$2.600 a un ‘coyote’ para que llevara a su hija a EE. UU. La joven de 17 años no podía conseguir trabajo en Guatemala y viajó a reunirse con su hermana mayor. “Por la crisis no tenemos dinero, y por eso se fue, pero murió allá”, recordó Ramírez.

Varios de sus vecinos partieron en el mismo derrotero. Muchos mandaron a sus hijos y se quedaron labrando las tierras con la esperanza de una recuperación. Estas historias se repiten cada vez más en países donde los caficultores han migrado de cultivo, se han dedicado al pastoreo o acabaron vendiendo sus terrenos para desarrollos inmobiliarios.

Este éxodo amenaza con colapsar las fronteras de México y EE. UU. En mayo detuvieron a más de 132.000 inmigrantes ilegales, un récord mensual en más de una década. La mayoría de guatemaltecos deportados provenía de hogares rurales, según la Cepal. Cuatro de cada diez hondureños retornados vivía en comunidades rurales. “Lo que están perdiendo es capital humano, es un drama”, se lamentó Alicia Bárcena, jefa de la Cepal.

CRISIS HUMANITARIA

El café ha sido el motor para el desarrollo del Corredor Seco, una franja que va desde México hasta Panamá y que sufre con severidad el clima.

En Guatemala, después del banano, el café es el segundo producto agrícola más importante y 125.000 familias dependen de él. Y en Honduras, unos 110.000 productores lo cultivan.

Pero el aumento de costos ha llevado a decenas de pequeños productores a vender el grano por debajo de lo que les cuesta producirlo, aún cuando aumentaron los volúmenes en un intento de navegar los bajos precios. “La actual crisis de sostenibilidad debe abordarse antes de que se convierta en una crisis humanitaria”, dijo el Foro Mundial de Productores de Café. “La industria está arriesgando su propio futuro”.

Aunque en Honduras el Gobierno diseña un plan para financiar a caficultores, capacitarlos e instalar maquinaria nueva como secadoras, la industria creen que no es la solución porque están en peligro son las cosechas. “Esos anuncios son un poco más propagandísticos que para resolver el problema”, indicó Dagoberto Suazo, vicepresidente de la junta directiva del Instituto Hondureño del Café. “El productor necesita es fertilizar su finca y también dinero para comer”.

Para responder, las asociaciones han propuesto renovar el cultivo, porque casi la mitad del área de la región tiene más de 25 años, y acortar la cadena de producción. Además, piden apoyo para invertir en investigación en busca de variedades más productivas y resistentes a plagas.

Aún si lograran concretar sus propuestas, hay factores sociales que seguirán golpeando a la industria. “Hay un tema de relevo generacional”, dijo Luisa Fernanda Correa, gerente de Anacafé, de los productores de Guatemala. “Los hijos, si ven que los papás no logran surgir, es un negocio que no les interesa y prefieren buscar trabajo en otras industrias”.

Reuters

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