Choques externos, deuda pública y crecimiento

Dada la situación actual de la economía un choque externo podría poner en riesgo la sostenibilidad de la deuda pública como la recuperación del 2018.

Petróleo

Una de las mayores fuentes de incertidumbre ha sido la inestabilidad de las materias primas, en particular del petróleo, que tanto impacta al país.

Reuters

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Portafolio
enero 02 de 2019 - 09:00 p.m.
2019-01-02

En el año que terminó comprobamos que la incertidumbre económica a nivel global llegó para quedarse por un largo tiempo.

(Lea: Señales que indican un mejor panorama económico para el país este año)

Los fenómenos que despiertan más inquietud sobre la salud futura de la economía mundial son la alta volatilidad de los mercados financieros, las reiteradas disputas comerciales entre las grandes potencias, la inestabilidad en los precios de las materias primas, los desequilibrios macro-financieros en China y los temores de una desaceleración marcada en el crecimiento, en particular en EE.UU.

(Lea: Colombia volvió a mostrar señales de recuperación)

Lo anterior es relevante porque en una economía pequeña y abierta, como es la colombiana, los choques externos son uno de los factores que más altera el ciclo productivo y el desempeño de los activos financieros.

A pesar de esta importancia, es imposible anticipar cuál será el próximo acontecimiento mundial que tendrá la intensidad suficiente para alterar el rumbo de nuestra economía. Lo que podemos advertir es que en el entorno convulsionado que hemos descrito un evento de esta naturaleza podría estar a la vuelta de la esquina.

Así las cosas, ahora es un momento oportuno para preguntarse sobre del estado de forma que exhibe el país para afrontar una situación de este tipo.

Si nos remitimos al pasado reciente, la respuesta sería alentadora. En efecto, la caída de los precios del petróleo entre 2014 y 2016 es uno de los choques más fuertes que ha vivido la economía colombiana en su historia moderna.

Gracias a un marco macroeconómico robusto, soportado en la política de inflación objetivo, la flotación cambiaria, la estabilidad financiera y la regla fiscal, el país absorbió este choque sin entrar en recesión, al tiempo que evitó una crisis externa y logró que la inflación regresara con rapidez al rango meta.

Pese a que ha sido reconocida como un referente en el manejo de choques exógenos en países emergentes, esta experiencia dejó algunas cicatrices que ponen a Colombia en una situación comprometida de cara a los choques venideros.

La más apremiante de estas cicatrices es la acumulación de deuda pública. La reducción de la renta petrolera y la depreciación del peso que tuvieron lugar a raíz del desplome en la cotización del crudo llevaron a que el saldo de la deuda del Gobierno Nacional creciera hasta un poco más del 50% del PIB en 2015, su máximo registro histórico.

A pesar de la corrección que se ha visto en este indicador desde ese momento (el FMI proyecta que para este año se ubicará en 48,7%), tal disminución resulta insuficiente.

De hecho, Colombia presenta en este momento un stock de deuda a cargo de la administración central muy superior a la mediana de los demás emisores soberanos con calificación BBB, cuyo valor está en torno al 40% del PIB. La métrica de nuestro país es incluso mayor que la medida central de las naciones que tienen calificación BB (47,9% del PIB).

Además, la evolución del endeudamiento a lo largo de los últimos años ha puesto de manifiesto una brecha cada vez más amplia entre la visión que tenían las autoridades y lo que en realidad ha ocurrido.

Por ejemplo, en el Marco Fiscal de Mediano Plazo de 2014, que se publicó justo antes de que los precios del petróleo empezaran a desplomarse, se proyectaba un descenso paulatino de la deuda del Gobierno Nacional, de modo que para 2018 estaría por debajo del 35% del PIB. Esto quiere decir que el endeudamiento hoy supera en casi 14 puntos del PIB al valor que se pronosticó hace apenas 4 años.

Aparte del efecto de la devaluación, esta divergencia se explica porque desde 2013 el balance efectivo del Gobierno Nacional ha sido más deficitario que el estructural, por cuenta de la existencia de un componente de déficit cíclico.

Este ha permitido suavizar el ajuste fiscal y limitar sus efectos adversos sobre la actividad productiva. Pero el costo de dicha gradualidad es que la deuda llegó a unos registros mucho mayores a los que se apuntaban cuando se formuló la regla fiscal.

De otro lado, es necesario agregar que la deuda pública medida como proporción del PIB también se ha mantenido en niveles elevados por cuenta del lento crecimiento económico.

El fin del auge minero-energético no solo desencadenó una desaceleración cíclica que apenas ha empezado a revertirse en el último año. Por cuenta de un menor ritmo de acumulación de capital, lo anterior también generó una reducción en el crecimiento potencial a una tasa que hoy en día no supera el 3,5%.


En suma, dada la situación actual de nuestra economía un choque externo de gran magnitud podría poner en riesgo tanto la sostenibilidad de la deuda pública como la recuperación incipiente que hemos experimentado durante 2018.

Ante tal perspectiva, se requieren acciones decididas para profundizar la consolidación fiscal, así como para promover el crecimiento en el corto y el mediano plazo. Este debería ser el principal propósito de Colombia en materia económica para 2019.


Juan Pablo Espinosa
Director de Investigaciones Económicas
Grupo Bancolombia

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