Desigualdad: este es el momento de repartir la riqueza

Un nuevo libro dice que es una elección de las sociedades, no una inevitabilidad.

Desigualdad

Piketty plantea una nueva agenda redistribucionista en cuanto a impuestos y gasto.

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Portafolio
septiembre 27 de 2019 - 07:38 p.m.
2019-09-27

“Capital and Ideology" (Capital e ideología), un nuevo libro del economista francés Thomas Piketty, no aparecerá en la traducción al inglés hasta marzo. Pero pude darle un vistazo previo al entrar a mi librería parisina y pagar €25 por la edición en francés.

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Conclusión: el tomo de 1.200 páginas pudiera ser aún más políticamente influyente que la visión de la desigualdad de 2013 del economista presentada en “El capital en el siglo XXI”.

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En parte debido a ese libro, la desigualdad se ha disparado al tope de la agenda de la izquierda, especialmente en dos países que son particularmente desiguales: EE.UU. y Reino Unido.

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Elizabeth Warren ahora tiene la oportunidad de convertirse en la presidenta estadounidense más redistribuidora desde Franklin D. Roosevelt, mientras que un líder laborista elegible post-Corbyn pudiera lograr algo similar en Reino Unido.

Piketty ha explicado por qué este pudiera ser el momento para que ocurra un giro hacia la igualdad, y qué políticas pudieran hacer que eso suceda. Su premisa es que la desigualdad es una elección determinada por la política.

Es algo que las sociedades eligen, no un resultado inevitable de la tecnología y de la globalización. Mientras que Karl Marx veía la historia como una lucha de clases, Piketty la ve como una batalla de ideologías.

El autor ha indicado que cada sociedad desigual crea una ideología para justificarla. Eso permite que los ricos duerman cómodamente dentro de sus casas mientras los indigentes se congelan a la intemperie.

En su extremadamente ambiciosa historia de la desigualdad -que abarca desde la India antigua hasta el EE.UU. de hoy-, Piketty ha relatado las justificaciones que se repiten en el tiempo: “Las personas ricas merecen su riqueza”. “La riqueza goteará”. “Los ricos dan de vuelta a través de la filantropía”.

“La propiedad representa libertad”. “Los pobres no son merecedores”. “Una vez que se comienza a redistribuir la riqueza, no sabremos dónde detenernos y habrá caos”. “El comunismo fracasó”.

“El dinero irá a las personas de raza negra” (un argumento que, según Piketty, explica por qué la desigualdad sigue siendo más alta en países con divisiones raciales históricas como Brasil, Sudáfrica y EE.UU).

Otra justificación común, que no menciona, es que “los impuestos altos son punitivos”, como si el problema principal fuera la supuesta psicología detrás de la redistribución en lugar de sus efectos reales.

Todas estas justificaciones se suman a lo que llama la “sacralización de la propiedad”. Pero actualmente, escribió, la “narrativa proprietarista y meritocrática” se está volviendo frágil. Cada vez se comprende más que la meritocracia ha sido capturada por los ricos, los cuales inscriben a sus hijos en las mejores universidades, compran partidos políticos y ocultan su dinero de los impuestos.

Además, ha señalado Piketty, los ricos son abrumadoramente del sexo masculino y sus estilos de vida tienden a ser perjudiciales para el medioambiente. Donald Trump -un heredero sexista que niega la existencia del cambio climático que fue elegido presidente sin publicar sus declaraciones de impuestos- encarna el problema.

De hecho, el apoyo a la redistribución está creciendo incluso más rápido de lo que Piketty ha determinado, en especial en EE.UU. Según un sondeo del HuffPost/YouGov, más del doble de los estadounidenses ahora sienten más desconfianza que admiración por los multimillonarios. Los millennials sienten particular desconfianza del éxito.

Más adultos estadounidenses menores de 30 años han indicado que creen más en el “socialismo” que en el “capitalismo”, según lo reportado por los encuestadores de Gallup.

Esta generación posee poca propiedad para sacralizarla. Los partidos de centroderecha en el Occidente han adoptado el populismo debido a que su historia de bajos impuestos y de gobierno limitado ya no era popular. El populismo de derecha representa el estado de ánimo antielitista y antimeritocrático de hoy.

Sin embargo, este populismo reenfoca deliberadamente el debate de la propiedad hacia lo que Piketty llama “la frontera”. Eso deja una brecha en el mercado político para las ideas redistribucionistas. Actualmente nos encontramos en una coyuntura muy parecida a la de 1900, cuando la extrema desigualdad ayudó a lanzar partidos socialdemócratas y comunistas.

Piketty presenta una nueva agenda redistribucionista. Clama por la “justicia educativa”, lo cual significa, esencialmente, gastar la misma cantidad en la educación de cada persona.

Él está a favor de darles a los trabajadores mayor voz y voto en cuanto a cómo se administran sus compañías. Pero su principal propuesta es la de los impuestos al patrimonio.

Lejos de abolir la propiedad, quiere extenderla a la mitad inferior de la población que, incluso en los países ricos, nunca ha poseído mucho. Para hacerlo, ha explicado, se requiere redefinir la propiedad privada como “temporal” y limitada: puedes disfrutarla durante tu vida, en cantidades moderadas.

Piketty ha propuesto impuestos sobre la riqueza del 90% para los multimillonarios. A partir de los ingresos, un país como Francia pudiera otorgarle a cada ciudadano un fondo fiduciario por valor de alrededor de €120.000 a los 25 años.

Warren (asesorada por economistas que trabajan con Piketty) está proponiendo impuestos anuales del 2% a las fortunas de los hogares de más de US$50 millones, y del 3% a los multimillonarios. Ha proyectado que afectaría a 75.000 hogares y generaría ingresos de US$2,75 billones en 10 años. Sondeos indican que a la mayoría de los estadounidenses les gusta la idea.

Paradójicamente, el EE.UU. plutocrático tal vez represente el terreno ideal para un impuesto sobre el patrimonio. Mark Stabile, un economista de Insead, ha señalado que, en primer lugar, los estadounidenses adinerados actualmente tienen tanta riqueza que incluso si Warren capturara sólo una pequeña proporción, pudiera sumar una cantidad considerable.

En segundo lugar, los estadounidenses pagan impuestos basados en sus pasaportes, por lo cual trasladar riqueza al extranjero no los salvará. (Warren aplicaría significativos impuestos de salida a cualquiera que renunciara a la ciudadanía). Por último, gracias a SwissLeaks y a los papeles de Panamá, hemos aprendido mucho sobre cómo los ricos esconden dinero.

Los defensores de la desigualdad propondrán las justificaciones habituales. Sin embargo, en este momento, los redistribucionistas tienen su mejor oportunidad.


Simon Kuper

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