‘El Banco Agrario empezó a mejorar sus principales indicadores’

El presidente de la entidad, Francisco José Mejía Sendoya, destaca los resultados del plan de austeridad y la racionalización de los gastos.

Francisco Mejía Sendoya

Francisco Mejía Sendoya, presidente del Banco Agrario de Colombia.

Foto Cortesía del Banco Agrario / David Guerrero.

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enero 13 de 2019 - 07:49 p.m.
2019-01-13

El mejor regalo que el Banco Agrario de Colombia puede recibir este año, cuando celebra sus primeros 20 años de operaciones, es que goce de buena salud y sea reconocido como el gran aliado en el financiamiento del campo colombiano.

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En efecto, dos décadas al servicio de los productores rurales han sido suficientes para catapultar a la única entidad financiera estatal de primer piso, como el dispensador de crédito, por excelencia, destinado a la actividad rural del país.

Es más, el responsable de la celebración en estas condiciones es su presidente, Francisco José Mejía Sendoya, un ingeniero agrónomo ibaguereño, egresado de la Universidad del Tolima, con un MBA y un máster en finanzas de Louisiana State University. El funcionario no duda en señalar que la mejoría en los indicadores del Banco, registrada al cierre del 2018 y en el inicio del 2019, permite calificarlo como un caso de éxito.

Las primeras cifras así lo confirman. Por ejemplo, los desembolsos han venido creciendo. Entre enero y septiembre del 2018 los recursos girados a productores en banca agropecuaria registraron una caída de 11%, frente al igual periodo del 2017, en tanto que los de la banca empresarial registraba una reducción del 8%. En ambos casos, las cifras del último trimestre fueron positivas. Así mismo, los gastos crecían al 15%, y esa tendencia se frenó.

“En vista de esto diseñamos un plan de recuperación basado en una estrategia que incluye tres fases: una de estabilización, otra de reparación y una tercera de crecimiento”, señala Mejía.

Explica que la fase de estabilización se basó en un plan de choque para frenar la tendencia negativa de varios de los indicadores.

En la segunda fase se diseñaron cambios de fondo, especialmente en la cultura del Banco, los procesos y la infraestructura. “Una vez estabilizada la entidad y tras la toma de correctivos, esperamos entrar en una fase de crecimiento sólido, es decir, la tercera etapa de la estrategia”.

En opinión del presidente del Banco, en el centro de la estrategia se ubica el cambio de la cultura de sus funcionarios, orientada hacia el desempeño y los resultados. Agrega que este es un banco público que debe ser manejado con estándares de gerencia de empresa privada.

“La nueva cultura la empezamos a arraigar desde el primer día de mi llegada, y tiene como objetivo impedir la injerencia indebida del clientelismo y la política en las entidades del Estado, como lo ha señalado el presidente Iván Duque”.

Bajo estas condiciones, los funcionarios fueron notificados de que la única forma de lograr una promoción es mostrando resultados. “Todas las contrataciones externas que se han hecho corresponden a procesos de selecciones hechas por firmas de cazatalentos”, afirma Mejía, quien agrega que esto ha sido clave para lograr los resultados de la fase de estabilización.

El presidente del Banco Agrario señala que otro factor clave ha sido la instrucción respecto a la cultura de racionalización de los gastos de la entidad. “Lanzamos un plan que se llama ‘Ahorrando Ando’, que compartimos en toda la organización, para lograr un ahorro inteligente, en todo los sentidos”.

El resultado en este aspecto indica que, mientras en el primer semestre del año pasado los gastos generales fueron superiores en $14.000 millones, frente a igual periodo del 2017, en el segundo semestre del 2018 el banco ahorró $13.332 millones. Otra cifra que arroja la estrategia es el crecimiento de los desembolsos de crédito, que venían cayendo entre enero y septiembre, mientras que en el último trimestre hubo un aumento del 14% en banca agropecuaria, es decir, $650.000 millones más, y en banca empresarial el crecimiento fue de 28%, equivalente a un billón de pesos, especialmente para la agroindustria y el financiamiento a municipios.

“Este aumento en los recursos desembolsados, donde los mayores receptores son los pequeños productores, significa hablar de progreso y desarrollo en el campo, y de generación de empleo. Miles de familias campesinas han tenido acceso a capital para poder desarrollar sus proyectos productivos”, sostiene Mejía.

QUÉ SIGUE

“Estamos avanzando en la etapa de reparación, inicialmente mediante el cierre de la brecha tecnológica. Tenemos un portal y una app transaccional. En noviembre pasado relanzamos Moviagro, un programa que consiste en hacer que los asesores comerciales del banco vayan a las fincas a diligenciar créditos con los campesinos, a través de una tableta que recolecta la información y realiza un preaprobado”.

Mejía dice que están avanzando en el diseño de un programa para agregarle a la tableta los flujos de caja de los productores, para generar un pagaré digital, y evitarle al campesino la necesidad de ir a la oficina a firmar documentos, sino que lo puede hacer en la propia finca.

El Banco también ha ganado terreno en crédito empresarial, especialmente para la agroindustria, y en la banca de comercio exterior. “En los últimos meses hemos logrado colocar US$17 millones para financiar importaciones de la agroindustria y avanzamos en el financiamiento en dólares de empresas que procesan materias primas agropecuarias”.
Finalmente, el Banco diseñó una estrategia para reducir el nivel de cartera vendida que hoy supera el 7%. “Este es un proceso que toma tiempo, pero que arrojará resultados positivos”.

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