El futuro migratorio no es latino, sino asiático

Han emigrado más a EE. UU. desde Asia que desde América Latina cada año desde 2010. 

Asiaticos

3.145 Kilómetros es la extensión que tiene la frontera entre Estados Unidos y México, la cual Trump quiere cerrar con el muro.

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diciembre 21 de 2018 - 08:20 p.m.
2018-12-21

Mientras Estados Unidos comparta una frontera con una nación mucho más pobre, algunos soñarán con un muro. Esta idea se estableció antes de que Donald Trump llegara a ser presidente.

En los matorrales en el sur y suroeste de EE. UU., ya existen vallas que protegen cientos de kilómetros de la frontera. Trump necesita fondos de un Congreso reacio para completar el resto (la frontera mide 3.145 km). Quizás lo logrará o quizá los legisladores se lo nieguen. De cualquier manera, él puede construir sobre una estructura que lo precede.

La política definitoria del Presidente no amerita la conmoción que ha provocado. Sí, hay algo novedoso en la repugnancia de su retórica antiinmigrante. Los excesos de la aplicación de la ley en la frontera también parecen ser peores bajo su mandato. Pero una barrera física contra México no es nada nuevo. En un Washington más funcional, los demócratas podrían incluso apoyar su finalización a cambio de mejores condiciones para los indocumentados.

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El problema que causa el muro es intelectual: distrae del verdadero futuro demográfico del país. El ambiente de acritud actual no te llevaría a pensar que más personas han emigrado a EE. UU. desde Asia que desde América Latina cada año desde 2010. O que, durante ese período, dos de los cuatro países con la mayor inmigración neta son China e India.

Durante el mismo período, el país ha aceptado a más refugiados de Asia que de Europa, América Latina y África combinados. Y se proyecta que a mediados de siglo los asiáticos formarán el mayor porcentaje de la población inmigrante de EE. UU.

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Las proyecciones siempre son vulnerables a los eventos, por supuesto. Los controles fronterizos han reducido el número de inmigrantes provenientes de América Latina, al igual que el enriquecimiento gradual y la estabilización de México. Estos desarrollos son eminentemente reversibles.

Pero la evidencia recopilada por los investigadores de Pew y Brookings, es inconfundible. Después de décadas de neuralgias sobre la ‘latinización’ de EE. UU., el futuro del país parece depender, al menos de igual manera, de los asiáticos: sus hábitos de voto, su cultura, sus relaciones. El muro, a menos que se construya alrededor de los aeropuertos a una altura de 12.000 metros verticales, no es un factor en su llegada.

En su último libro, ¿Quiénes somos?, publicado en 2004, el científico político Samuel Huntington imaginó la división de EE. UU. en ‘dos pueblos’: uno anglófono, uno de habla hispana, donde sus idiomas reflejarían las disparidades en la cultura subyacente.

Dejando a un lado su audaz premisa de coherencia dentro de estos grupos, muchos estadounidenses tienen el mismo temor. Una solución popular, como intuyó Trump en 2016, es un gran recorte en la inmigración latinoamericana. Pero es posible que, incluso sin esa medida, la llegada de los asiáticos haga una diferencia positiva. Aunque sólo lograran complicar la imagen demográfica convirtiéndola en algo parecido a un mosaico, tal vez eso eliminaría la visión de Huntington de una nación bifurcada.

El hecho de que los asiáticos sean cada vez más diversos es importante. No representan la concentración de un solo idioma que no es el inglés, como lo hicieron los alemanes en el siglo XIX y los latinoamericanos.
Actualmente, un ‘asiático’ bien podría referirse a indios o paquistanís.

El registro histórico sugiere que los estadounidenses sólo soportarán una población nacida en el extranjero de hasta 15%, pero no más, independientemente de su composición étnica.

EE. UU. se está acercando a ese nivel por primera vez en un siglo. Efectivamente, algunos votantes prefieren un país menos diverso y unos pocos un país homogéneo. Pero tal vez muchos más podrían desear evitar el escenario de Huntington de enormes concentraciones culturales. Si es así, las tendencias actuales son una razón para ser optimistas.

Lo cual no implica que debemos idealizar a estos recién llegados como una ‘minoría modelo’. Los conservadores bien intencionados a veces representan a todos los asiáticos como personas que ahorran, que trabajan duro y que tienen valores familiares. Cuando un grupo de estudiantes acusó a la Universidad de Harvard de discriminar a solicitantes asiáticos ayudando a competidores negros y latinos, el departamento de justicia de Trump presentó una declaración en apoyo. Pero los votantes asiáticos votaron por los demócratas en las elecciones de medio término.

Tales son los malentendidos sobre esta compleja porción del electorado estadounidense. Comprender a este grupo seguirá siendo un desafío mucho después del ajetreo del siglo XX acerca de la frontera sur. Tal vez para ese entonces el muro de Trump no se considerará sabio ni malvado, sino más bien sin importancia.

Janan Ganesh

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