‘El humanismo importa’: libro de 72 columnas de Duque en Portafolio

En el prólogo, el Presidente hace un resumen de sus reflexiones sobre las coyunturas sociales, económicas y culturales en el país en la última década.

Libro

Autor: Iván Duque Márquez Editorial: Planeta

Cortesía

POR:
Portafolio
enero 21 de 2020 - 10:00 p.m.
2020-01-21

En la transformación digital “no podemos olvidarnos de lo irreemplazable: lo humano”. El planteamiento es hecho por el presidente Iván Duque en el prólogo de su libro ‘El humanismo importa’, que reúne una serie de columnas que el mandatario publicó en el diario de economía y negocios Portafolio, entre 2009 y 2013, cuando su camino hacia la Presidencia apenas estaba despuntando.

Aunque se creería que Duque solo se refiere a temas políticos, económicos o de aspectos propios de la administración pública, la realidad es que esta vez escribió, entre otros, sobre cultura, tecnología, tendencias económicas globales e innovación. A continuación, se publica el prólogo del nuevo libro del Jefe de Estado.

“El 7 de mayo de 2019, mientras preparaba mis notas para el homenaje que le rendimos desde la Casa de Nariño a Álvaro Gómez Hurtado, recordé dentro de las enseñanzas que me dejó que el humanismo es fundamental para el progreso. Y en medio de esta reflexión, recordé que el humanismo es tener la capacidad de saber ocupar los zapatos del prójimo y, por esta razón dentro de muchas, el humanismo importa.

Este libro es una selección de columnas publicadas entre 2009 y 2013, cuando el camino hacia la Presidencia apenas estaba despuntando. Estos escritos, impresos en papel periódico, surgieron a partir de momentos de reflexión sobre coyunturas sociales, económicas y culturales de esos años, así como de mis convicciones y mi visión sobre la sociedad.

Quizá sorprenda a algunos, pero esta variada serie de reflexiones no abordan temas políticos colombianos. En los años que escribí las columnas que ustedes, apreciados lectores, van a leer, encontré en la cultura, la tecnología, las tendencias económicas globales y la innovación, una copiosa fuente de ideas y propuestas de política pública que hoy tengo la fortuna de hacer realidad.

Tienen en sus manos mis primeros abordajes y algunos conceptos iniciales sobre las agendas públicas que hoy implementamos en Colombia.

Entre 2009 y 2013, estos espacios periodísticos se convirtieron en una privilegiada tribuna desde la cual di a conocer mis ideas sobre la Economía Naranja y pude avanzar en su conceptualización. También sirvieron para que, poco a poco, el papel transformador de la cultura en la economía dejara de ser un debate exclusivo de expertos para entrar en una discusión más pública.

Y a su vez, esta compilación de columnas tiene un hilo común: la importancia del humanismo en la cultura de un país, en la vida política de una nación, en la defensa de la democracia, de la verdad y de las libertades, en la reflexión sobre la economía y las transformaciones tecnológicas.

En la década que ha pasado desde que escribí la primera columna de esta compilación, la urgencia de introducir el humanismo en el debate público sobre economía, cultura, política social y tecnología, se ha hecho más evidente.

Las drásticas transformaciones en la manera como aprendemos, como nos comunicamos, como nos preparamos para ganarnos la vida, como elegimos nuestros gobernantes, empujan todas a un mismo lugar. Si no ponemos al ser humano en el centro de cada uno de esos debates, no llegaremos al máximo del potencial del cambio social. Es decir, el principal desafío humanista hoy es tener la capacidad de ser empático con el otro.

El humanismo importa porque necesitamos ponernos en los zapatos de quienes viven las transformaciones digitales y tecnológicas. Estoy convencido de la necesidad que tenemos de preparar a la sociedad para su inmersión en la Cuarta Revolución Industrial y para que nuestra política laboral esté acorde con ella y los colombianos tengan la educación necesaria para asumirla.

A partir de ese recorrido hacia lo digital que hemos vivido en los últimos 12 años, se han revolucionado los contenidos digitales en el mundo, transformado la música, la literatura, la fotografía y, lo más importante, la forma como nos estamos comunicando.

Pero, en esta transformación no podemos olvidarnos de lo irreemplazable: lo humano. No existe emoción artificial ni creatividad artificial. No podemos solamente educar para hacer esa inmersión en la tecnología y en el uso de lo digital, tenemos que educarnos en lo digital en su conexión con el humanismo, porque es nuestra garantía hacia la innovación social.

Por eso, inauguramos en Medellín el primer Centro de la Cuarta Revolución Industrial de América Latina en un país hispanohablante y el quinto en el mundo, con el que generaremos oportunidades para las comunidades a través del conocimiento y el empleo de tecnologías como el blockchain, el internet de las cosas y la inteligencia artificial.

Así mismo, la Ley de la modernización de las TIC va a permitir que la conectividad en los lugares apartados del territorio deje de ser una ilusión y podamos continuar en esa tarea de conectar a los colombianos, porque la conectividad también es equidad, es cerrar brechas y brindar oportunidades.

Adicionalmente, esta ley permitirá que Colombia transite hacia la tecnología 5G, volviendo al país más atractivo para la inversión, además de darle a este sector la modernidad regulatoria y la estabilidad jurídica que requiere para crecer.

El humanismo importa porque debemos ser empáticos con quienes se perjudican de las transformaciones económicas. Siempre he creído en la posibilidad de cerrar brechas para tener una sociedad más equitativa y con mayores oportunidades.

Y me surge la reflexión de cómo el crecimiento económico pareciera alejarnos de lo humano, de cómo esa segmentación de la población en potenciales mercados pareciera tener una fijación dirigida exclusivamente al beneficio económico. Y esta reflexión me invita a la necesidad de incluir lo humanístico en ese desarrollo económico.

No desde un punto de vista ideológico, sino desde una visión de cómo ese crecimiento económico debe conducirnos hacia el objetivo de la equidad.

Si no usamos esa innovación, esos mercados potenciales y ese crecimiento económico para cerrar brechas, estaremos dejando perder nuestro mayor capital que no es otra cosa que nuestro sentido de lo humano y nuestra capacidad de reunir conocimientos para el beneficio de nuestra sociedad.

Aunque esta selección de columnas no toca temas de coyuntura política colombiana, es inevitable que al hablar de humanismo hablemos de democracia. ¿Qué otra forma de defender la democracia podemos tener, si no es desde nuestro sentido humano? ¿De qué otra manera podremos generar una interpretación de los sentimientos y necesidades de la sociedad si no es desde nuestros conocimientos?

La política es la que menos debe estar alejada de los valores, de los sentimientos, del conocimiento. No podemos pretender manejar la política a partir de campañas basadas en la tecnología, en las encuestas y en las proyecciones. La política, como ese gran arte ejercido desde lo humano, debe basarse en el conocimiento de la sociedad y de las necesidades de las comunidades.

Cuando sembramos ese humanismo en actividades como la política, estamos abriendo un camino a los nuevos liderazgos, a que los jóvenes se preocupen por hacer cambios generacionales que interpreten la sociedad, pero, sobre todo, los cambios sociales.

El humanismo importa porque los seres humanos necesitamos ser empáticos con lo que el Papa Francisco ha llamado nuestra casa común.

Y es ese sentido de lo humano el que se requiere para ser conscientes de que nuestra vida depende de lograr un equilibrio entre la conservación y la producción, no solo porque la biodiversidad es el patrimonio más grande que tenemos los colombianos, sino porque la construcción de ciudades sostenibles, el establecimiento de políticas como la Ley de vehículos eléctricos, que impulsamos desde mi Gobierno, y la estrategia de Economía Circular, no solo construyen equidad sino que promueven nuestros valores más humanos.

El humanismo importa porque solo desde una reflexión centrada en el ser humano podemos valorar el poder transformador de la cultura en nuestras economías contemporáneas.

Algunas de las columnas aquí seleccionadas recopilan esos primeros acercamientos al desarrollo de la Economía Naranja, que hoy protagonizamos desde el gobierno colombiano.

Ideas, conceptos y políticas públicas que pasarían del papel de los reportes y las columnas de periódicos al debate en el Congreso y de ahí a la ejecución desde el Gobierno.

Hoy, la Ley de la Economía Naranja es una realidad, creamos el Viceministerio de Creatividad y Economía Naranja, el Consejo de Economía Naranja que reúne a 7 ministerios y 5 entidades de Gobierno fue reconocido como una de las cinco mejores iniciativas de política pública del mundo en los Compass Awards, y durante mi primer año de gobierno, por medio de 21 agencias, hemos destinado más de $826.000 millones para impulsar las industrias creativas. Y de esta manera, le estamos dando a la creatividad, al conocimiento, al arte, ese sentido de humanismo que es una búsqueda constante y que está plasmado en este libro”.

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