‘El presidente Duque debe señalar cuál es su propósito de Gobierno’

El editor senior de The Economist, Michael Reid, asegura que el comienzo de la nueva administración ha sido un poco “lento y dubitativo”.

Michael Reid, editor senior de The Economist para A. Latina

Michael Reid, editor senior de The Economist para A. Latina dice que el nuevo TLC entre México, EE. UU. y Canadá es menos beneficioso para los tres.

Cortesía: CAF.

POR:
Ricardo Ávila Pinto
noviembre 13 de 2018 - 09:40 p.m.
2018-11-13

Michael Reid, editor senior de The Economist para América Latina no solo tiene claro el panorama político económico de la región, sino de Colombia.

Por eso, el economista, periodista y escritor británico habla con conocimiento de causa sobre la coyuntura nacional y analiza la situación interna.

Al referirse a los 100 días del Gobierno del presidente Iván Duque, dice que ha tenido un comienzo un poco lento y dubitativo.

“Me parece que sería muy positivo para el presidente Duque si logra comunicar a los colombianos con mayor claridad cuál es su propósito en estos cuatro años. El propósito del presidente Uribe era la seguridad democrática..., el de Santos, la paz. ¿Cuál es el propósito del presidente Duque? Estoy seguro de que a los colombianos les gustaría saber”.

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Reid habló con Portafolio.

Los vientos que soplan sobre América Latina no parecen ser los más favorables. ¿Cuál  es su percepción?

Efectivamente, es una coyuntura muy compleja porque se han combinado varias cosas. Por varios años hubo estancamiento económico, desaceleración o recesión, dependiendo de los países, combinado con escándalos muy grandes de corrupción y la percepción de que la corrupción es mayor que la realidad, y también un incremento en la delincuencia en algunas partes de la región.

Ese ha sido el trasfondo de una maratón electoral en el que la región está renovando su liderazgo en circunstancias adversas para el éxito de candidatos moderados nacionales, porque hay muchas pasiones. Hay poca credibilidad en la clase política, y una cierta búsqueda de salvadores, como en el caso de López Obrador en México, y de Bolsonaro en Brasil.

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No es la primera vez que los aires del populismo se sienten por aquí. ¿Cómo ve esa evolución?

El populismo es un gen en el cuerpo político latinoamericano. América Latina inventó el populismo urbano, el de Rusia y Estados Unidos era rural, y ¿por qué? Porque era una respuesta política a la desigualdad estructural en la región y a la urbanización sin suficiente industrialización. Entonces había unas clases populares más indefinidas, que parecían que iban a estar en revisión después del chavismo, pero lo que ha pasado en esas circunstancias adversas, es que llevaron a un colapso del centro institucional de distintos países que fue veloz y dramático. En Brasil realmente uno hubiera pensado que la lógica de la política de los últimos 30 años, indicaba que el partido de los trabajadores iba a ganar estas elecciones, pero Bolsonaro les robó la bandera del antipartidismo.

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Hay varias ‘américas latinas’ al menos en términos de desempeño económico. ¿Hay alguna esperanza en el sentido de que ese centro siga teniendo vigencia?

Evidentemente, a algunos países les va mucho mejor económicamente. República Dominicana, Panamá, Perú, Bolivia, Colombia, Chile, Uruguay, naciones pequeñas y medianas, han salido bien porque han mantenido la disciplina macroeconómica básica. El desafío estructural de aquí en adelante, como se habló en la asamblea de la CAF, aquí en Bogotá, es que en un contexto a corto plazo, por lo menos no se vea otro boom en el precio de las materias primas por un lado y, por el otro, hay una transición demográfica rápida, y mucho del crecimiento de América Latina en los primeros 15 años del siglo XXI venía de la expansión de la fuerza laboral, y ahora va a empezar a crecer más lentamente. Entonces, el desafío estructural es que para crecer hay que incrementar la productividad, y eso abarca una gama muy amplia, desde la mejora en la capacitación hasta tener economías más abiertas a la competencia doméstica e internacional, a mejor infraestructura, a la regulación laboral y a una mejor planificación de las ciudades que son muy ineficientes.

De alguna manera la región desperdició el buen momento de crecimiento con el auge de los precios de las materias primas y ahora le toca poner unas condiciones mucho más difíciles...

Ha habido un boom de consumo, pero también es verdad que la inversión extranjera se incrementó. A diferencia de algunos países, en Latinoamérica hubo otros a los que les fue mejor porque mantuvieron la disciplina macroeconómica e incrementaron las reservas, de tal forma que cuando el boom terminó y hubo presión por las monedas norteamericanas, había posibilidad de hacer políticas contracíclicas. Aquí sí porque hubo una fuerte baja del precio del petróleo y Colombia se había hecho demasiado dependiente, pero si uno mira Brasil o Argentina, por no hablar de Venezuela, obviamente no aprendieron.

¿Cómo ve la región en este contexto mundial de guerra comercial?

Hay dos aspectos, lo económico y lo político. En lo económico es muy negativo, si bien haber negociado un segundo acuerdo de libre comercio entre México Estados Unidos y Canadá, es mejor que la ausencia. El nuevo acuerdo es menos beneficioso para los tres países que el anterior. Y por otro lado, se han puesto algunas medidas arancelarias a productos brasileños. Además, el comienzo de la guerra comercial entre Estados Unidos y China está teniendo un efecto enfriador de la economía mundial y eso evidentemente continúa.

En lo político, a América Latina, como un todo, le fue bastante bien con la globalización en los últimos 30 años, y fue ese orden económico liberal el que permitió la globalización. Además, China es ahora un jugador importante y lo va a ser de forma duradera. Europa está muy lejos y muy ensimismada en el pasado.

Hasta hace poco, si un gobierno veía una amenaza de democracia en un país de la región había una reacción intranacional, ahora no estoy tan seguro de que la va a haber.

Mencionaba el tema de Venezuela ¿Cuál es su percepción?

He dejado de pronosticar porque Maduro podría caer mañana o podría hacerlo en diez años, porque ya es un dictador abierto, ha mostrado que no le importa el costo para el país, sino que le interesa el poder y tiene un aparato de seguridad que ha impedido varios complots militares en los últimos meses, además hay unos 100 generales en la cárcel. Es verdad que Venezuela tiene una cantidad absurda de presos políticos. Dicho eso, el Estado está intentando crear una segunda Cuba en un país con un Estado parcialmente fallido, penetrado por el crimen organizado y en la tierra firme de América Latina. Venezuela no es una isla, a diferencia de Cuba, y es que esa característica isleña le permitió mantenerse como colonia española por 60 o 70 años más que el resto de la región y permitió que se diera la revolución cubana. Entonces, me parece que tarde o temprano, dado que la producción petrolera sigue cayendo, va a haber un tipo de fractura, bien sea militar o cívica, dentro del país, pero es muy difícil de predecir.

Esta situación, sin lugar a duda, afecta a Colombia. ¿Cómo ve al país?

Colombia ya tiene suficientes problemas. Realmente no necesitaba uno más, y a mi me parece digno de elogio la forma en que Colombia y los colombianos han acogido a esta llegada masiva de venezolanos y esta emergencia humanitaria, pero claramente es un desafío proveer a estas personas con los servicios básicos, cuando hay que hacerlo también con todos los colombianos. Además, para que puedan tener empleo, porque Colombia se benefició mucho de una migración venezolana de clase media y media- alta en los últimos diez años, que fundaron empresas, pero ahora la gente es relativamente pobre y van a buscar trabajo asalariado, lo cual está bastante complicado. Entonces, este es un problema adicional para un país que tiene otras dificultades.

Se cumplen 100 días del Gobierno de Iván Duque. ¿Qué impresión tiene?

Es muy temprano para hablar, pero mi impresión es que no me sorprende que el presidente Duque esté obrando como un presidente moderado de centro, porque esa es la persona que es, pero se eligió por una coalición de centro-derecha, cuyo principal partido es de derecha, y la fuerza política propia del presidente Duque es relativamente limitada, al igual que su experiencia en política. Entonces, me parece que ha sido un comienzo un poco lento y dubitativo.

Me parece que sería muy positivo para el presidente Duque si logra comunicar a los colombianos con mayor claridad cuál es su propósito en estos cuatro años. El propósito del presidente Uribe era la seguridad democrática, era muy claro; el propósito del presidente Santos se convirtió en la paz, y también era muy claro. ¿Cuál es el propósito del presidente Duque? Es la pregunta ahora. Estoy seguro de que a los colombianos les gustaría saber.

¿Ve un creciente riesgo de que las cosas no salgan bien en el país o lo ve más o menos estable?

Una cosa que me impresiona es que el proceso de paz no está en crisis y el Gobierno no está en pelea en dos bandos. Sí se han hecho debates, pero al final de cuentas parece que el Gobierno está comprometido a implementarlo en estos cuatro años.

Aunque hay otros problemas, el principal debate en este momento es la reforma tributaria que es esencial, por lo menos que saca bastante de lo que está buscando el Gobierno. Me parece que el otro desafío grande es la ocupación por parte del Estado en las zonas territoriales donde los conflictos persisten con el ELN, con narcotraficantes, con mineros ilegales y con criminales en general. Estos problemas son relativamente limitados geográficamente, pero complejos. A mí me extrañó que en la última etapa del Gobierno de Juan Manuel Santos no se enviaron contingentes fuertes de seguridad, y a las fuerzas armadas a esas zonas, a acompañar a la unidad de construcción de caminos rurales, agrónomos, etc. Pero el problema está en el terreno. Yo sé que es fácil decirlo y difícil hacerlo, pero el Gobierno de Iván Duque debe mantener la estabilidad para el crecimiento de la economía.

Finalmente, su libro se llama ‘El Continente Olvidado’, ¿seguiremos siendo el continente olvidado según lo que ve?

Tal vez está un poco menos olvidado que cuando publiqué la primera edición hace 10 años, pero lo que quiero decir por olvidado es que en Europa y EE. UU. no se le da la importancia que yo pienso que merece. Creo que merece esa importancia no solo por sus recursos naturales y su potencial de alimentar al mundo, o por su riqueza cultural que es cada vez más reconocida a nivel global, pero su importancia de ser la tercera gran región democrática en el mundo, comparada con Europa, EE. UU. y Canadá, el planeta ha visto una regresión democrática en los últimos tres años.

América Latina lo ha aguantado, solo ha enfrentado dos casos de regresión democrática clara que son Venezuela y Nicaragua. Hay el riesgo de democracias iliberales hacia países con elecciones que suman la debida división de los poderes y las prácticas de la libre democracia, hay ese riesgo tanto en México como Brasil, que de hecho no es un riesgo, es una realidad. Pero pienso también que ellos deben darle importancia a las innovaciones político sociales en América Latina, porque al final de cuentas ha sido una región que está intentando hacer la democracia funcional en un contexto de mucha desigualdad y por lo tanto un nivel todavía significativo de pobreza que es un desafío grande e importante para el mundo. Pienso que para que sea menos olvidado se necesitan unos buenos años de crecimiento sostenido.

Ricardo Ávila Pinto
Director de Portafolio

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