Economía

‘No nos interesa una expansión con deudas’

Patricia Rodríguez, la directora comercial de Los Tres Elefantes, cuenta como la compañía familiar se adaptó para mantenerse en la pandemia.

Patricia Rodríguez

La directora comercial de Los Tres Elefantes dijo que están a la espera de una apertura en Tunja.

Cortesía

POR:
María Camila Pérez Godoy
marzo 04 de 2021 - 08:18 p. m.
2021-03-04

Este 2021 se cumple el aniversario número 50 de Los Tres Elefantes en Colombia, una compañía tradicional que durante la pandemia tuvo que incursionar en las ventas en línea para atender a sus fieles clientes. Patricia Rodríguez, la directora comercial de la firma explica los retos que hubo en este proceso.

Los Tres Elefantes es una empresa de tradición, ¿cuál es la historia?

Este año se cumplen 50 años desde que salió la escritura de Los Tres Elefantes. La empresa nació porque eran tres vendedores de productos y en esa época no existían almacenes de cadena, sino que la gente compraba sus telas, iba donde el sastre y mandaba a hacer el vestido.

Entonces cuando ellos viajaron a otros países se dieron cuenta de que existían estos almacenes y decidieron juntar sus productos en un solo lugar.

Compraron el local de Pasadena que era una fábrica de ollas, y ahí pusieron el almacén. Pero la gente decía que eso era una locura y que iba a hacer un elefante blanco, entonces ellos dijeron “no somos un elefante, somos tres” y le pusieron el nombre. Su historia siempre ha sido muy familiar, manejada de manera muy conservadora y segura, y ahí vamos.

¿Cómo les fue en 2020?

El año pasado fue muy difícil, decrecimos un 29,2% por los cierres que fueron terribles. Mantuvimos todos los puestos de trabajo y eso hizo que fuera más duro. A diciembre de 2020, teníamos 540 empleados, muchas de las vendedoras son madres solteras y cabezas de familia, también hay hombres, pero es más la participación femenina. Nos acogimos a ayudas del Gobierno como el apoyo a la nómina porque la caída fue superior al 20%.

Ustedes no tenían página web, ¿cómo fue esa transformación para vender online?

Nosotros teníamos una página informativa que decía dónde estaban ubicados los locales y más o menos qué productos vendíamos, pero no era un e-commerce. Cuando llegó la pandemia nos cogió por sorpresa, pues no teníamos cómo vender.

A raíz del cierres, muchos clientes empezaron a contactarnos a los teléfonos de los almacenes, entonces decidimos montar ventas por WhatsApp y los vendedores se comunicaban por videollamada con los compradores.

Luego montamos la página completa, en este momento tenemos 15.000 referencias, aunque estas no son ni el 20% del portafolio. Ahora tenemos una zona de comercio electrónico, que mezcla los pedidos web y lo que sea hace por WhatsApp, y por ahí vendimos un 3,5% el año pasado. Este año esperamos llegar al 7%.

¿Y tuvieron problemas en ese proceso?

Sí. Nuestro sistema es un sistema que no se puede alinear tan fácil con la página y al final se logró, pero nos tocó hacer macros de Excel, subirlos y la página se caía.

Todos los productos no están ahí por un tema de logística, pero también porque nos tocaba cargarlos manualmente y estar actualizando la página todos los días, y nos daba miedo no poder cumplirle al cliente. Es decir, si tres personas piden algo igual al tiempo y hay pocas unidades, pues no tendríamos cómo responder. Entonces por eso tratamos de subir referencias con suficiente inventario.

Y tuvimos otros inconvenientes, un hacker se metió a la página, nos robó fotos y tocó cambiar de plataforma, y obviamente no pudimos poner el link de pago y salir en vivo en ese momento.

¿Qué pasó con los productos?

En textiles el decrecimiento fue entre un 15% y un 20%, dependiendo los ítems, y cabe destacar que esta categoría representan el 65% de nuestras ventas.

Nosotros éramos muy fuertes en ropa formal, vestidos para reuniones o bautizo y zapatos de charol para el bebé, todo eso se paró. La ropa de oficina, las chaquetas, las medias de lana cayeron. Así como en la parte colegial: pantalonetas, pantalones del colegio, blusas camisetas blancas.

Ya no habían fiestas, entonces la piñatería cayó, y paró el consumo que la gente compra por impulso como los dulces.

Los productos que sí crecieron fueron las pijamas, ropa deportiva y sudaderas, lo que llamamos ‘confort’. Los juegos de mesa y rompecabezas se movieron. Y el hogar tampoco se resintió porque la gente se quedó en casa y empezó a cocinar.

¿Se frenó el plan de expansión?

Nosotros tenemos seis almacenes, tres en Bogotá (Pasadena, Esperanza y Cedritos), uno en Chía, un en Sogamoso y uno en Neiva. Compramos un local en un centro comercial en Tunja que se está construyendo, pero a raíz de la pandemia la construcción está parada, entonces estamos esperando a ver qué pasa, ese era nuestro plan de expansión.

Somos una empresa pequeña que nos gusta ir despacio, no nos gustan endeudarnos, y afortunadamente no teníamos deudas cuando empezó la pandemia, siempre hemos cuidado mucho nuestra caja. Entonces no hemos querido tener una expansión gigante, sino que nos gusta ser muy conservadores.

¿Qué esperan para este año?

Pensamos recuperar lo perdido en 2020. Sabemos que el año va a estar difícil, hay dificultades para conseguir los productos, los precios están subiendo porque los fletes han subido y, a pesar de que todos nuestros proveedores son nacionales, hay cosas que sólo se pueden comprar en el exterior como la juguetería, mucha parte de hogar y la tela con la que los proveedores trabajan.

Le estamos apostando al fin de año, a que con la vacuna podamos volver a tener un octubre donde los niños se disfracen, que esa fue otra parte que también cayó. Y sobre todo, a seguir manteniendo el trabajo.

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