En la industria del ‘cannabis’: “todos estamos aprendiendo”

Colombia es el país de la región que más ha avanzado, al menos en forma integral.

El Consejo Canadiense para las Américas

El Consejo Canadiense para las Américas (CCA) se reunió hace una semana en Toronto para hablar de regulación del ‘cannabis’ medicinal.

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Portafolio
septiembre 12 de 2019 - 10:00 p.m.
2019-09-12

Era la primera vez que sucedía algo semejante. Debido a ello, el interés era palpable la semana pasada, cuando el Consejo Canadiense para las Américas (CCA) organizó en Toronto un evento que tuvo como plato fuerte la presencia de los reguladores de una decena de países del hemisferio, encargados del tema del cannabis medicinal.

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Aunque a primera vista la escogencia del lugar puede sonar sorpresiva, quien sabe del asunto lo ve como algo lógico. No solo Canadá adoptó hace un año una de las legislaciones más liberales del mundo con respecto al uso de la planta, sino que buena parte de las inversiones que han llegado a otros países y suman centenares de millones de dólares, comenzando por Colombia, provienen de la nación de la hoja de arce.

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“Vemos al cannabis como un manera de conectar de diferentes maneras a Canadá con América Latina y el Caribe. Esa conexión necesita ser reconocida y discutida”, anotó Ken Frankel, el presidente del CCA.

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Para nadie es un secreto que las posibilidades curativas de la marihuana y el cáñamo han creado una especie de fiebre del oro en la comunidad de negocios, al igual que una enorme expectativa del lado de los pacientes. Desde el punto de vista del mercado, los cálculos hablan de más de 100.000 millones de dólares en ventas para 2025. Desde el punto de vista terapéutico, las aplicaciones van desde el tratamiento de dolores, náuseas o epilepsia.

Todo lo anterior requiere establecer las reglas de juego, lo cual no es sencillo. Parte de la complejidad es que en algunos países se permite la siembra del cannabis, tanto con propósitos recreativos como medicinales.

En otros, como pasa en Colombia, está autorizada la segunda más no la primera o viceversa. De otro lado, los permisos que conceden las autoridades todavía no se extienden del todo a medicinas, aunque la tendencia es creciente en lo que atañe a producción y exportaciones de derivados.

“Estamos recorriendo una curva de aprendizaje", señaló Martín Rodríguez, director del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (Ircca), de Uruguay. Por ejemplo, Brasil apenas está comenzando con la expedición de una política, mientras que en México hay una ley que se discute en el Congreso y sería aprobada en las próximas semanas, la cual daría un marco único para los diferentes eslabones de la cadena.

“Todos estamos aprendiendo”, agregó Julio César Aldana, director del Invima. De acuerdo con el funcionario colombiano, no hay un modelo a seguir porque tanto en el mundo en desarrollo como en el desarrollado, apenas se comienza a explorar el camino. Por tal motivo, insistió en que lo más importante en la etapa actual es “tener unidad de criterios”.

Las aristas son múltiples. En aquellas naciones en las que se permite la siembra, se establecen límites sobre los cultivos, orientados en general a permitir su trazabilidad. Con respecto a los pacientes el objetivo es dar pautas que permitan a los médicos recetar compuestos que puedan contener cannabis o señalar los límites para la introducción de productos cosméticos.

Y aunque las posibilidades son enormes, los asistentes al foro de Toronto coincidieron en que la investigación científica apenas está en una etapa embrionaria. Así lo dejó en claro Mark Ware, jefe médico de Cannopy Growth Corporation, una de las empresas de mayor tamaño en el sector.

“Hay que hacer las pruebas clínicas y eso tomará tiempo. Con el paso de los años iremos descubriendo más y más propiedades contenidas en la flor del cannabis, pero hay que entender que este será un proceso gradual”, subrayó.

En lo que atañe a Colombia, Aldana explicó que está regulado el cultivo, con el propósito de contar con buenas prácticas agrícolas. Así mismo, hay parámetros sobre la transformación con propósitos medicinales de los derivados de la planta, hoy a cargo del Ministerio de Salud y, a partir de noviembre, bajo la órbita del Invima. Esa responsabilidad implica que toda solicitud de permiso con aplicación farmacológica debe estar respaldada por evidencia sujeta evaluación.

Adicionalmente, se permite el registro de productos fitoterapéuticos, que son aquellos cuyas sustancias activas provienen de plantas medicinales, extractos, tinturas o aceites. De tal manera, hay cerca de 300 cosméticos que ya están en el mercado. Y en cuestión de días debería expedirse una guía de buenas prácticas de elaboración que le abriría la puerta a productos magistrales.

Dicha presentación dejó entre los asistentes la impresión de que Colombia es el país que más ha avanzado de manera integral, al menos en la región latinoamericana. El motivo es que aparte de lo que se puede hacer con miras a los usuarios que buscan tratamientos para sus dolencias, hay un auge de inversiones en compañías dedicadas al cultivo y extracción de aceites y derivados de cannabis.

Hacia adelante, el mensaje conjunto es que sería ideal que las diferentes regulaciones traten de converger. María Cattaui, comisionada de la Comisión Global sobre Política de Drogas, abogó en favor de una legislación marco que ojalá se pudiera adoptar en un ámbito multilateral como las Naciones Unidas. La experta, de origen griego, reconoció, sin embargo, que todavía falta mucho para alcanzar un consenso. Sin ir más lejos, tanto Estados Unidos como China prefieren abstenerse de dar la discusión.

El motivo tiene mucho que ver con el estigma. Todavía el público tiende a confundir el uso de la marihuana con propósitos recreativos, con el de la planta para fines medicinales. Más de un asistente comentó que los chistes son frecuentes con respecto a los supuestos efectos “secundarios” de una pomada, a pesar de que no hay consecuencias alucinógenas al usarla.

Lo anterior confirma que falta un buen trecho en materia de pedagogía y desarrollo normativo, así los avances sean innegables. Aprender de las experiencias de otros, es una buena manera de avanzar. “Tendremos otra conferencia, con más actores, el próximo año”, concluyó Frankel.

Ricardo Ávila Pinto
Director de Portafolio

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