'Estamos en mora de darles estatus e ingresos a los técnicos'

Bruce Mac Master habla sobre los retos de la educación y el trabajo en Colombia. Dice que las carreras tradicionales tienen que transformarse.

Bruce Mac Master, presidente de la Andi.

Bruce Mac Master, presidente de la Andi.

Héctor Fabio Zamora / CEET.

POR:
YAMID AMAT
febrero 23 de 2020 - 02:39 p.m.
2020-02-23

La Asociación Nacional de Industriales (Andi) acaba de divulgar un estudio sobre las necesidades del país en materia de profesiones. Su publicación coincide con la afirmación hecha por la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, en el sentido de que “tenemos demasiadas sicólogas y sociólogas”.

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El presidente de la Andi, Bruce Mac Master, no solo refuta esa tesis, sino que cita a la Organización Internacional del Trabajo: “El mayor crecimiento en carreras en este instante tiene que ver con el cuidado de seres humanos”.

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Mac Master añade que solo el alto consumo de drogas y males como la depresión, en Colombia y en el mundo, justifican análisis y respuestas de parte de sociólogos y sicólogos a esta problemática.

¿Cuáles son los principales hallazgos del estudio de la Andi? ¿Cuáles son las profesiones más recomendables para los jóvenes estudiantes de hoy?

Han aparecido muchas necesidades nuevas, muchos oficios y profesiones, algunos muy especializados. No es que no se necesiten abogados, ingenieros o sicólogos, es que se necesitan muchas personas especializadas en nuevos oficios y profesiones, las necesidades son muchísimo más variadas.

El tema es que no nos podemos concentrar solo en carreras tradicionales, tenemos que preparar gente en cosas que se están necesitando, si no Colombia se va a quedar atrás. Tenemos que entrar en la cuarta revolución industrial, generar nuevas exportaciones, superar el déficit en cuenta corriente, y si no lo hacemos, no vamos a lograr ser competitivos.

Pero, sobre todo, tenemos que pensar en el desarrollo personal e individual de los jóvenes, al tiempo que les ofrecemos oportunidades de empleos. La Andi acaba de terminar un estudio precisamente sobre las necesidades del país en materia de profesiones. Según este, las carreras tradicionales se necesitan, por supuesto, pero se requiere urgentemente talento preparado en otras cosas también.

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¿Por ejemplo?

Necesitamos más programadores digitales, diseñadores digitales, biólogos, ingenieros mecánicos que sepan robótica y mecatrónica; debemos tener ingenieros que conozcan más de nanotecnología, es decir, la tecnología de las pequeñas cosas, necesitamos técnicos especializados en la nueva agricultura o los servicios hoteleros.

Lo primero que dice el estudio de la Andi es que sí hay oportunidades, que sí hay cómo garantizar el enganche laboral de los jóvenes.

Por ejemplo, necesitamos técnicos de máquinas sofisticadas, de máquinas robotizadas, más técnicos en temas como sonido, video, diseño, aplicaciones de servicios, internet de las cosas, análisis de datos, inteligencia artificial, eso está muy marcado.

¿En este momento, por ejemplo, en dónde se está necesitando más gente?

​Le diría que son tres grandes capítulos, temas digitales y tecnológicos; temas que tienen relación con sostenibilidad, agro, biología y biodiversidad, y temas relacionados con el cuidado de seres humanos.

Las carreras que tienen que ver con el cuidado y desarrollo de temas humanos, que yo defino como el bloque en el cual nunca seremos reemplazados por la tecnología, ahí hay un tema de medicina y ciencias de la salud muy marcado, el tema de cuidado de mayores y de niños; la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dice que el mayor crecimiento en carreras en este instante tiene que ver con el cuidado de seres humanos, ahí encajan los terapeutas, sicólogos y los siquiatras, los maestros. Se necesita atención al ser humano, y eso incluye, por supuesto, esas carreras.

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La digitalización, las redes sociales e internet cambiaron al mundo. ¿No hay que crear nuevas especializaciones para un mundo nuevo?

​Claro, entonces las carreras tradicionales, históricas, tienen que transformarse, pero no desaparecer. Lo que quiero decir es que no podemos seguir enseñando la medicina tradicional como se enseñaba antes, tiene que ser una medicina nueva, telemedicina, medicina preventiva y no paliativa, lo mismo con la sicología.

Mire: en los países desarrollados, el incremento en la depresión de las personas es muy grande y hay que atenderlas; solo estudiar el tema de consumo de opioides en los Estados Unidos, que es la gran plaga en este momento, más que las drogas tradicionales.

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El consumo está matando más norteamericanos que muchas enfermedades en los últimos años. Las matanzas en colegios y sitios públicos requieren de ayuda profesional, yo no tengo la menor duda de que esta sociedad requiere el acompañamiento de profesionales expertos en terapias y prevención.

¿El estudio de la Andi que usted está revelando sugiere en síntesis que los jóvenes deberían estudiar, preferencialmente, qué materias?

Carreras con alto contenido técnico y digital, carreras que tienen que ver con sostenibilidad ambiental para estudiar cómo se cuida el planeta, por ejemplo; todo lo relacionado con la economía circular es una inmensa oportunidad, qué hacer con las materias degradables, cómo producir nuevas energías limpias, cómo hacer para reducir las consecuencias de gases de efecto invernadero, cómo mejorar la calidad del aire; todo eso la humanidad lo está necesitando y está dispuesta a pagar por ello.

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¿Las carreras históricas y tradicionales se deben continuar estudiando?

​Sí, pero sin duda se tienen que transformar. Le voy a poner un ejemplo: el derecho; todos recordamos a los abogados que se sabían los códigos de arriba a abajo de memoria, pero la memoria ha sido realmente remplazada por la tecnología. Hoy en día, la memoria no es la ventaja comparativa que solía ser.

El internet, los celulares, la nube la reemplazaron. No hay que formar abogados con memoria, sino abogados con criterio, expertos en el contrato social, en los derechos y obligaciones de las personas, la igualdad y la equidad. Le insisto: tenemos que dedicarnos a carreras que cuiden al ser humano y al planeta. Carreras que les den satisfacciones personales a quienes las estudian y practican, al tiempo que les permitan acceder a trabajos que les den oportunidades económicas.

¿Cuál sería la mayor reivindicación que usted haría de alguna profesión?

​Estamos en mora de darles estatus reputacional y económico a las carreras técnicas. La mayoría de países desarrollados ofrecen alternativas para personas que hacen estudios técnicos, ofrecen incluso educación dual desde el colegio.

¿De qué estilo?

Por ejemplo, si Colombia quiere ser una potencia en turismo, tenemos que formar gente que sepa mucho de turismo. Mire el caso de España. Su gran gastronomía ha jugado un gran papel en su inmenso desarrollo turístico; los chefs catalanes, vascos o madrileños han ayudado a convertir a España en el segundo país con mayor número de turistas en el planeta, después de Estados Unidos. Otro campo lleno de oportunidades es el del agro del siglo XXI.

¿Por qué a los técnicos les dan cierto tratamiento de no profesionales?

​Nos hemos olvidado de darles estatus e ingresos a los técnicos, que finalmente hacen una muy buena parte de las cosas que necesita la sociedad. El agro colombiano, por ejemplo, se trata con conocimientos muy empíricos, que vienen de las historias de las familias, el agro en el mundo está lleno de personas que hicieron carreras técnicas; en Colombia faltan muchos agrónomos digitales, que es la nueva agricultura donde cada matica tiene un medidor de humedad y de nutrientes. El país no ha desarrollado su campo. No hay tecnología, y ahí está el futuro.

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La gente joven abandonó el campo por la violencia…

​Claro, y si usted le dice a ese joven que tiene que ir a su tierra natal de la que huyó, con un azadón, no lo va a querer hacer, pero si usted le dice a ese joven que va hacer agricultura con drones, con sensores o con alta tecnología, de repente sí lo atrae y de repente es una cosa apasionante.

Yo no tengo la menor duda de que así como entusiasma a los jóvenes la programación de códigos en los tanques de pensamiento nuevos, también se encantarían con la agricultura del siglo XXI.

A propósito, ¿cuánto exporta Colombia en alimentos? ¿Colombia está exportando realmente lo que podría exportar en productos agrícolas?

Colombia no ha aprovechado la oportunidad que tiene. En productos agrícolas exporta algo más de 2.800 millones de dólares, y en alimentos procesados, sin café, cerca 1.700 millones de dólares.

El total de nuestras exportaciones fue de 39.000 millones de dólares este último año. De esa cantidad, 24.400 fueron café, petróleo y carbón. ¿Qué va a pasar cuando se nos acabe el carbón o el petróleo? Colombia tiene la responsabilidad de generar una base productiva de exportaciones.

Todo lo que estamos hablando es de formar talento que tenga la capacidad de generar valor agregado, jóvenes que tengan capacidad de generar ingresos para sus familias y para el país.

La gente abandonó el campo, que está a dos o tres kilómetros de cualquier ciudad grande, y uno se encuentra ahí es con ganadería extensiva, con agricultura hecha de las maneras tradicionales, sin tecnología ni vías terciarias para sacar la producción.

Conozco un caso impresionante de una joven en Toca, Boyacá, que se dio cuenta de que las grandes utilidades se las gana el intermediario, y creó una plataforma digital para que su mamá, que produce papa, pudiera vender, con una subasta electrónica, en los mercados de Bogotá. Sin usar terceros. A través de una plataforma digital, se ganó un premio de la Andi.

En el país no hemos puesto en marcha una política agraria que desarrolle el agro como debería, así como no hay políticas industriales robustas. Por eso tenemos las exportaciones que tenemos hoy en día. Absolutamente negativas. Esa ha sido nuestra realidad por décadas.

(Lea: Productos del agro que más crecerán en esta década en Colombia)

Organismos formidables como el Sena reciben tratamiento de segunda…

Sí, cuando el Sena debe ser y debe convertirse en el mayor dinamizador de la economía colombiana. Por ejemplo, los chefs son un buen caso de reputación e ingresos, pues durante tanto tiempo fueron considerados simplemente cocineros, y hoy en día los chefs de Colombia y del mundo tienen carreras promisorias, o los diseñadores, antes eran los sastres, las costureras, pero hoy en día son diseñadores de moda y logran formar marcas y generar valor agregado.

En conclusión, Colombia necesita una urgente y radical transformación educativa…

​Sin duda alguna, que no solamente en las universidades se piense distinto alrededor las carreras tradicionales, sino que en entidades como el Sena y en muchas otras entidades de carreras técnicas que hay en Colombia, se puedan formar las personas que necesitamos con calidad y pertinencia.

¿A qué velocidad nuestro sistema educativo técnico cambia las carreras?

​Voy a decir algo que puede ser una herejía, pero, por ejemplo, no tengo la menor duda de que el Sena debería estar trayendo permanentemente profesores internacionales. Si no, ¿cómo aprendemos de las cosas nuevas?, ¿de las nuevas tecnologías?, ¿de los nuevos currículos?, ¿de los nuevos planes de estudio?

Usted mencionó el problemas de las bajísimas exportaciones…

​Colombia importa hoy 52.000 millones de dólares y exporta solamente 39.000, y 24.000 están en tres productos: café, petróleo y carbón. Colombia se tiene que concentrar en construir una base productiva de valor agregado diversificada, si no hacemos eso, estamos jugando con el futuro del país, y estamos jugando con el futuro a corto plazo; no estamos produciendo.

(Lea: Exportaciones colombianas cayeron 5,7% en 2019)

En esto, el Estado cumple un papel fundamental, las políticas de desarrollo industrial que tenemos en Colombia deben dedicarse a eso, a que hagamos muy rápidamente una selección de los sectores y nos la juguemos y apostemos por los sectores, y apostemos en serio.

En Colombia todavía uno se encuentra con ideologías que dicen: ‘No, no hay que hacer políticas industriales, el mercado será capaz de definir todo’, y no es sino ver todo lo que está pasando entre China y Estados Unidos hoy en día, y nuestras importaciones disparadas, y nosotros sacamos, en este momento, una publicación diciendo que Colombia es una economía cerrada y que si la hubiéramos abierto nos habríamos desarrollado, todo esto sin políticas de desarrollo industrial y empresarial que incluyen la preparación del talento correcto para propiciar el desarrollo, son realmente una utopía, pero ese pedazo de la receta se nos olvidó.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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