En 10 años, el mundo será menos desigual: Edward Prescott

Según el economista hay mucho campo para mejorar y siempre se puede mirar el vaso medio vacío y no medio lleno.

Edward Prescott

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Edward Prescott

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abril 30 de 2012 - 12:49 a.m.
2012-04-30

Fue en el 2004 que Edward Prescott, junto con su colega Finn Kydland, recibió el Premio Nobel de Economía “por sus contribuciones en el campo de la macroeconomía dinámica” en las que demostró la importancia de la consistencia de las políticas económicas e identificó las fuerzas detrás de los ciclos expansivos para los negocios.

Con un doctorado en la Universidad de Carnegie Mellon ubicada en Pensilvania, este economista de 72 años ha estado dedicado a la docencia a lo largo de su vida. Así, ha enseñado en las universidades de Minnesota, Pensilvania, Chicago, California y Nueva York, entre otras.

De tendencia conservadora, actualmente se encuentra vinculado a la Universidad de Arizona en el estado del mismo nombre y al Banco de la Reserva Federal.

El viernes pasado, Prescott estuvo presente en el Congreso de Asofondos realizado en Cartagena, gracias a una invitación que le hiciera Corficolombiana. En el marco de dicho evento, habló en exclusiva con Portafolio.

En medio de la incertidumbre ¿qué ve en el frente económico mundial?

Veo que a la mayoría del planeta le va bien y que esa mayoría está recortando terreno. Es espectacular, para ser concretos, el desempeño de Asia y también es muy impresionante el de América Latina.

Entonces ¿por qué el nerviosismo?

Porque hay dos regiones a las que les va mal: al sur de Europa y a Estados Unidos.
Aparte de las razones obvias del peso de la deuda ¿cuál es el problema de Europa?
Una productividad muy baja que puede llevar a los países de la zona mediterránea a perder toda una década de crecimiento, tal como ya le sucedió a Japón en su momento.

¿Dónde está el problema?

En unas tasas de impuestos demasiado elevadas, con beneficios como vacaciones o rigideces excesivas que hacen a los trabajadores europeos 30 por ciento menos productivos que sus homólogos en otras sociedades desarrolladas.

¿Qué otro tema le inquieta en un plazo más largo?

El envejecimiento de la población que hace difícil de sostener los esquemas actuales de pensiones. Hay que hacer ajustes a las edades de jubilación.
Pero el espectro de la crisis continúa…

Así es, aunque la causa real tiene que ver con la regulación que existe. Un esquema equivocado de normas fue el que le dio origen a la situación actual. Si las reglas de juego hubieran sido las adecuadas, no tendríamos los problemas que vemos.

Mientras eso ocurre en Europa, parecería que Estados Unidos se recupera así sea a un ritmo mediocre…

La verdad es que no veo esa recuperación. Una mirada a las cifras de desempleo muestra que las cosas no están tan bien y que estamos por debajo de nuestra tendencia de largo plazo.

¿Cuál es la dificultad?

Que no nos hemos podido poner de acuerdo sobre lo que hay que hacer. La verdad es que en Estados Unidos no sabemos lo que va a pasar, por cuenta de la incertidumbre política. Eso ha llevado a que, por ejemplo, el sector privado mantenga un nivel de inversión bajo que seguirá así hasta que existan señales claras.

¿Cómo calificaría, entonces, la situación de su país?

Diría que estamos en una especie de depresión, aunque no como la de los años 30 del siglo pasado que duró nueve años y fue mucho más profunda. Pero esta ya lleva tres y la verdad es que con una tasa de crecimiento del 2 por ciento anual como la del primer trimestre de 2012, no podemos estar satisfechos.

¿Qué efecto puede tener el pobre desempeño de Europa y Estados Unidos?

Una transformación profunda. En general las economías desarrolladas han mantenido un buen ritmo que no ha variado mucho en siglo y medio, con excepción de las épocas de guerra. La distribución del Producto Interno Bruto global tampoco ha variado tanto. Por ejemplo, el PIB de América Latina ha sido equivalente a una cuarta parte del de Estados Unidos desde comienzos del siglo pasado. Pero recientemente, el auge de Asia ha cambiado esas proporciones en forma radical.

¿Y cuál es su análisis de esa transformación?

Me parece buena. Si China se vuelve más rica, al igual que otras naciones emergentes, todos ganamos. En pocas palabras, no se trata de un juego de suma cero, sino de uno que deja un resultado positivo. Eso es maravilloso.

¿Por qué ha tenido lugar ese cambio?

Por la globalización y la apertura, sin duda. La llegada de una mayor competencia ha sido buena, aunque al comienzo la gente le tenga temor. Cuando terminó la Segunda Guerra, muchos en Estados Unidos pensaron que la recuperación al otro lado del Atlántico iba a generarnos desempleo y nada de eso sucedió.

Tampoco ocurrió cuando Japón emergió. Por eso hay que resistirse al proteccionismo.

Pero hay tensiones…

Claro. Siempre es más fácil echarle la culpa a los extranjeros. Pero si uno ve los avances tecnológicos que se están dando, eso es posible gracias a la competencia internacional.

Colombia está a punto de embarcarse en una reforma tributaria. ¿Qué nos recomienda?

Que en términos generales tengan cuidado con el impuesto de renta y que miren el tema de los impuestos indirectos. Tarifas muy altas de un lado y muy bajas del otro o que tengan una base muy pequeña, son inconvenientes. También pienso que es bueno eliminar deducciones o beneficios.

A propósito ¿cuál es su visión de este país?

La impresión general que tengo es que han hecho un buen trabajo en los últimos años. Hay por supuesto mucho campo para mejorar y siempre se puede mirar el vaso medio vacío y no medio lleno. Pero la tendencia es claramente positiva.

¿Cómo seguir por esa senda?

Hay muchas cosas que se deben hacer, pero me voy a referir a unas pocas.

Creo que hay que destacar lo que ha pasado con la comunidad empresarial y el hecho de que existan multinacionales de origen local, que deberían ser impulsadas para que sigan creciendo. El segundo tema tiene que ver con buenas reglas de juego.

¿Cuáles otras?

Pensar en la descentralización y la competencia interna. El ejemplo de China, que ha podido desarrollar zonas que antes estaban muy deprimidas vale la pena, a pesar de las diferencias obvias. Ustedes tienen un buen número de ciudades y ese es un activo que deben aprovechar.

¿Y los peligros?

El tema de los recursos naturales, que en principio son una gran oportunidad. Aunque crecer gracias a ellos es importante hay muchos ejemplos en el mundo de gobiernos que prefirieron mantenerse en el poder a punta de subsidios.

Hay que cambiar para progresar. Mantener el status quo puede ser una manera de dar reversa.

Europa acabará por hacer una serie de reformas para salir de la crisis
Creo que las brechas entre los países van a disminuir. El mundo era más igualitario que ahora hasta comienzos del siglo XIX cuando la revolución industrial creó diferencias notorias, pero otra vez eso empieza a cambiar.

¿Eso implica un planeta más equitativo?

En forma gradual y mientras se mantenga una política de apertura al comercio. Será un proceso muy largo.

¿Y los temas pendientes?

Creo que Europa acabará haciendo una serie de reformas, porque no tiene otra opción. Se acabará recuperando, pero la pregunta es cuándo y todo depende de las decisiones que tome. Algo similar se podría decir de Estados Unidos.
En términos generales, suena muy positivo…

En el largo plazo sí. Creo que a finales de este siglo el mundo va a ser mucho más rico que ahora y que esa riqueza va a estar mejor distribuida. En ese momento, si toda la gente es más o menos igual de rica, quiere decir que toda va a ser pobre, pero esa es otra discusión. No obstante, el mensaje es que el nivel al que vamos a llegar va a ser mucho más alto que el de ahora.

RICARDO ÁVILA PINTO
DIRECTOR DE PORTAFOLIO

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