De 1938 al 2006

A raíz del reciente informe divulgado por el Banco Mundial sobre la situación económica y social de Colombia y según el cual dicha situación es más o menos igual a la que se observaba en el año de 1938, me he puesto a pensar cómo sería nuestro país en ese entonces, para determinar si la comparación resulta ser favorable o desfavorable. La población total no llegaba a los diez millones de habitantes, los cuales en su mayoría habitaban, vivían o sobrevivían en zonas rurales, lejos de la contaminación y del caos propios de las urbes modernas. Otro punto a favor es que para ese entonces no habían nacido ni Gaviria ni Samper ni Pastrana (Andrés) ni Uribe Vélez, como tampoco el suscrito. Sin embargo, muy seguramente ya hacían sus primeros pinitos en política López Michelsen y Víctor Renán Barco. Nunca ha habido ni habrá felicidad completa.

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febrero 28 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-02-28

Independientemente de éstas o cualesquiera otras comparaciones, lo que sí resulta absolutamente sorprendente y alucinante es que en más de sesenta años no hayamos avanzado o progresado ni un ápice. Al leer entre líneas el informe del BM se concluye que mientras América Latina es históricamente recordada por la década perdida -la de los años 80- Colombia debería ser recordada por el ‘privilegio’ de acumular seis décadas perdidas. ¿Así de dramática será nuestra realidad? Además de rabia, impotencia y culpabilidad -porque en mayor o menor medida todos seríamos responsables de esta situación- sólo queda a manera de consuelo el beneficio de la duda sobre la confiabilidad en la información que haya servido de base para llegar a conclusiones tan negativas. En un foro realizado en Colombia no hace más de dos años, otro documento del Banco Mundial señalaba a Chile como el país con la peor desigualdad social en el continente, por encima (o por debajo, según se mire) de casos a todas luces aberrantes como los de Haití, Nicaragua o Bolivia. Ahora y de acuerdo con el último informe publicado, Chile, en menos de dos años nos habría cedido el deshonroso liderato en materia de desigualdad social. De ser cierta esta apreciación, se explicaría -mas no se justificaría- la situación de violencia o de conflicto que más o menos en ese mismo espacio de tiempo nos ha caracterizado y distinguido en el ámbito regional. Otra explicación es que la violencia sea algo innato a nuestra idiosincracia y en vez de consecuencia, sea la causa principal de nuestros males. Ante esta realidad no habría política económica ni plan de desarrollo capaz de garantizar un nivel mínimo de progreso. En este contexto sería una utopía tratar de mantener un ideal patrio que es imposible de conservar, dadas la variedad de razas que conforman nuestra población y la extensa geografía de nuestro territorio que hace que en buena parte del mismo, la acción del Estado sea impensable o incluso mal recibida por sus habitantes, cuando llega en forma deficiente o extemporánea. Las inmensas dificultades a la presencia del Estado en gran parte del territorio nacional fueron en su momento subrayadas por el mismísimo Director de Planeación Nacional, en aquella época en que estaba obsesionado por la visión del inmenso iceberg contra el cual habría de estrellarse la economía colombiana. Si el iceberg lo evitamos o éste providencialmente se hizo a un lado, no está todavía totalmente claro. Lo que finalmente se concluye del informe del BM es que después de seis décadas de esfuerzos infructuosos e intentos fallidos, a pesar de haber intentado diversos caminos como el proteccionismo, el frente nacional, la apertura, el diálogo con los violentos y con ellos la mano dura también, aparentemente seguimos con el agua al cuello y en medio de un mar de tinieblas al igual que los náufragos que cayeron a las aguas luego de que el indestructible Titanic impactase contra la imprevisible mas no imaginaria mole de hielo.

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