Un acuerdo confeccionado a lo largo de catorce rondas de negociaciones

El lanzamiento oficial, el 18 de mayo de 2004, de las negociaciones comerciales de Colombia, Ecuador y Perú con Estados Unidos, marcó el inicio de uno de los procesos más complejos y a la vez aleccionadores en los que haya participado el país.

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febrero 27 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-02-27

Cartagena fue escogida como la sede de lo que se consideró la primera ronda de negociaciones del Tratado de Libre Comercio, que durante los últimos 21 meses acaparó la atención de miles de empresarios, estudiantes, trabajadores y funcionarios del Gobierno. Aunque no era la primera vez que Colombia firmaba un tratado comercial, este representaba todo un reto. E.U. es el principal socio comercial tanto en materia de exportaciones como de importaciones. A los lazos comerciales se suman otros de carácter político y social que se han tejido en las últimas décadas. Colombia y E.U. se han convertido en aliados estratégicos en asuntos que van desde el combate a la producción y distribución de drogas, hasta la lucha contra el terrorismo. En un principio muchos analistas y empresarios consideraban que el acuerdo comercial iba a ser ‘pan comido’ y que en ocho rondas estaría listo,pero el transcurrir de las semanas les demostró que este era un proceso mucho más complejo de lo esperado. La esperanza de muchos colombianos por obtener este ‘trato preferencial’ del que tanto se ha escrito se convirtió en una quimera y al traspasar la décima ronda de negociaciones muchos consideraban que la situación se estaba enredando de tal modo, que era posible que ni siquiera se llegara a firmar el acuerdo comercial. Anoche, tras una jornada agotadora de negociaciones, todavía se estaban dando los toques finales de lo que se considera será el acuerdo más importante para la construcción económica del país en las próximas décadas. El costo, en términos de recursos, fue significativo para Gobierno y para las empresas colombianas. En los 123 días que se invirtieron en las rondas los costos sobrepasaron los cuatro millones de dólares, según cálculos muy superficiales elaborados por algunos de los asistentes. Para algunos, no se trataba de un gasto sino de una inversión en la promisoria apertura de las puertas del mercado americano. Para otros también fue una inversión para evitar un mayor efecto negativo. Para el Gobierno, el balance sólo se conocerá una vez entre en vigencia el TLC.

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