Agricultura colectiva, de moda

Son las 4:30 a.m. y para Jorge Valdivia, un agricultor peruano de 32 años, el día ya ha comenzado. ‘Coco’, como lo conocen sus amigos, comparte las tareas que le exige su granja junto a cinco colegas con quienes desde hace un año decidió darle vida a su comunidad agrícola en un pueblito de la región de Wendland situado a mitad de camino entre Berlín y Hamburgo.

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febrero 28 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-02-28

Al otro lado del Atlántico, en Estados Unidos, la escena se repite, pero multiplicada por miles. Las Community Supported Agriculture (CSA), como se conocen estos modelos de comunidades agrícolas, están viviendo una fuerte explosión en Estados Unidos, un país donde los ciudadanos se preocupan cada vez más por saber quién produce lo que come y por llevar a sus mesas los alimentos más frescos. Las CSA reúnen a varios agricultores locales, quienes venden “acciones” a los consumidores para crear un proyecto agrícola conjunto. Los consumidores entregan una suma de dinero que luego se traducirá en canastas con los productos que ofrece cada cosecha. Por ejemplo, los socios de la granja de ‘Coco’ pagan 40 euros mensuales para tener acceso a los alimentos que han sido cultivados. “Los lunes y jueves abrimos las puertas de nuestro establo, donde ofrecemos nuestros productos. Cada uno de los socios lleva una canasta en la que puede cargar lo que necesite. No existe un límite, pero la idea es que todos tengan acceso a los alimentos”, explica ‘Coco’. Ese el modelo básico de las CSA, en el que los productores tienen acceso a alimentos orgánicos y que incluso, si lo desean, pueden visitar la granja para ver cómo se cultiva. Por supuesto, existen variaciones en las que también se ofrecen otros productos orgánicos como por ejemplo miel, quesos, mermeladas, flores, chocolates y carne. El modelo tiene más de dos décadas, sin embargo ha venido tomando fuerza en los últimos años. En la base de datos de Local Harvest, la organización que reúne a las CSA de Estados Unidos, hay registradas 4.024 granjas. A finales de 2008, cuando estalló la crisis económica existían casi la mitad (2.218), lo que demuestra que se han convertido en una alternativa cada vez más atractiva. “No considero que las CSA sean una alternativa para esquivar los efectos de la crisis económica, pero sí creo que estos sistemas locales de producción de alimentos sanos contribuyen al desarrollo económico en zonas rurales, a la seguridad alimentaria de las comunidades y a la salud de los ciudadanos en general”, sentencia Erin Barnett, directora de Local Harvest. En Europa las CSA todvía están en ciernes. Todavía no existe una organización que aglutine a las diferentes granjas, pero en países como Alemania, Francia y España ya hay modelos que llaman la atención de la gente. La granja de ‘Coco’, por ejemplo, comenzó con tan sólo dos socios y ya tiene 20, y en toda Alemania, según sus cálculos, existen ya unas 20 granjas, “la mitad de ellas han aparecido en los últimos dos años”, apunta. “Sin intermediarios los precios son más bajos, además ofrecemos productos que por su aspecto quedarían por fuera de los supermercados. Si una zanahoria está torcida o si una pera tiene una manchita no significa que no se puedan consumir”, explica ‘Coco’. Son proyectos que deben empezar a pequeña escala e ir expandiéndose poco a poco. "Tanto los productores como los consumidores comparten el riesgo de que la cosecha fracase: todos ganan, todos pierden”.ADRVEG

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