‘Agrobobería’

El joven Arias se enredó en sus propias espuelas. Los ensayos nacionales con ministros mozuelos decepcionan. Tuvimos la fulgurante excepción de Alberto Lleras, pero en general adquirir la sabiduría de la experiencia requiere tiempo. Al ‘Uribe chiquito’ lo embarcaron en el manejo de los hombres cuando apenas había cerrado los textos y coleccionado los agregados econométricos de su doctorado. Estaba biche para repartir a dedo el dinero ajeno.

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octubre 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-10-30

Pero qué culpa tiene la babilla si se le acerca el chigüiro. Andrés Felipito ejecutó un programa viciado. Recordarán que Agro Ingreso Seguro nació de la gritería agrícola contra el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Según voceros con garganta de soprano angustiada, ese instrumento lesionaba los intereses del campo. Se les acalló con un programa de subsidios desprovisto de racionalidad en la asignación de recursos. El campo es un fetiche que pelecha del verde romanticismo urbano. Un país que vive abrumado y abrumadoramente en las ciudades, pero de todavía frescas raíces campestres, idealiza la fragilidad del maicito y la yuquita. Respira nostalgia. De ahí que haya prosperado el facilismo de atribuir a la apertura un retroceso del sector agropecuario. Tuvo poco o nada que ver. Por el contrario, lo favoreció el abaratamiento de los insumos. En cambio, hasta cuando se consolidaron los logros de la Seguridad Democrática, el agudizamiento de la violencia y el impacto del narcotráfico sí fueron factor de atraso. Se contrajo la inversión rural. Con esos antecedentes, resultó expedito, por cuenta de un acuerdo comercial de aleatoria vigencia, abrir la llave de contribuciones a fondo perdido, que ni siquiera contaban con la excusa de la manida cohesión social. Ahora para tapar entuerto se intenta darle un viraje populista a la largueza. Es fácil imaginar la persecución burocrática de agricultores modestos para repartirles plata en víspera de elecciones y reelecciones. Porqué no también una política nacional de protección y apoyo para los jaboneros, algunos de ellos artesanales. Se contribuiría a mejorar aromas en el transporte público. Con un adecuado impulso a la saponificación se podría dejar a los colombianos oliendo a rosas, como las damiselas que reclutaba Madame de Pompadour para solaz de su amante y patrón, Luis XV. Don Sancho Jimeno se beneficiaba con el arribo de la Flota de los Galeones a Cartagena. Dueño de dilatadas dehesas, sus quesos, cecinas y tubérculos tenían gran aceptación entre la marinería recién desembarcada. A pesar de sus méritos en la defensa de Bocachica contra los franceses en 1697, nunca se le ocurrió solicitar mercedes reales para sustentar producción. Bien sabía que la Corona, cuidadosa en la asignación de recursos, atesoraba los recaudos de las Cajas Reales, salvo cuando se trataba, como en las murallas de Cartagena, de invertir en la defensa del imperio. ‘Uribito’ ha sido tanto víctima como victimario de yerros de la política económica. Cuando se deja al arbitrio del funcionario una discrecionalidad sin control se le resta transparencia a las decisiones y se cae en el despilfarro, o peor, se rueda hacia punibles componendas o umbrelas para torcidas ambiciones apuntaladas con dineros públicos. Arias creyó que no necesitaba más razones para aspirar a la presidencia que las del general Pánfilo Natera de la Revolución Mexicana para sitiar a Zacatecas: “ahí estaba la Chacha Micaela buena para un revolcón, un brinco y un pujido”. '' Cuando se deja al arbitrio del funcionario una discrecionalidad sin control se le resta transparencia a las decisiones y se cae en el despilfarro.WILABR

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