Más allá de las tasas

Más allá de las tasas

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enero 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-01-30

La reunión de la junta directiva del Banco de la República programada para hoy viene acompañada de varias cargas emocionales y no sólo por ser la primera del 2009 después del receso de vacaciones. Uno de los motivos es que va a ser la última de por lo menos un integrante de ese cuerpo, el economista Leonardo Villar, quien termina su tercer periodo de cuatro años y debe ser remplazado según las normas, más allá de sus altísimas capacidades académicas. También está la incógnita de que el Gobierno decida hacer uso de la potestad que tiene para sustituir a un segundo miembro de la junta y designar alguien más cercano a sus afectos, algo que se sabrá en los próximos días.

Pero para los observadores externos el interrogante más urgente tiene que ver con el nivel de los intereses, después de que el Emisor decidiera recortar en medio punto sus tasas de intervención en el mercado, a finales de diciembre. La expectativa general es que todas las condiciones apuntan a una baja que puede llegar hasta un punto porcentual, con lo cual la tasa del Banco quedaría en 8,5 por ciento anual. Los partidarios de dicho escenario argumentan que el deterioro del sector productivo ha sido mucho más rápido que lo esperado y por lo tanto son necesarias señales contundentes para reactivar el consumo. Datos como el de la fuerte caída de la industria en noviembre, con un decrecimiento superior al 13 por ciento frente al mismo mes del 2007, sugieren que en esta materia no se puede andar con paños de agua tibia.

Por otro lado, el cálculo de los observadores es que la inflación disminuirá, así no se refleje todavía en las cifras del Dane. La justificación no es otra que el pobre comportamiento de la demanda interna y externa, que se debería expresar en menores reajustes. De hecho, el Fondo Monetario Internacional en sus pronósticos sobre el país habla de un 4,8 por ciento de aumento en los precios, por debajo incluso del rango medio de la meta fijada por el Emisor para el año.

También es claro que el ritmo de incremento de la cartera de crédito, que llegó a ser cercano al 40 por ciento anual hace 24 meses, ya no forma parte de las inquietudes de las autoridades. Según la medición más reciente, este ya va en 16,2 por ciento con una clara tendencia a la baja. Incluso los créditos de consumo, que lideraron la dinámica del sector, apenas están creciendo al 8,2 por ciento anual.

Así las cosas, las preocupaciones de la junta del Banco de la República deberían ser otras. La más importante es garantizar que el sistema financiero cuente con la liquidez suficiente para poder operar y que mantenga abiertos los cupos de crédito con el exterior. Ese tema es clave, pues si algo favorece a Colombia en estas circunstancias es que, en contraste con lo que ocurre en otras latitudes, los bancos tienen una sólida posición patrimonial y de recursos, que debe ser mantenida a toda costa. Afortunadamente todo indica que hay normalidad en ese frente pues, aunque los cupos en la banca extranjera han sido recortados, el nivel de utilización de los mismos es inferior al 70 por ciento con lo cual hay un margen cómodo.

También vale la pena mirar el tema de la deuda que tiene contratada el sector privado en el exterior. Si bien el consenso es que la mayoría de empresas ha podido sortear las restricciones sin problemas, en algunas notas de prensa ha habido reportes sobre cesación en los pagos por parte de compañías colombianas. De generalizarse esa situación, podrían cambiar las percepciones sobre el riesgo de un país que tradicionalmente ha salido bien calificado.

Un terreno adicional que merece atención es el de las tasas de interés internas y la disponibilidad de crédito para quienes lo demanden. A pesar de que en estas circunstancias es normal que los bancos tengan mayor cautela que en los periodos de auge a la hora de hacer préstamos, se trata de que el menor costo del dinero beneficie a los usuarios y de que quien tenga capacidad de pago logre endeudarse. Sólo así será posible hacer llevadera una crisis que, a pesar de ser menos fuerte que en otros países, también tiene una presencia evidente en Colombia.

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