Amebas, esas huéspedes no deseadas; vea cómo tratar esta enfermedad

Beber agua sin embotellar o comer en puestos callejeros son tentaciones muy comunes que pueden resultar bastante caras.

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julio 16 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-07-16

Estos bichos, que se conocen como amebas, no son ni bacterias ni virus, son protozoos o parásitos muy resistentes a los fármacos.

Se pueden colar en nuestro organismo de forma fácil -aunque luego cuesta erradicarlas-, por la ingestión de aguas sin embotellar, de verduras de origen dudoso lavadas de forma deficiente o en contacto con aguas fecales, o bien por el consumo de bebidas enfriadas con cubitos de hielo procedentes de agua sin hervir.

Puede ocurrir que nos contagiemos de amebas en cualquier parte del mundo, pero es más habitual que ocurra en zonas tropicales. Claro está, si no tomamos las medidas pertinentes de prevención e higiene.

Una vez que las amebas se han alojado en los intestinos, como huéspedes indeseadas, las reacciones de estos protozoos que se enquistan en contacto con la mucosa resultan a veces hasta caprichosas, según afirma un estudio de la Sociedad Española de Patología Digestiva.

En ciertos casos se quedan de forma indefinida en esa zona del organismo, alimentándose de residuos alimenticios y sin provocar malestar alguno. Pero también es posible que no se resignen a ser simples comensales intestinales y provoquen una amibiasis, que se traduce en diarreas persistentes y a veces sanguinolentas. Y hay otra opción, que resulta la más peligrosa de todas: que las amebas traspasen las paredes intestinales y se incorporen al torrente sanguíneo, o bien ataquen directamente órganos vitales como el cerebro, el hígado o en los pulmones.

La disentería provocada por estos protozoos puede detectarse durante el viaje a zonas tropicales, o bien durante los siguientes dos meses luego del regreso. Debe ser el especialista quien confirme la enfermedad ya que puede confundirse, a veces, con la diarrea del viajero o bien con otra patología inflamatoria del intestino.

Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), de 2007, reflejan que la infección por amebas afecta al 10 por ciento de la población mundial. Sin embargo, en las zonas endémicas, afecta al 30 por ciento de los habitantes.

La OMS reconoce también que la mortalidad provocada por la amebiasis es la tercera en todo el planeta, precedida por la fiebre del caracol y la malaria.

Evitar el agua no tratada

La Sociedad Española de Patología Digestiva recuerda que sólo una de cada diez personas con quistes de amebas en sus heces desarrolla la enfermedad, y ello se debe a que no es lo mismo estar contaminado por la Entamoeba Histolytica que por la Entamoeba Dispar.

Los científicos aún no tienen muy claro por qué la primera de las amebas citada provoca daños en la salud, mientras que la segunda es una 'invitada de piedra' en el tracto intestinal. Por el momento, los tratamientos que han demostrado más eficacia en la lucha contra la amebiasis son los que se aplican a base de metronidazol, un potente antiparasitario que no se puede mezclar con alcohol.

En los casos menos agudos se receta también el sulfato de paromomicina, un antibiótico que impide que los quistes de las amebas se reproduzcan. En todos los casos, hay que acudir al médico.

¿Cómo evitarlas?

Cuando se viaja a zonas de riesgo es recomendable insistir en la higiene diaria, sobre todo de manos; evitar cualquier líquido que no sea embotellado, no lavarse los dientes con agua del grifo y trata de no comer ensaladas, alimentos crudos o de puestos de comida callejera.

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