La apertura debe llegar a los cielos

Aunque en una forma tímida todavía, está comenzando a abrirse paso en el país un interesante debate que en otras partes del mundo está muy adelantado o concluido: las aerolíneas de bajo costo, como una opción para los consumidores nacionales que quieren viajar dentro del país o hacia el exterior.

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junio 29 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-06-29

El asunto es simple. Durante muchos años, las aerolíneas alegaron la necesaria protección por parte del Gobierno como una retribución a sus esfuerzos de inversión en un negocio de grandes ligas. De esa forma, se creó una especie de oligopolio en el que las compañías fijaban las tarifas a su arbitrio, sin que los usuarios tuvieran opción de ‘pataleo’. Esa protección se dio no solo en el precio de los pasajes sino en rutas, las cuales fueron asignadas también de una manera arbitraria y no pocas veces impuestas por las mismas compañías. Incluso se llegó a tener un precio de combustible subsidiado para los aviones. La apertura y globalización llegaron para todo el mundo, menos para el sistema financiero ni para las aerolíneas, sectores que continuaron imponiendo sus condiciones. (El caso del sector financiero da para otro escrito). La presión de las aerolíneas ha impedido que se abran los cielos, como parece lógico en un modelo global. Cada vez que una aerolínea quiere entrar a una ruta debe solicitar el permiso a la autoridad con un mecanismo que es para reírse: son las otras aerolíneas competidoras quienes finalmente parecen dar el visto bueno. Increíble, pero cierto. Desde ya hace algún tiempo, han entrado al mercado empresas con unas tarifas aéreas que pueden estar más del 50 por ciento por debajo de las tradicionales. Por ejemplo, mientras en temporada alta el precio de un pasaje completo a Miami puede alcanzar 800 dólares, hay aerolíneas que lo pueden vender entre 200 y 300 dólares, lo cual es un evidente beneficio para los usuarios. Lo mismo se puede decir con Europa. (Lo de la gasesosa y el emparedado es lo de menos). Alegar que hay que limitar la entrada de nuevas aerolíneas porque las otras empresas han realizado inversiones no tiene mucho sentido. Es el viejo proteccionismo que tanto daño causó en el pasado. Qué bueno sería hacer una evaluación imparcial y seria sobre la oferta: por ejemplo, durante la temporada de vacaciones -como ahora- es imposible conseguir un pasaje para viajar a Estados Unidos porque sencillamente no hay sillas, al precio que sea. Lo que está en juego aquí es mucho más en términos de bienestar colectivo en el que los viajes por avión son un elemento clave de la competitividad, no solo local sino internacional, de apertura para que los colombianos viajen por el mundo como lo hacen los ciudadanos de otras partes y también para que vengan a Colombia. Vender al país como centro turístico no es un asunto fácil, pero lo será mucho más complicado si no se racionalizan las tarifas aéreas. Siempre se ha cuestionado que los fletes marítimos son una barrera para exportar. Es hora también de debatir la misma limitación con las altas tarifas aéreas por una protección exagerada e indebida. Empresario "No tiene sentido mantener los cielos cuasi-cerrados para proteger a unas aerolíneas”.

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