Apoyo del Polo

Don Sancho Jimeno, más reposado después de apagarse los cañones piratas que hubo de afrontar como castellano del fuerte de San Luis a la entrada de la bahía de Cartagena en 1697, piensa que las vestiduras rasgadas por cuenta de las declaraciones del narcoguerrillero Reyes no son sino aspavientos. ¿Qué puede tener de extraño que las Farc simpaticen con la llegada del Polo al poder? Es natural. Este Gobierno les ha dado palo y las tiene arrinconadas.

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agosto 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-08-31

Abrigan la esperanza que un gobierno ideológicamente menos alejado les dé un tris de aire político. El quid del asunto no está en los tibios repudios del animal apestoso por parte de voceros del Polo, o en la indignación del Gobierno por la interferencia armada en el proceso democrático o en el ‘tu tienes más narcos que yo’ que se endilgan entre senadores. La importancia de las declaraciones de Reyes reside en la implícita admisión de las Farc que el proceso electoral podría ser una vía legítima para llegar al poder, dado que, desde siempre, habían considerado los comicios como una farsa burguesa. Hasta ahora, manifestaciones como el Movimiento Bolivariano, cuyo contenido espiritual se estudia asiduamente en los cambuches narcoguerrilleros, como antes se estudiaba el marxismo entre militantes de extrema izquierda, o el Partido Comunista Clandestino (PC3), organizado en celdas aisladas con la misión de penetrar la administración pública, adquirir información y debilitar las instituciones a manera de quinta columna, han sido instrumentos de guerra. Sus actividades poco tienen que ver con proselitismo electoral. ¿Será que algo ha cambiado? Cuesta trabajo concebir que el ‘Mono Jojoy’ y sus guerreristas, amigos del terrorismo, las minas y la eventual toma de Bogotá con las armas en la mano, se hayan convertido a la democracia, pero ¿habrá miembros de la cúpula de las Farc como Cano o el mismo Reyes considerando otros caminos? Para todo revolucionario de corazón Chávez tiene que ser una figura contradictoria y fascinante. Su desparramado discurso carece del rigor de la dialéctica colectivista, pero avanza hacia concentrar los medios de producción en manos del Estado sin pestañear y sin paredón. Y lo ha hecho, hasta ahora, legitimando su poder en las urnas. Los verdaderos revolucionarios se rascan la cabeza. ¿Dónde está el proletariado que destierra la explotación capitalista desde las barricadas? ¿Dónde está el campesinado en armas que expropia a los terratenientes? Chávez le ha echado mano a las instituciones sin violentarlas. Tras cuarenta años en el monte, así Manuel Marulanda tenga la paciencia de Job y estime con fe mesiánica que el tiempo y el narcotráfico están de su lado, el acoso y los retrocesos hacen mella. Más de uno de sus conmilitones puede estar considerando que asesinar secuestrados conduce a un callejón sin salida. La perspectiva de otras cuatro décadas de lo mismo a sabiendas que cualquier desliz lleva a la extradición debilita el ánimo. Mientras tanto, Chávez gasta a manos llenas en atraer sindicatos y financiar activistas del lado colombiano de la frontera y la cruza, como un festonado Caballo de Troya, a liberar cautivos ante el desespero del Gobierno con afligidos Moncayos. Cualquier observador objetivo de la política colombiana nota al rompe la dispersión de los partidos políticos, convertidos en vehículos de ambición personal, y su carencia de contenido ideológico. Detecta también la interferencia del dinero y la coerción en los resultados electorales. En ese río revuelto, similar a la Venezuela de los Chiripiros hace 10 años, bien puede el Polo llevar al socialismo de Chávez que las Farc aplauden, en vez de a la socialdemocracia de Lula, que consideran espuria. Fue al Polo chavista al que se le brindó apoyo para suceder a Álvaro Uribe . ¿Qué puede tener de extraño que las Farc simpaticen con la llegada del Polo al poder? Es natural. Este Gobierno les ha dado palo y las tiene arrinconadas”.

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