El Apra al poder

Por amable invitación del Partido Aprista peruano he estado presente, aquí en Lima, en las significativas ceremonias constitucionales y sociales llevadas a cabo con motivo de la reelección y posesión presidencial de Alan García Pérez. Se ha puesto en marcha esa ‘segunda oportunidad’ solicitada por el candidato triunfante en la pasada campaña electoral, con un discurso esperanzador y realista sin el menor asomo populista.

POR:
julio 31 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-07-31

Recibe una economía manejada con acierto, tal como lo demuestran las cifras y logros -Toledo fue un pésimo comunicador pero un buen administrador de la cosa publica- que le servirá de plataforma para que su Gobierno, con las rectificaciones debidas, se convierta en pieza importante de la geopolítica latinoamericana en el próximo quinquenio. Su carta de navegación es menos compleja de lo que parece a primera vista: por un lado, hacer todo lo contrario de lo que hizo el siniestro binomio Fujimori-Montesinos y, por el otro, no reincidir en los errores cometidos en su primera administración cuando contaba con 3 años de edad. Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979), como ideólogo, es figura cimera del siglo XX en nuestro continente. Su influencia fue más que patente en la juventud de los años treinta desde el Río Grande hasta la Patagonia. Fundó a su partido en 1930, inspirado en dos antecedentes mayores: la Revolución Universitaria de 1918 y la Revolución Mexicana de 1910. Recibió asilo en la Embajada de Colombia entre 1949-1955, años en los cuales nuestra Cancillería escribió páginas memorables y defendió normas al respecto que le merecieron admiración del mundo libre. Como líder indiscutido presidió la Asamblea Nacional Constituyente de 1978 que con su Carta política de 1979 dio lugar a importantes cambios políticos y sociales: por ejemplo, la laicidad del Estado, igualdad de derechos de hombres y mujeres, voto a analfabetos y ciudadanía a partir de los 18 años. En 1962 le fue burlado su triunfo en las elecciones presidenciales. La teoría más difundida y debatida de Haya de la Torre fue la del llamado Espacio-tiempo-histórico, según la cual “la política es esencialmente relativista, no tiene un valor absoluto para todas las latitudes (espacio) y sus diferencias deben complementarse con las de grado de progreso (tiempo) que marcan fisonomías distintas para cada grupo de pueblos que se hallan en condiciones semejantes”. Uno de sus lemas de combate preferidos: “si sabes poco, aprende; si sabes mucho, enseña”. El Apra ha difundido un folleto intitulado ‘Construyendo el Futuro’ que absuelve aquellos interrogantes que pudieran surgir sobre la orientación del Gobierno de Alan García. Dice así: “la lealtad a los grandes principios de justicia, democracia, integración y soberanía nacional deben interpretarse, como lo hizo Haya de la Torre, de acuerdo con los cambios económicos y sociales del mundo y darles respuestas adecuadas… hoy la humanidad a través del crecimiento del comercio mundial ingresa al mercado global y al capitalismo del conocimiento que pueden ser negativos para la sociedad si no sabemos regular sus excesos”. Como se afirmó ya en esta misma columna Alan García cree en una integración suramericana, libre de arrebatos caudillistas, ajeno al parroquianismo tan de moda en el subdesarrollo. Sabrá aplicar las lecciones recibidas como gobernante, asilado político, buen discípulo y amigo de Francois Mitterrand. Siempre ha insistido en la trascendencia de fortalecer los vínculos de todo orden entre nuestras dos repúblicas hermanas. En un momento histórico como el actual, repleto de incertidumbres y contradicciones, la reelección suya debemos entenderla los colombianos como el triunfo de un ‘socio natural’ con una visión pragmática y progresista de nuestro continente, aterrizado sin demagogia en las crudas realidades del siglo XXI. Además, con sobrada sinceridad ha reiterado su condición de ‘hijo adoptivo de Colombia’. Alan García cree en una integración suramericana, libre de arrebatos caudillistas”.

Siga bajando para encontrar más contenido