La bancarización del campo

Hacia finales de la década de los 90, el sector agropecuario enfrentaba una serie de factores adversos tales como una tasa de cambio no competitiva, precios internacionales a la baja, altas tasas de interés y falta de estímulos a la inversión rural.

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junio 29 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-29

Estos factores explican, en buena medida, la crisis que afectó al sector, reflejada en la disminución ostensible de las áreas sembradas, reducción de la demanda de crédito y la salida de muchos productores de la actividad agropecuaria. Adicionalmente, la Caja Agraria, cuyo propósito era dirigir una parte importante de sus recursos al financiamiento agropecuario, dejó de ser un instrumento eficiente de financiamiento rural para convertirse en una gran carga fiscal sin cumplir con su misión social. Bajo este contexto, y ante la necesidad de dinamizar el flujo de crédito hacia los agricultores, particularmente a los pequeños, el Gobierno nacional decide liquidar la Caja Agraria a finales de junio de 1999 y simultáneamente crear el Banco Agrario. Hoy, el Banco Agrario se consolida como un instrumento importante para la prestación de servicios financieros en zonas rurales, a través de la más amplia red de oficinas del sistema financiero colombiano, de las cuales el 73 por ciento de las 724 existentes están localizadas en municipios donde no llega ninguna otra institución bancaria. Este esfuerzo institucional por hacer presencia en regiones apartadas ha estado acompañado de un proceso permanente de renovación tecnológica con el fin de incrementar su capacidad operativa, prestar servicios con oportunidad y calidad y mejorar su competitividad a largo plazo. La presencia territorial del Banco Agrario, unido a los instrumentos de financiamiento creados por el Gobierno nacional, ha facilitado a un mayor número de productores acceder a recursos de crédito para el emprendimiento y reactivación de las actividades agropecuarias y rurales. En siete años de gestión la Entidad ha desembolsado recursos por cerca de 5 billones de pesos, beneficiando a cerca de 630 mil clientes. De los recursos desembolsados, el 82,2 por ciento se ha orientado a actividades agropecuarias, beneficiando alrededor de 530 mil productores, donde más de 438 mil son pequeños productores. Esto demuestra el interés del Banco Agrario por llegar prioritariamente a las pequeñas unidades productivas, que por lo general tienen dificultades de acceso al financiamiento. En esa dirección, el Banco Agrario está implementando un programa de microcrédito rural no agropecuario como complemento al financiamiento en las zonas rurales. Se busca llegar a la pequeña empresa de transformación y de servicios cuyas necesidades de crédito requieren ser atendidas con tecnología apropiada. De igual forma, el Banco Agrario se constituye en un canal para promover el ahorro de las familias rurales, facilitar la transferencia de recursos públicos y privados a zonas apartadas y servir de medio de pago de programas sociales de alto interés para el Gobierno Nacional. Este esfuerzo institucional del Banco Agrario por bancarizar el campo colombiano ha estado siempre fundamentado en el principio de autosostenibilidad. En este sentido, desde su creación la Institución ha mantenido indicadores de solvencia, rentabilidad y gestión adecuados, consolidándose como una de las instituciones con mayor solidez del sistema financiero colombiano. En los años por venir el Banco Agrario jugará un papel preponderante en programas de gran alcance nacional, como el de Agricultura Ingreso Seguro, que marcará el derrotero del sector agropecuario en el TLC con Estados Unidos, así como en la estrategia de profundizar la bancarización a través de corresponsales no bancarios. La experiencia del Banco Agrario en sus siete años de gestión demuestra que es posible llevar servicios financieros a las zonas rurales sin afectar la sostenibilidad institucional, siempre que su operación esté soportada en claros principios de honestidad, transparencia, objetividad y eficiencia. Presidente Banco Agrario de Colombia "Es posible llevar servicios financieros a las zonas rurales sin afectar la sostenibilidad institucional”.

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