Los más brillant es ¿están liderando las empresas?

¿Cree que este país estaría mejor si contase con un mejor cuadro de gerentes, o es que los ‘mejores y los más brillantes’ están realmente liderando las empresas norteamericanas? Bruce Frohman, Modesto, California

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mayo 31 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-05-31

Eso depende del significado que dé a la palabra empresas. Si en su definición incluye la banca de inversiones, los fondos de cobertura y las firmas conocidas como private equity", entonces, la respuesta es un rotundo Sí. En cambio, si por empresas alude a compañías industriales y de servicio al consumidor que se hallan en el centro de nuestra economía, la respuesta es “cada vez más menos”. Y creo que allí hay un problema. Tal vez no sea un gran problema todavía. Pero existe una preocupante tendencia que emerge. Gran cantidad de talentosos ejecutivos están abandonando empresas de cotización en la bolsa por otras en las cuales el público no tiene acceso a sus acciones. Y no sólo en los escalones superiores. Está ocurriendo también en los niveles gerenciales medianos y en las escuelas de administración de empresas. Es cierto que los bancos de inversiones han contratado a entre un 10 y un 20 por ciento de los graduados de los programas de más prestigio de las escuelas de administración de empresas. Pero en la actualidad, un creciente número de graduados de esas escuelas, especialmente al tope de su clase, también están respondiendo a los cantos de sirena de los fondos de cobertura y de private equity (en ese tipo de empresas, los valores no pueden ser libremente canjeados en bolsas de valores). Por ejemplo, en el 2006, casi un 25 por ciento de la clase de graduados en la Escuela de Administración de Empresas de la universidad de Harvard fueron contratados en esas dos industrias. En la Tuck School, de Dartmouth, lo hizo un 10 por ciento, solo porque la oferta de empleos no fue más alta. Una de las razones, obviamente, es el dinero. Las bonificaciones a gerentes en empresas de cotización en la bolsa no pueden compararse con las pilas que son asignadas a ejecutivos en firmas financieras. Y sería difícil nombrar una empresa industrial o de servicios al consumidor donde un graduado en administración de empresas comienza con un salario y bonificación de 289.000 dólares. Pero creemos que esa tendencia no está relacionada totalmente con el pago. Hay también un fenómeno sociológico. Muchas personas, a las que encanta el mundo empresarial, desean alejarse de otras que lo desprecian o, al menos, desconfían seriamente de él. Todos saben que las empresas norteamericanas están siendo calumniadas en esta época más que nunca antes. Los llamados ‘accionistas activistas’ han puesto a la defensiva a la mayoría de las juntas directivas de las corporaciones. A raíz de eso, los ejecutivos han tenido que alejar la atención de iniciativas de crecimiento, fusiones y adquisiciones, globalización o cualquier cosa vagamente riesgosa que involucre construir el futuro. Entre tanto, el presidente de una junta directiva enfrenta el persistente escrutinio de medios de prensa en un medio ambiente de ‘culpable hasta que se demuestre su inocencia’. Por lo tanto, cuando firmas de private equity o de fondos de cobertura llaman ¿qué entusiasta de los negocios, joven o viejo, desdeñará esas llamadas? ¿Quién no querrá hacer negocios con el tipo de ‘cobertura’ que esas industrias ofrecen? Lo mismo ocurre con los bancos de inversiones. Sí, es cierto, la mayoría de esos bancos han pasado ahora a cotizar en la bolsa. Pero por alguna razón, tal vez porque la industria es conocida desde hace mucho tiempo por sus enormes bonificaciones, sus niveles de compensación no asombran tanto. No estamos respaldando esa nueva tendencia. Solo decimos que está surgiendo. Para responder a su pregunta, empresas estadounidenses ‘regulares’ necesitan a los mejores y a los más brillantes para prosperar en el mercado global. No podemos permitir que los mejores cerebros se dirijan a los extremos de la economía. Los necesitamos en primer plano. Aún más, los necesitamos allí en 30 años. Los fondos de cobertura, los bancos de inversiones y la private equity no son como consultorías, donde talentosos gerentes y egresados de escuelas de administración de empresas con frecuencia pasan tres o cinco años en esas firmas antes de retornar a la industria, más inteligentes y más ricos. No, una vez esas personas ingresan a ese ‘nuevo mundo feliz’ del que hablamos, muy pocas se van. El dinero es demasiado bueno, y la capacidad de hacer negocios sin un diseminado desprecio, demasiado gratificante. ¿LA SOLUCIÓN? La solución reside en las juntas directivas, que deben abandonar la mentalidad de búnker y enfrentar el problema antes de que sea demasiado tarde. Inclusive en el actual medio ambiente, los miembros de las juntas directivas deben trabajar para alentar creativos paquetes de compensación que vinculen grandes salarios con grandes desempeños. Hay que asegurarse que esos paquetes lleguen a todas las partes de la organización, muy por debajo de los cinco principales ejecutivos que generan la indignación de los medios de prensa y de los accionistas activistas. Aún más, las juntas directivas deben recordar que para los mejores y los más brillantes, el principal incentivo en una carrera no es sólo el dinero, sino el impacto. Las empresas necesitan ofrecer empleos capaces de causar entusiasmo y desafío. Tanto los ejecutivos como los egresados de las escuelas de administración de empresas, deben tener la autoridad suficiente para adoptar decisiones. Por supuesto, esas dos medidas no frenarán el flujo de grandes personas que se irán de la industria, pero podrían reducirlo. Las juntas directivas deben recordar que para los mejores y los más brillantes, el principal incentivo en una carrera no es sólo el dinero, sino el impacto.”.

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