Brújula / Lo que mal comienza…

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noviembre 29 de 2012 - 03:59 a.m.
2012-11-29

El ‘Tratado Americano de Soluciones Pacíficas’ o Pacto de Bogotá debió haberse firmado en el Capitolio Nacional, sede original de la IX Conferencia Panamericana, inaugurada el 30 de marzo de 1948.

El evento avanzaba sin novedad hasta el 9 de abril cuando el asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán derivó en la destrucción parcial del centro de Bogotá, hecho que obligó a un traslado a las instalaciones del Gimnasio Moderno, ubicadas en Chapinero, cuando este barrio hacía parte de la periferia bogotana.

Dicha cumbre, valga recordar, tuvo lugar en los albores de la Guerra Fría, factor que sin duda influyó en los acuerdos alcanzados y promovidos, en gran medida, por Estados Unidos.

Estos le dieron forma a la cooperación entre las naciones de la región y permitieron, entre otros, la creación de la Organización de Estados Americanos, además de la concreción del citado acuerdo en el que los 20 Estados firmantes se comprometieron “en abstenerse de la amenaza, del uso de la fuerza o de cualquier otro medio de coacción para el arreglo de sus controversias y en recurrir en todo tiempo a procedimientos pacíficos”.

Así nació el compromiso que puso al país en la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia con sede en La Haya, realidad que a partir de ayer tiene los días contados.

Un año, para ser más precisos.

Al optar por el camino, recomendado por los expertos, de la denuncia, el Gobierno busca evitar nuevas demandas que desemboquen en fallos perjudiciales para la Nación.

Más allá de los argumentos, en los libros de historia quedará el registro de una salida accidentada, así como fueron los hechos que rodearon la firma de este Pacto.

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