'Se busca un economista': Cecilia López Montaño

Este es un anuncio insólito para un país lleno de economistas prestantes, pero obedece a la triste casualidad de que ninguno de ellos está en el equipo económico del Gobierno.

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junio 30 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-06-30

Lo que sí hay en ese grupo son buenos técnicos, sin poder político, que se sienten acorralados, subutilizados, cuando no despreciados, por unos jefes más dedicados a la política que a entender la situación de la economía colombiana.

Por ello, se justifica la búsqueda de un economista de prestigio para que primero le diga la verdad al país y deje de hacer comparaciones ridículas con otros países para evadir la coyuntura actual y segundo, para que actúe: la economía colombiana está en recesión y pasarán varios años antes de que se recupere realmente. Los costos sociales, que ya eran altos en un modelo de confianza inversionista que terminó en un crecimiento sin empleo, serán inmensos frente a las nuevas realidades, ahora que al Gobierno se le torció el destino por sus propias culpas.

¿Cuántas veces se le dijo al Gobierno que su exceso de dádivas para el sector privado iba a tener un costo fiscal inmanejable? Regaló impuestos a las grandes empresas del país, sin pensar en la parte descendente del ciclo económico que además se le complicó por sus políticas procíclicas y por la crisis mundial. Hoy, no hay con qué hacer algo frente a un hueco fiscal cercano a los 11,8 billones de pesos, cuando no hay forma fácil de financiarlo ni dentro ni fuera del país.

No se trata de que sólo los economistas deban ser presidentes. Por supuesto que depende del economista que llegue al poder, pero lo que sí está demostrado es el inmenso peligro que representa el desprecio de un Primer Mandatario por los temas económicos. Sin la menor duda, un placer negativo es no ser la persona que le cuente al señor presidente Uribe que tiene que dañar su campaña para la reelección cortando Familias en Acción y frenando su Confianza Inversionista al no poder adjudicar más contratos de Estabilidad Jurídica ni más zonas francas.

Son muchos los voticos que se van a perder y muchos los gritos que se van a escuchar en la Casa de Nariño. ¡Qué delicia no estar por ahí!

Esta realidad explica la inmovilidad del Gobierno frente a las innumerables peticiones durante todo este año, para que implemente un plan de reactivación. No ha pasado nada y las consecuencias ya son obvias: siguen desplomados la industria, el comercio, el comercio exterior y la demanda interna, mientras se dispara la crisis laboral. Sólo se han dado propuestas como el seguro del desempleo que servirá para la próxima crisis y unos créditos que no arrancan. Inversión para generar empleo no se ve por ninguna parte. Y lo grave está por venir, sobre todo en plena campaña electoral. La economía sí importa a menos que las Farc le hagan el flaco favor al país de seguir postergando "El fin del fin" de mi general Padilla de León, y concentren la atención de la sociedad colombiana en la necesidad de poner otra vez como prioridad derrotarlas, dejando a un lado el tema económico y los dramas sociales que se derivan de la crisis en este campo.

Lo peor de todo es que la situación de la economía no sólo la opaca el conflicto armado, sino el uribismo de los gremios que confunden la política con la economía. Qué irresponsables que son y cuando todo esto se complique aún más, el país les debe pasar una cuenta de cobro. En vez de estar haciendo política que no es su función, deberían velar por los intereses reales de sus afiliados que se verán seriamente afectados por no haber prendido alarmas sobre el mal manejo económico. Como todo el mundo lo ha dicho, se viene una gran reforma tributaria que, conociendo al Gobierno, no será utilizada para grabar a los que no pagan impuestos sino que recaerá, como lo dijo Alejandro Gaviria, en el IVA y en los salarios.

Es decir, decisiones regresivas en un país con la mitad de su población bajo la línea de pobreza, con 12 por ciento de indigencia y sin generación de trabajo digno. No tiene la menor autoridad, el señor presidente Uribe, para replantear todas las dádivas que les dio a las grandes empresas nacionales, negociaciones que sí podría hacer un nuevo mandatario. Pero ¿cómo renegocia el señor Presidente las zonas francas que según Armando Montenegro, el Gobierno les "embutió" a muchos industriales? Y menos aún, los Contratos de Estabilidad Jurídica que congelaron a la carta durante 20 años, los impuestos a las 47 mayores empresas del país.

Como se dice coloquialmente, le tocó al Gobierno comer de su propio cocinado y ni el Chapulín Colorado podrá salvarlo de esto.
El punto de quiebre de toda esta realidad que ya salió a la luz es la situación de la población trabajadora de Colombia. Cada vez menos asalariados colombianos reciben la famosa prima semestral que tanto cuadraba la vida de los empleados de este país. Como lo mencionó El Tiempo "Ya no se beneficiarán los 7,5 millones de hace dos años, pues en esta ocasión, como consecuencia del deterioro del mercado laboral, medio millón de colombianos han quedado por fuera de ese beneficio".

Un informe reciente del Banco de la República, basado en estadísticas del Dane, precisa que al cierre del primer trimestre del 2009, había 17,6 millones de colombianos ocupados, de ellos sólo 7 millones asalariados. El resto, es decir 10,5 millones, trabajan por cuenta propia. Y ya se sabe lo que es cuenta propia: el negocio montado en el garaje, la venta multinivel, el negocio ambulante del R-4 con su familia, pero sin remuneración; servicio doméstico, jornaleros o trabajadores familiares sin pago. Es decir, trabajan por un plato de comida. Hace dos años, en el 2007, había más asalariados (7,56 millones) y menos personas en la informalidad.

Si estas cifras escandalizan, después de recorrer varias ciudades del país, se puede afirmar que para muchísimos colombianos, un salario mínimo con prestaciones es un inmenso lujo que muy pocos tienen.

Pero hay más. Una caminada por varios centros comerciales de barrios estrato 2 y 3, muestra la parálisis de la economía: a las cuatro de la tarde de un sábado, estaban recogiendo sus mercancías vendedoras del centro La Sabana, porque en todo el día no habían vendido nada. ¿Podrán las encuestas que muestran la popularidad del Gobierno opacar las consecuencias de un deterioro social inmenso en un país que desde siempre ha sido desigual e injusto?

Esta deplorable situación, que parece no conmueve al Gobierno ni tampoco lo toca, exige y justifica la búsqueda de un economista. Pero no cualquiera, no ese tipo de profesional que sigue creyendo que basta con crecer para que algún día les llegue algo a los pobres. Por fortuna, en medio de la crisis mundial, 'Todos son keynesianos', es decir, todos creemos en la necesaria intervención del Estado para generar empleo. Ya no se trata de una necedad de la oposición, sino de una realidad nacional que el Gobierno no sólo tiene que afrontar, sino asumir con responsabilidad, porque lleva la bobadita de siete años en el poder. Que no saque el espejo retrovisor, porque se verá a sí mismo.

No pierdan más tiempo: ¡busquen un economista! 

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