La caída de los metales tiene en aprietos a los comerciantes de chatarra

La caída de los metales tiene en aprietos a los comerciantes de chatarra

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octubre 31 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-10-31

Steve Sarnoff está atrapado en un clásico ajuste recesionario.

Este año, el dueño del negocio de chatarra General Metals Corp. pagó muchos dólares por pilas de latas de aluminio y alambres de cobre, creyendo que podría venderlos por más a fundidoras de metales y fabricantes.

Ahora que la demanda y el precio caen en picada, ¿qué debe hacer el empresario de Miami? Sarnoff tiene dos posibilidades: vender su inventario a precios muy bajos o esperar a que se recupere el mercado.

Hay miles de empresarios en todo el mundo que se encuentran en el mismo aprieto. Impulsados por la otrora insaciable demanda de China y otros países en desarrollo, los dueños de centros de servicios y los comerciantes de metales acumularon grandes reservas de chatarra, aluminio, cobre y níquel, esperando que los precios continuaran subiendo.

En los últimos seis meses, sin embargo, el precio de la chatarra ha caído casi 60% a aproximadamente US$400 por tonelada. El precio de la chatarra de aluminio ha descendido 33%, la de cobre 25% y la de níquel cerca de 15%. Peter Marcus, un analista de metales de World Steel Dynamics, dice: "Todavía no estamos cerca del fondo".

La mayoría de los comerciantes de chatarra en EE.UU. son negocios pequeños o medianos como General Metals, que emplea a 30 personas en dos sucursales. Algunos, no obstante, son unidades de grandes acereras como Nucor Corp. y Steel Dynamics Inc., las cuales compraron operaciones de chatarra independientes para garantizar un suministro de materias primas.

Usualmente, estos comerciantes recorren fabricantes, negocios y zonas de construcción en busca de metales reciclables. A veces pagan buen dinero para no quedar cortos cuando llame un cliente.

La chatarra es separada por tipo y grado y enviada a acereras o fabricantes de partes, que la derriten y la utilizan para hacer otros metales y productos.

Durante gran parte de los últimos dos años, la demanda y los precios de varios tipos de chatarra

¿ acero, aluminio, cobre y níquel¿ eran tan altos que los ladrones de metales merodeaban las calles robando barriles de cerveza, esculturas y tapas de alcantarillas para vendérselas a los comerciantes.

Sin embargo, el panorama se opacó cuando las automotrices empezaron a recortar la producción de todoterrenos tras el alza de la gasolina. El reventón de la burbuja inmobiliaria se tradujo en una menor necesidad de materia prima para hacer vigas de metal, aluminio para el revestimiento exterior y cobre para el cableado.

El derrumbe de la confi anza del consumidor congeló las ventas de refrigeradores y otros electrodomésticos hechos con metal.

Luego, los mercados internacionales se debilitaron. China, un gran consumidor de chatarra hasta hace poco, ahora limita las importaciones de chatarra de acero y otros metales, dicen analistas.

India, Rusia y Europa del Este también están comprando menos chatarra. Hace tan sólo unos meses, cuenta David Davis, su empresa Global Scrap & Dismantling, de Houston, estaba acumulando inventario para cubrirse contra un esperado incremento de los precios.  Ahora, esa chatarra de acero se encuentra apilada en sus depósitos.

"La gente no está comprando", dice. Las plantas de acero, sus mayores clientes, están recortando su producción.

Algunos comerciantes de chatarra recalcan que aunque el precio de la chatarra de acero ha caído a US$400 la tonelada, todavía es el doble del precio de 2003.
 

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