Caja Agraria: adiós a otra insignia nacional

En 1933, cuando la Caja Colombiana de Ahorros (la actual Caja Agraria) apenas llevaba dos años de su nacimiento, decidió incentivar el ahorro de los colombianos.

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marzo 05 de 2007 - 05:00 a. m.
2007-03-05

El Gobierno autorizó a la entidad para que las parejas que contrajeran matrimonio recibieran un regalo de cinco pesos que les eran consignados en una cuenta nueva de la institución. Aunque se puede afirmar que nadie se casó motivado por la opción de ganarse los cinco pesos, sí hay testimonios de que la Caja incrementó en 20 por ciento las cuentas de ahorro nuevas en esa época, impulsadas por las parejas que coincidencialmente se iban a casar en esos días y aprovecharon la ganga ofrecida por la entidad. Este es apenas uno de los recuerdos dejados por la Caja de Crédito Agrario Industrial y Minero, entidad creada por el Gobierno en 1931, cuyo proceso de liquidación se inició el 26 de junio de 1999, y que el próximo 15 de marzo desaparecerá definitivamente. Muy pocos colombianos recuerdan o saben que la Caja Agraria llegó a ser una de las entidades estatales con más récords nacionales: exceptuando las fuerzas militares, la Caja tuvo el mayor número de empleados (16.500); fue el banco más grande de Colombia; llegó a ser la institución financiera con la red de oficinas más numerosa (864), cifra que aún no ha sido superada por ninguna otra entidad; actuó como único banco en cerca de 500 municipios; alcanzó récord de usuarios: fue el mayor prestamista del campo; y en sus épocas de euforia entre 1960 y 1980, se convirtió en una de las empresas más pujantes de Colombia, hasta el punto de que en varias oportunidades figuró en el listado de compañías donde la gente deseaba trabajar. Es más, las familias colombianas se sentían orgullosas al decir que tenían un familiar ‘creditario’, nombre con el cual se les identificaba a los funcionarios de la entidad. La institución también tiene el registro de haber construido el primer edificio de Colombia que se levantó sobre una estructura metálica, para los cual se importaron 300 toneladas de acero y se utilizanron 600 toneladas de cemento. La obra, que demoró casi 10 años en construcción, está ubicada en la esquina de la Avenida Jiménez con carrera octava, de Bogotá. La importancia de la entidad era de tal magnitud, que la existencia de una oficina en un caserío o pueblo se convirtió en un argumento natural, no jurídico, para pedir que los ascendieran a la categoría de municipio. Las autoridades locales exponían como razón de peso, el hecho de que en su localidad había oficina de la Caja Agraria, para lograr el reconocimiento municipal. A ello se sumaba la importancia de que existiera además, iglesia, puesto de policía, cabina de Telecom, escuela, carnicería, granero, cantina y peluquería. A buena parte de los municipios del país llegó primero la Caja Agraria que los servicios públicos (acueducto, energía y teléfono). Es más, la entidad está a punto de desaparecer y muchas poblaciones siguen esperando agua, luz y teléfono. Y es que la presencia de la Caja Agraria daba caché. De hecho, el director de la oficina de la entidad y sus funcionarios estaban en la lista de los personajes más importantes del pueblo, a la par con el sacerdote, el alcalde y el comandante de policía. En su euforia, la Caja estaba vinculada a todas las ferias y fiestas agropecuarias del país y por varios años fue el patrocinador oficial de la Vuelta a Colombia, cuando el ciclismo era el deporte de mayor reconocimiento nacional. La era de las ‘vacas gordas’ se prolongó por 60 años, pero desde finales de los 80 comenzó la debacle. COMENZO LA CAIDA Las cifras positivas de la Caja Agraria desaparecieron desde 1989. A partir de ese año se acentuaron los malos resultados. No valieron los cambios en la administración de la entidad y ningún gobierno tuvo capacidad para frenar el desangre. Entonces ocurrió lo que se presagiaba. Agobiada por unas pérdidas diarias de 2.300 millones de pesos, y paros de trabajadores que duraban hasta un mes, período durante el cual prácticamente no se atendía al público, el Gobierno del presidente Andrés Pastrana tomó la decisión de liquidar la institución, tras ser intervenida por la Superintendencia Bancaria (hoy Financiera), luego de 68 años de vida y de haber funcionado para 20 presidentes de la República y una Junta Militar. CAUSAS DE LA CRISIS El último presidente de la entidad, Juan B. Pérez Rubiano explicó el 25 de junio de 1999, que la Caja Agraria no era viable por las siguientes razones: La cartera vencida ascendía a 577.000 millones de pesos; el índice de vencimiento ascendía a 38 por ciento; las pérdidas acumuladas ascendían a 400.000 millones de pesos; la caja tenía un patrimonio negativo de 2,1 billones de pesos, incluido el pasivo pensional, y los costos laborales eran los más altos del sistema financiero, debido a laxitud de la convenciones firmadas durante 35 años de existencia del sindicato, una de las organizaciones laborales más radicales que ha tenido el país. A pocos años del cierre de la Caja, el sindicato aseguró que la crisis de la entidad fue genrada por las políticas neoliberales del Gobierno de César Gaviria, el cierre de los agripuntos y la falta de apoyo estatal. Ahora, luego de ocho años de haber entrado en liquidación, proceso que en un principio se proyectó para tres años, la Caja desaparecerá el 15 de este mes, con la firma del acta final de liquidación. ‘ERA UN VERDADERO BANCO CON PUEBLOS’ Antonio Cuéllar, un curtido campesino huilense recuerda que durante 20 años trabajó con crédito de la Caja Agraria, de manera permanente. “Es que los campesinos y los pueblos giraban alrededor de la dinámica de la Caja . En otras palabras, esa era una entidad con pueblos”, afirma. Y las cifras así lo demuestran. La Caja Agraria entró en crisis a la par con la debacle del sector rural, registrada a comienzos de los 90, como consecuencia de la apertura económica. Si al campo le iba mal, a la Caja también. Sin embargo, para algunos, el problema radicó en que la entidad estaba diseñada para una política proteccionista y no para operar en condiciones de apertura y competencia en el mercado. La crisis de la Caja se profundizó con la recesión económica de 1998 y 1999, año en que cesó su operación, para ser sustituida por el Banco Agrario de Colombia, en sus funciones de financiar al campo colombiano. La nueva entidad tomó la mayoría de sus activos. "La presencia de la Caja Agraria les daba caché a los municipios y al propio sector agropecuario”. A la sede principal le bajaron tres pisos En 1939, el municipio de Bogotá le negó a la Caja Colombiana de Ahorros, la posibilidad de iniciar la construcción de un edificio de 16 pisos en el centro de la ciudad. La autorización se dio solamente para una torre de 13 pisos, que incluso en ese momento era el edificio más alto de Colombia. Cuando la nueva sede se inauguró, a finales de la década de los 40, la 'torre' de la Caja de Ahorros era considerada un "símbolo del progreso patrio". La obra duró 10 años en construcción y fue el primero del país en ser levantado sobre una estructura de 300 toneladas de hierro importado de Estados Unidos y 600 toneladas de cemento. El entonces gerente de la Caja Colombiana de Ahorros, Francisco Villaveces López, anunció la asignación de 3,5 millones de pesos para la construcción del edificio, destacando en su presentación, que estas iban a ser las “instalaciones más modernas de la República”. El lote había costado 824.000 pesos y fue adquirido a dos empresas. Desde esa época, en el país se hablaba de falta de visión de muchos funcionarios públicos, como lo afirmó el gerente Villaveces, en una entrevista concedida en 1948 a la revista Colombia Económica, donde denunció la serie de trabas que se presentaron para llevar a cabo la construcción, e incluso para loa importación de materiales. De acuerdo en esa publicación, la obra no solamente se demoró varios años en proyecto, sino que después de haberse iniciado estuvo paralizada varios años porque había problemas para la importación del hierro desde Estados Unidos. Es más, el gerente de la entidad, Francisco Villaveces tomó vacaciones y se fue para Estados Unidos. Cuando estaba allá, se dedicó a hacer los trámites para la compra de los materiales y el respectivo despacho a Colombia. El contrato se firmó durante ese viaje con la empresa United States Steel Corporation. La obra se inauguró a finales de los 40 y aunque ya dejó de funcionar como Caja Agraria, el nuevo dueño es el Banco Agrario, entidad que sustituyó en sus funciones a la extinta financiadora del campo.

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