La calentura en las sábanas

El Congreso norteamericano trata de bloquear el superávit comercial chino con Estados Unidos tratando de imponer aranceles adicionales a las importaciones desde China, y han denunciado a China como un manipulador de moneda, un exportador ilegal con subsidios y un violador de los derechos a la propiedad intelectual.

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julio 03 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-07-03

Afortunadamente, una guerra comercial no se ve en lontananza. Los congresistas líderes parecen inclinados a actuar de acuerdo a las reglas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que limita el alcance y la escala de cualesquiera barreras que Estados Unidos quiera imponer unilateralmente. Un paralelo preocupante es la ‘japonofobia’ de los tiempos de los años 80 y principios de los 90. En esos tiempos, el creciente superávit bilateral japonés de comercio con Estados Unidos, y sus crecientes reservas monetarias de cambio extranjero fueron vistas como ‘prueba’ de su moneda manipulada y su actitud mercantilista. La paranoia norteamericana aumentó a medida que el desempleo en E.U. creció, en especial cuando los japoneses empezaron a comprar empresas tales como el Rockefeller Center. De hecho, la burbuja de la economía japonesa terminó explotando, pero no antes de que se produjera un alarmante proteccionismo. La tensión económica aún minó el respaldo en ambos países de la alianza de seguridad entre Estados Unidos y Japón. El caso contra China es aún más débil que el de Japón. A pesar de lo mucho más pobre que China es de lo que era Japón en ese tiempo, China es ya el más grande mercado exportador para E.U., y en contraste a los años 80, la OMC ahora existe como un juez para disputas de comercio. Pero la lógica cuenta menos que las molestias políticas. La tan baja tasa de desempleo en E.U., parece que más bien subirá debido a la caída en el sector de casas de habitación. Más preocupante aún son los riesgos estratégicos que serán entendibles si las políticas de China representaran una amenaza a la salud económica de E.U., pero ello no es así. Las violaciones de China a la propiedad intelectual le cuestan a las firmas norteamericanas mucho menos de lo que pudiera pensarse. Los DVD pirateados se podrán vender por centavos en los mercados de Shanghai, pero si Hollywood tratara de vender los artículos genuinos a precio full, rápidamente descubriría que la mayoría de los chinos no los podrían comprar. De igual manera, un yen revaluado haría poco para disminuir el déficit comercial de E.U., pero este es un tema para otra columna de periódico. Más bien que cazar peleas sobre la moneda china, el Congreso norteamericano debe retroceder y preguntarse porqué los norteamericanos están tan ofuscados con China. La respuesta es que China es un chivo expiatorio para ansiedades más grandes que tienen que ver con jornales estancados, desigualdad creciente de ingresos y el peligro de la disminución posible en salud y pensiones. No hay que olvidar que el aumento de barreras a mercancías chinas baratas golpearía desproporcionadamente los bolsillos de los consumidores más pobres o de ingresos medios, la gente que los demócratas en particular quieren proteger. Ingeniero químico "Las violaciones de China a la propiedad intelectual le cuestan a las firmas norteamericanas mucho menos de lo que pudiera pensarse”.

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