Los ‘calientasillas’ en la junta directiva

Estoy en una junta directiva junto con dos miembros que, durante el último año, han hecho y dicho muy poco. Sin embargo, han sido reelectos por unanimidad con el respaldo del comité de nominaciones. ¿Qué piensan de eso? Nombre retenido. Nueva York.

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agosto 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-08-30

Usted dice que dos ‘calientasillas’ en su junta directiva fueron reelectos por unanimidad. ¿Eso significa que usted también votó por ellos? Si eso es así, no se preocupe. Usted no es el único miembro de una junta directiva que soporta compañeros ineficaces en la junta. Eso no significa que haya que poner fin a las juntas directivas. En su conjunto, añaden valor. Pero las juntas directivas suelen tolerar un problemático desempeño de uno o dos de sus miembros. Es algo muy difícil de erradicar, ya sea por cuestiones políticas o que demoran mucho tiempo. Esa, lamentablemente, es la razón por la cual muchas juntas directivas, tanto en los sectores privado como público, no hacen la plena contribución que deberían y podrían realizar. Para que quede claro, no estamos hablando de la conducta de una junta directiva que es criminal. Con algunas famosas excepciones, las juntas directivas echan a cualquiera que no acate la ley. No, aludimos al tipo de conducta en una junta directiva que es perfectamente legal, y al mismo tiempo, perfectamente destructiva. Al menos, en nuestra opinión, existen cinco. Comencemos con el tipo de miembro de una junta directiva descrito en su carta: ‘Aquel que no hace nada’. Algunos de esos individuos están demasiado ocupados con sus propias compañías, o con otras juntas directivas. O tal vez están preocupados por sus vidas en general y no se preocupan por una junta directiva en particular. Si se piensa que el miembro de una junta directiva en Estados Unidos puede obtener entre 25.000 y 100.000 dólares anuales, un directivo obtiene una buena cantidad de dinero. En el sector privado, con frecuencia la recompensa es el prestigio. Por lo tanto, aquellos que no hacen nada en muy escasas ocasiones cuestionan alguna decisión. O tampoco se aventuran a tomarle el pulso a la compañía, a fin de determinar si lo que escuchan acerca de valores y de estrategia puede ser cotejado con los sentimientos de los empleados. Esos individuos son muy desagradables, pero no tan peligrosos como el tipo número dos en nuestra taxonomía, aquellos que agitan ‘la bandera blanca de rendición’.Temen quedar manchados por alguna controversia, como una demanda colectiva o la protesta de los activistas. Les falta coraje, un atributo clave de cualquier miembro de una junta directiva. Con cada desafío público o privado, contaminan la junta directiva tratando de llegar a toda costa a un acuerdo, aunque eso signifique vender todo. Lo importante es eludir los peligros. Por cierto, una junta directiva debe en ocasiones zanjar una disputa, pero nunca antes que la organización realice un exhaustivo análisis de los hechos. Tal proceso crea una cultura de confianza entre la gerencia y la junta directiva, y es sólo en ese medio ambiente donde los riesgos pueden y deben asumirse. ‘El Conspirador’ es el tercer tipo de mal miembro de una junta directiva. Ese es el director que está sentado en las reuniones sin dar a conocer su pensamiento. Por cierto, el conspirador suele apoyar al bando prevaleciente, pero luego trabaja entre bastidores, tratando de concretar otra agenda, la suya. Los buenos miembros de una junta directiva logran acallar a esos intrigantes de palacio. Pero un conspirador representa su propio comité ejecutivo. El resultado es una junta secreta, dentro de una junta directiva, que transforma al resto de los directores en ciudadanos de segunda clase. Eso socava la relación entre la junta directiva y la gerencia. Los ejecutivos nunca saben si un miembro de la junta directiva está hablando por su cuenta, por toda la junta directiva, o por el conspirador. Los buenos directores se concentran en las amplias perspectivas, en la sucesión y en la estrategia. En cambio, el cuarto tipo de mal integrante de una junta directiva hace algo distinto. Se trata de ‘El Entrometido’. En lugar de reunirse con talentos potenciales y discutir la dinámica de la industria, los entrometidos enredan todo en base a detalles operacionales. Parecen olvidar que se ha elegido a los miembros de la junta directiva por su inteligencia, por sus sanos consejos y por su juicio, no para que administren cotidianamente una empresa. Y finalmente, está el ‘Pontificador’. Se trata de una persona que sólo se escucha a sí misma, especialmente cuando opina sobre ‘asuntos de estado’, tales como eventos mundiales, tendencias sociales, la historia de la compañía, o su área particular de pericia. Como los entrometidos, los pontificadores distraen a la junta directiva de los intereses reales, y además, irritan a sus colegas. Si usted es miembro de una junta directiva, es más fácil, por supuesto, dejar que un par de seres que no hacen nada estén sentados en la sala de conferencias hasta que se jubilen, antes que tolerar a algunas banderas blancas de rendición que se acobardan, en tanto el resto del grupo lidia con las crisis. Es más fácil intentar aislar o eludir a intrigantes, e ignorar a entrometidos y a pontificadores. Pero imagine lo bueno que sería si los comités encargados de las nominaciones, y que se ocupan de examinar a miembros potenciales, encararan los casos difíciles que están frente a ellos. Después de todo, sólo una junta directiva puede encargarse de que sus miembros muestren su conducta mejor. Jack y Suzy Welch son autores del libro ‘Winning’. Pueden enviarles preguntas por correo electrónico a winning@nytimes.com. ''En su conjunto, añaden valor. Pero las juntas directivas suelen tolerar un problemático desempeño de uno o dos de sus miembros. Es algo muy difícil de erradicar, ya sea por cuestiones políticas o que demoran mucho tiempo”.WILABR

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