Calificación negativa, pero positiva

Se afirma que Colombia es un alumno aplicado, porque tradicionalmente ha cumplido con todas -o casi todas- las tareas que en materia de política económica suelen asignar los organismos internacionales. Las sucesivas y controvertidas reformas tributarias y el reajuste permanente en el precio de los combustibles son tal vez los ejemplos más evidentes de esa buena conducta. Sin embargo, los jueces internacionales en que se han convertido las calificadoras de riesgo, cuyo papel -dicho sea de paso- está en tela de juicio a raíz de la crisis hipotecaria en los Estados Unidos, no parecen reconocer el buen comportamiento de la economía colombiana y de sus gobiernos y le mantienen a la deuda externa una nota de no aprobado (‘grado especulativo’ en la jerga financiera).

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junio 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-06-30

A Colombia le ocurre lo mismo que a muchos estudiantes que son los primeros en llegar a clase, toman apuntes al pie de la letra, fotocopian (nunca compran) los libros recomendados, pero a pesar de tantas buenas intenciones, a la hora de presentar las pruebas no obtienen el mínimo requerido para pasar la materia. Buenas intenciones no siempre son garantía de buenos resultados. Está también claro que el factor determinante en la no superación de la prueba lo constituye el monto del gasto público que año tras año crece desproporcionadamente y que cada vez absorbe una porción mayor del PIB. Como resultado de esta situación el déficit fiscal -cualquiera que sea la metodología empleada para su medición- sigue estando por encima de lo que los estándares internacionales aceptan como tolerable, muy a pesar de la favorable evolución de los recaudos tributarios y de los cuantiosos procesos de privatización ocurridos en los últimos años. Si el déficit fiscal está en los niveles en que está con estos dos ingredientes favorables ¿cuál no sería su monto si no se hubiesen presentado casos de privatización tan exitosos como Bancafé y Granahorrar? Casi hasta el cansancio el viceministro de Hacienda Óscar Iván Zuluaga -viceministro, porque como ocurre en la mayoría de las carteras, el ministro en propiedad es el Jefe del Estado- responde a los críticos con el argumento de que el gasto público en Colombia- por razones políticas y constitucionales- es totalmente inflexible a la baja. En su papel de ordenador del gasto, este funcionario está obligado a girar todos los años cinco ‘macrocheques’ que en su orden corresponden, al funcionamiento de las entidades públicas (incluido aquí el desbordado gasto militar, a pesar de que la principal estrategia para enfrentar la subversión está demostrando ser la recompensa a los delatores), al pago de las pensiones del sector privado no cubiertas por el Seguro Social, al giro de las transferencias a los entes territoriales ordenado por la Carta Magna, al servicio de la deuda pública tanto interna como externa (mucho más la primera que la segunda) y finalmente a los dineros en favor de la cenicienta del sector público que tradicionalmente ha sido y sigue siendo la inversión. Ya se ha anunciado que el tímido recorte previsto para el 2009, va todo por cuenta de los proyectos de inversión. Por no ahorrar en funcionamiento se hipoteca el futuro. Curiosamente, el hecho de que hasta la fecha los jueces internacionales no hayan mejorado la nota de la deuda de Colombia, en vez de ser un factor negativo puede convertirse en un elemento positivo. Si la tasa de cambio ha tocado niveles tan bajos por el ingreso masivo de capitales del exterior con una calificación insuficiente, ¿qué tal que nos mejorasen la nota? Ni una muralla china sería capaz de contener el torrente de dólares que nos llegaría del exterior y la supuesta enfermedad holandesa adquiriría características de epidemia. Ante unas condiciones externas más favorables ¿cómo impedir que el Gobierno se endeudase más en el exterior? Mejor, dejemos así y evitémonos tentaciones.'' Ni una muralla china sería capaz de contener el torrente de dólares que nos llegaría del exterior.WILABR

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