Un cambio bienvenido

Un cambio bienvenido

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junio 30 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-06-30

No es pequeña la modificación que empieza a operar mañana y que concierne a cerca de seis millones de trabajadores colombianos. Todo por cuenta de una realidad innegable. Como es bien conocido, uno de los mayores desafíos que han enfrentado los administradores de los portafolios de cesantías es la fuerte concentración de retiros de estos ahorros -que son un seguro contra el desempleo- durante los meses siguientes al 14 de febrero, el plazo máximo que tienen las empresas para la consignación de los dineros de sus empleados. De acuerdo con las cifras históricas, durante el segundo mes del año se ha observado un incremento de los recursos administrados cercano al 32 por ciento del valor de los fondos existentes, lo cual representó en el 2009 y el 2010 un flujo positivo superior a los dos billones de pesos. Sin embargo, en el periodo comprendido entre febrero y agosto del 2009 los retiros sumaron casi 1,5 billones. La fuerte concentración de esa salida de dinero en un lapso tan corto ha obligado a los administradores de los portafolios a mantener niveles elevados de liquidez y de activos de corto plazo, reduciendo así los riesgos de mercado, pero también rebajando las rentabilidades de los afiliados que dejan sus recursos en el sistema por periodos superiores a seis meses. En esas circunstancias, la Ley 1328 de 2009 estableció la creación de dos portafolios en los fondos de cesantías. El primero fue establecido con el objetivo de beneficiar a los empleados que prefieran el ahorro de largo plazo, mediante el aumento de los rendimientos esperados, y el segundo con el fin de proteger los capitales de los empleados que hagan sus retiros rápidamente. De esta forma, dicha reforma reconoció que existen realidades divergentes. En la opción de corto plazo, el énfasis se da en inversiones que permitan reducir, de gran manera, tanto la probabilidad de rentabilidades negativas, como el riesgo de liquidez. No obstante, la mitigación de dichos riesgos afectará los rendimientos del portafolio, por lo cual si el afiliado busca obtener una buena ganancia a partir de sus recursos y no realizar un retiro inmediato, la aconsejable es la segunda alternativa. Así, los asociados de largo plazo tendrán colocado su dinero en un universo de papeles que se aproxima al imperante hasta hoy para las cesantías. Estas han presentado rentabilidades mensuales promedio, desde el 2004, cercanas al 0,79 por ciento mensual, lo cual equivale al 10 por ciento efectivo anual. Si bien quien escoja dicho escenario estará expuesto a vaivenes propios del mercado, es importante considerar que tal portafolio no ha presentado históricamente rendimientos negativas por periodos mayores a cuatro meses, y normalmente estas son compensadas en los meses siguientes. Pero más allá de los tecnicismos, el cambio que empieza a operar mañana es bienvenido. De un lado, introduce conceptos de modernidad y especialización, que eran necesarios. Del otro, sirve como abrebocas para los fondos de pensiones, pues no está lejano el día en que las sociedades administradoras adopten el esquema de multifondos en esta categoría. Lo anterior implica, de paso, un esfuerzo pedagógico considerable. No sólo se trata de explicarle a la gente los pro y los contra de irse por un camino o por el otro, sino estar preparados para atender reclamos de quienes aleguen haber sido mal informados. La razón es que, implícitamente, la carga de la responsabilidad regresa a las personas, aunque eso no exime a las instituciones de lavarse las manos si los resultados no son los esperados. Dicho lo anterior, es necesario hacer una consideración final. Esta es que lo mejor que pueden hacer los trabajadores que tienen derecho a las cesantías es que no las saquen y que, cuando lo hagan, sólo en el momento que se hayan quedado sin empleo, que fue el objetivo original a la hora de su creación. Es una lástima que, en la normatividad que fue expedida por el Gobierno, no se incluyeron medidas para impedir el retiro de estos recursos. Es bien conocido que, muchas veces, lo que debería ser una reserva para el largo plazo se gasta como dinero de bolsillo. Y que estos ahorros se destinan a actividades diferentes a las que considera la ley, como son la financiación de vivienda o la educación superior de los hijos. El nuevo esquema que comienza a operar en Colombia, para quienes tienen depositadas sus cesantías, es un paso a la modernidad que implica, de paso, un esfuerzo pedagógico considerable.ANDRUI

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