Los carteles de la fauna

A raíz de un reciente decomiso, en el aeropuerto Eldorado, de 48 ranas venenosas 'cocoi', típicas del Chocó, este diario informó el pasado sábado sobre el triste récord del tráfico de fauna en Bogotá, que se ha convertido en puerto de alto vuelo para vender animales sacados de nuestras selvas en todas las regiones del país. Según la Secretaría Distrital -se informaba-, el año pasado en la capital fueron decomisados por la Policía 3.923 animales de toda clase. En el 2010 se habían incautado 3.342; en el 2009, 3.195, y en el 2008, 2.963. Con esa tendencia al alza del vergonzoso tráfico, en el 2012 la cifra criminal -porque es un crimen contra la biodiversidad- bordeará los 4.500 animales.

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enero 30 de 2012 - 05:00 a.m.
2012-01-30

Es una tragedia natural que debe causar repudio, aunque no es nueva. Ya en 1977, la Unidad Investigativa de EL TIEMPO denunciaba el tráfico de la fauna, con tentáculos internacionales. El delito, que es el tercero en el mundo, después de los de estupefacientes y las armas, no se ha detenido, más bien crece y mueve cifras que escandalizan. Se habla de 17.000 millones de dólares en todo el mundo, según la Interpol. Aunque hay otros números, que alcanzan los 22.000 millones. En Colombia, cuyas selvas abrigan el 10 por ciento de la flora y de la fauna de este cada vez más escarpado planeta, se han creado verdaderos carteles del mencionado comercio ilegal, que maltrata y mata las especies, además de que las pone en peligro de extinción. Según un informe de la Contraloría General de la República, del 2006, hay 199 especies en riesgo de desaparecer. Una causa es el detestable negocio, alimentado por coleccionistas, experimentos de la ciencia, espectáculos y quienes compran animales para tenerlos como mascotas y pagan sumas millonarias. ¿Cómo evitar que ranas, aves de toda clase, reptiles, felinos, micos, escarabajos, tortugas, babillas, caimanes negros y muchos otros animales terminen en manos de los delincuentes? Hay mucho que hacer, comenzando por aplicar la ley en forma severa, porque existe, con cárcel hasta de 90 meses y multas millonarias. Se requiere un compromiso nacional, policial y legal más latente, coordinación entre los organismos de control. Y un esfuerzo máximo del ministerio del ramo. En todo caso, hay que cortarles las alas a los carteles de las especies. editorial@eltiempo.com.co HERJOS

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