El cerebro se ha convertido en un huérfano que no tiene dolientes

El cerebro también se infarta. Y lo hace con tanta frecuencia que los accidentes vasculares del cerebro, conocidos como stroke por su nombre en inglés, son la tercera causa de muerte en Colombia, después del infarto y de la violencia.

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octubre 31 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-10-31

Porque al cerebro también lo alimentan arterias que se obstruyen o se rompen. A él igualmente le afectan la diabetes, la hipertensión arterial, el sedentarismo, la comida chatarra, la obesidad, la depresión y las rabias, entre otros.Sí, el cerebro es tan fuerte pero también es tan frágil como lo es el corazón. Y,cuando no funciona bien, cae en peligro la integridad del hombre y su misma vida.Pero resulta que ese cerebro –que está por allá metido dentro de una caja, aparentemente ajeno, siempre silencioso- no goza de la misma popularidad que el corazón. Y a ese miembro, solemos olvidarlo; rara vez recordamos que él necesita cuidados y hasta mimos para funcionar a plenitud. “El cerebro es como un huérfano, no tiene dolientes”, dice el doctor Javier Torres Zafra, presidente de la Asociación Colombiana de Neurología.Precisamente, los neurólogos colombianos decidieron que ya era hora de que el país supiera mucho más acerca del cerebro y de las enfermedades y accidentes que le aquejan. Por ello, decidieron emprender, en este mes de noviembre, una gran ofensiva pedagógica: cualquier persona puede sufrir de un derrame, de una trombosis o de un ataque cerebral. Cualquiera: joven o mayor, hombre y mujer, obeso o delgado. Es una amenaza latente para todas las personas.Dos son los principales accidentes que pueden darse en el cerebro: el primero, una isquemia, infarto o, como se le conoce popularmente, trombosis. El segundo, una hemorragia o, también como se le suele llamar, un derrame. El primer caso, que es el más frecuente, es un proceso similar al que se presenta en el corazón: una arteria se ve obstruida por un trombo o un coágulo, se interrumpe el flujo sanguíneo y muere la porción de tejido que debía ser irrigada y no lo es. Los daños tienen muy diversas características y secuelas según la magnitud del tejido infartado o isquémico, según la ubicación dentro del mismo mapa cerebral y según el tiempo que transcurre antes de recibir atención médica.En el segundo caso, una arteria se rompe, dando paso a una hemorragia. Puede tratarse de una arteria cuyas paredes se han ido debilitando como consecuencia de distintos eventos, tales como la hipertensión arterial mal controlada o la diabetes. Igualmente puede ser consecuencia de un aneurisma, defecto que se presenta en la arteria y que lleva a que ésta se ‘chispotee’ como la llanta de un carro.Pero, antes de llegar a la enfermedad vascular cerebral y al accidente, existe un estado previo. Digamos, una antesala. Y es ésta la que los neurólogos insisten en dar a conocer: se trata del ataque isquémico transitorio. Lo describen como un amago de trombosis. Cuando este ocurre –más adelante se describen los síntomas- la persona debe acudir de urgencia a consulta con un neurólogo porque, al recibir el tratamiento adecuado, se hace posible evitar la ocurrencia del accidente cerebral como tal. -La hora doradaCuando ocurre un accidente cerebral, es absolutamente indispensable ir de inmediato a un servicio de urgencias. Si la persona recibe atención en el curso de las tres primeras horas después de ocurrido, los médicos pueden ofrecerle buenas garantías para salvar su vida y quedar con las menores secuelas posibles. En las tres siguientes horas, o sea antes de que se cumplan las seis horas después del infarto o el derrame, también se le puede ofrecer un tratamiento muy efectivo aunque más complicado.Esto reitera la importancia de no esperar. El cerbero también es tiempo, dicen los neurólogos. -Enfermermedades cerebrales transitorias El ataque isquémico transitorio es similar a la angina de pecho que, cuando se presenta, permite presagiar o anticipar que ocurrirá un infarto. Se reconoce por sus manifestaciones o síntomas. Ocurren de manera imprevista, súbita y suelen ser agudos. Son pasajeros, tienen una duración promedio de 10 minutos después de los cuales no quedan rezagos. Los síntomas incluyen: Desorientación,pérdida del habla, hormigueo en alguna extremidad, dolor de cabeza súbito sin causa aparente y no necesariamente muy severo, trastornos de la visión y visión doble.Esta última es una alarma roja en el campo de la neurología: una persona que comienza a ver doble requiere de una inmediata y urgente atención.Con demasiada frecuencia estas manifestaciones pasajeras son mal interpretadas. Muchos las atribuyen a estado de cansancio, a tensión nerviosa, estrés, y hasta a malestares digestivos. De allí que se les descuide.Un hecho adicional contribuye a crear mayor confusión: como son síntomas que desaparecen sin dejar rastro –aparente- en el momento en que sí ocurre el accidente cerebral, la persona considera que éste será transitorio y no se apresura en consultar. Así se pierden oportunidades de evitar la muerte o secuelas realmente graves.GLORIA MOANACK Especial para PORTAFOLIO

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