Por qué China crece al 10 por ciento

Necesitamos pensar en grande y aprovechar al estas vitrinas mundiales. Para hablar de las riquezas naturales que tenemos y la manera de sacarles provecho, impulsando el turismo.

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mayo 31 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-05-31

Necesitamos pensar en grande y aprovechar al estas vitrinas mundiales. Para hablar de las riquezas naturales que tenemos y la manera de sacarles provecho, impulsando el turismo y vendiendo productos de hechos en Colombia.

Desde hace 18 años viajo a China con regularidad, y cada vez  me  asombro  más  de la capacidad de transformación de su gente y del empeño que han puesto sus dirigentes para convertirse en una potencia mundial. En 1992, cuando visité por primera vez este país asiático, tuve que llevar materias primas de Taiwán para que me hicieran los productos que necesitaba para complementar mi línea.  Hoy, ellos las tienen, como también mano de obra barata, y su economía crece al 10 por ciento.

En el 2010, en el marco del aniversario número 60 de la fundación de la Nueva China y del trigésimo del comienzo del proceso de reforma y apertura, podría convertirse en la segunda potencia económica mundial y desbancar de este puesto a Japón, uno de sus eternos rivales. Lo curioso es que están siguiendo los pasos de  éste. En 1964, el Imperio del Sol Naciente organizó los Juegos Olímpicos ,  y cuatro años más tarde la Exposición Universal de Osaka, que hasta hoy ostenta el récord del mayor número de visitantes: 64 millones de personas. Estos dos eventos marcaron el inicio de lo que se denominó el milagro japonés, la recuperación de la economía y el ingreso de su sociedad en un decidido proceso de internacionalización y modernización.

China organizó en el 2008, con todos los honores, los Juegos Olímpicos de Beijing. Ahora se le midió a otro evento de gran magnitud: la Exposición Universal de Shanghái 2010, cuyo lema es 'Mejor ciudad, mejor vida'. Los organizadores esperan 70 millones de visitantes, la gran mayoría ciudadanos chinos, que probablemente no han tenido contacto con el mundo que existe más allá de las fronteras. Es un impulso a la modernización del país.

La Expo 2010 se inauguró el pasado primero de mayo e irá hasta el próximo 31 de octubre. Está situada en el centro de Shanghái, en un área de 5,25 kilómetros cuadrados, en las riberas del río Huangpu, de la que fueron trasladadas 270 fábricas.

En todos los rincones de la ciudad económica y financiera de China se ven detalles que le recuerdan a los visitantes, nacionales o extranjeros,  que el país entero está sintonizado con la exposición, la más grande de la historia. Miles de voluntarios están listos para ayudar o guiar a los turistas, y el servicio de información en los hoteles y taxis es impecable.

Shanghái está decorada como si estuviera en una gran fiesta. China invirtió 4.200 millones de dólares, el doble de los Olímpicos, en este evento. Sólo en los últimos tres años se pusieron en funcionamiento 10 nuevas líneas de metro subterráneas, lo que convirtió a esta ciudad portuaria en la segunda con mayor número de vías de este tipo en el mundo, después de Londres.

Al ingresar a la exposición le dan a los visitantes un pasaporte de color verde de 48 páginas, que son selladas en cada uno de los pabellones, distribuidos en cinco zonas, de los 192 países participantes. A primera vista llama la atención la arquitectura y el derroche de tecnología de los pabellones de las naciones más desarrolladas del planeta.

Para destacar el de China, bautizado como La corona de Oriente, de color rojo como los antiguos palacios reales y nueve pisos -en un mes ya había recibido un millón de visitantes-; el rectangular de Italia, denominado La ciudad del hombre; el de Francia, conocido como La ciudad sensual; el de Alemania, Balancity; el de Canadá, Viviendo la ciudad; el de Estados Unidos, Haciendo frente al desafío; el de Suiza, que tiene una telesilla en el techo, y el de Rusia, que cuenta con 12 torres de 20 metros de alto.

Los pabellones de estos últimos cuatro países mostraron cómo puede ser la vida en las grandes ciudades bajo el concepto de desarrollo sostenible. Mientras que los de Italia, Alemania y México se centraron en los elementos de su esencia y destacaron su potencial. El de Italia, hecho con un cemento transparente, y formado por 20 módulos que representan igual número de regiones de este país europeo.

En su interior, me llamó la atención un gigantesco zapato de Salvatore Ferragamo, y los artesanos de la misma marca que trabajan frente al público en los lujosos productos de esta marca. Los encargados de atender a los visitantes están vestidos con uniformes diseñados por Prada.

El de Colombia, de 1.000 metros cuadrados, merece mención aparte. Un pequeño grupo de personas bien intencionadas hizo un esfuerzo importante para que el país no se quedara por fuera de este histórico evento. Sin embargo, se ve a leguas la improvisación, que todo se hizo a la carrera. La propuesta es pobre, limitada y nada creativa, y no refleja los 10 millones de dólares que se le invirtieron. En el primer piso hay una sala grande en la que se proyectan videos  -en inglés y mandarín - sobre el país. En el segundo, una sala de reuniones para hacer negocios.

No hay nada interactivo ni que aluda al concepto general de la exposición. Lo mejor que tiene es su ubicación, pues se encuentra cerca de los pabellones de Canadá y EE.UU., -dos de los más visitados y llamativos de la exposición-. En conclusión, nos vemos como algunos de los 40 países africanos que se presentan en un solo pabellón, y eso no es posible, porque en los últimos ocho años el país ha cambiado en muchos aspectos.

El peso ha subido frente al dólar, nos estamos convirtiendo en un imán para los inversionistas y varios de nuestros destinos atraen cada vez a más turistas internacionales. Por otra parte, me parece pobre el cubrimiento que han hecho los medios de comunicación colombianos de la Expo 2010. Es verdad que en el país pasan infinidad de cosas todos los días, pero un evento de esta magnitud y trascendencia ameritaría más páginas.

En esto se refleja nuestro provincialismo. Seguimos creyendo que somos el ombligo del mundo y mirando sólo lo que pasa entre nuestras fronteras, pero las cosas cambiaron, y para bien o para mal la globalización es una fuerza incontenible.

Los medios podrían explicar la importancia económica y cultural que tiene esta exposición, en el país que dentro de poco se convertirá en el mayor mercado de consumidores del planeta. Lo hecho, hecho está. Sin embargo, para evitar un nuevo fiasco en la Exposición Universal de Milán, en el 2015, propongo que el próximo Presidente cree una comisión que se encargue de planear y estructurar con tiempo un proyecto que responda al tema del evento -alimentar el planeta, la energía para la vida- y muestre en una forma creativa y novedosa lo que es Colombia en realidad.

Esta comisión debería organizar un gran concurso para escoger al arquitecto o la firma encargada del diseño y construcción del pabellón, que podría tener un presupuesto de 45 millones de dólares. ¿De dónde saldrá este dinero? De todos los colombianos, mi idea es que cada uno de los 45 millones de ciudadanos aporte 20 centavos de dólar anuales durante los próximos cinco años.

Necesitamos pensar en grande y aprovechar al máximo estas vitrinas mundiales. No sólo para hablar de las riquezas naturales que tenemos, sino de la manera de sacarles provecho -por medio del turismo o impulsando proyectos de bonos verdes- y vendiendo productos de primera hechos en Colombia.

Por lo pronto, la Expo 2010 sigue su marcha. Hasta octubre se presentarán en sus diversos escenarios 25.000 espectáculos. Cuando termine el terreno en el que se llevó a cabo el evento, equivalente a 1.000 canchas de fútbol, se convertirá en un gran parque público, un nuevo atractivo para Shanghái, una ciudad en la que siempre encuentro cosas fascinantes y me permite darle un vistazo al futuro.

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