China debería apostarle más a su mercado interno

Se estima que un tercio del crecimiento del ingreso de China en los años previos al estallido de la crisis global se de- bió a las exportaciones, gracias a su crecimiento de 25% anual.

POR:
agosto 31 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-08-31

Retomar la tendencia creciente de la economía exige un importante incremento en la participación del ingreso de los hogares en el PIB. De continuar los altos niveles de crecimiento, en menos de dos décadas, China podría ser la primera economía del mundo.

El rápido crecimiento de la economía China, con niveles promedio de 10 por ciento en los últimos años, la ha situado como la segunda economía más grande del mundo, después de Estados Unidos, superando a Japón, que desde hace dos décadas registra niveles de crecimiento muy bajos, como en el último trimestre donde apenas creció 0,1 por ciento.

Cada año China exporta cerca de 1,2 billones de dólares en bienes, la mayoría ensamblados con piezas importadas, y supera a EE. UU. en 100 millones de dólares. En la década pasada las exportaciones chinas crecieron dos veces más rápido que el comercio mundial y dobló su participación en el comercio mundial de mercancías.

De continuar esta tendencia, en menos de dos décadas, China podría ser la primera economía del mundo. Sin embargo, para que ello ocurra se requiere un cambio sustancial en la orientación del crecimiento económico, que se sustente en una mayor dinámica del consumo interno, que complemente la actividad exportadora.

Al analizar el desempeño económico reciente de las economías que se han soportado en la dinámica exportadora y en la inversión extranjera (como es el caso de China y los países del sudeste asiático: Corea, Taiwán, Singapur, Hong Kong, entre otros), surgen dudas sobre la sostenibilidad de su crecimiento; lo cual ha quedado evidenciado con su pobre actividad en la época post-recesión de las economías de EE. UU. y Europa, principalmente.

En estos países y en otros como Malasia, México, Holanda, Alemania y Bélgica, entre otros, las re-exportaciones han crecido más rápido que la producción doméstica. Bélgica reporta un 62 por ciento de contenidos importados en las exportaciones, Alemania 42 por ciento y Dinamarca 41,8 por ciento.

En todos estos países las exportaciones tienen un contenido más alto de las importaciones que el gasto público y el gasto privado. Cuando un país enfrenta una reducción en el gasto privado, sus importaciones tienden a caer, aún cuando se tomen decisiones para estabilizar la demanda agregada y el ingreso, a través de un aumento en el gasto público.

Esto ocasiona una reducción en la dinámica económica de los países exportadores, que no puede ser neutralizada con una expansión fiscal. Bajo estas circunstancias, el comercio internacional se reduce más rápido que el ingreso, como ocurrió en la reciente crisis global.

Importaciones para exportar

Las exportaciones chinas contienen en promedio 50 por ciento de materia importada, es decir, que el valor agregado que genera a nivel doméstico, por las exportaciones, representa menos de la mitad de su valor bruto. En términos de valor agregado, la participación de las exportaciones en el PIB es del 20 por ciento. Las exportaciones procesadas (ensambladas), se sustentan muy poco en insumos de otros sectores de la economía nacional.

De otro lado, el contenido de productos importados en el consumo en China es bastante bajo, en comparación con otras economías avanzadas. Cerca del 60 por ciento de las importaciones son usadas, directa o indirectamente, para los bienes exportables, menos del 15 por ciento para consumo y el 25 por ciento para inversión.

 Así, la economía china aparece como abierta a las importaciones para poder exportar y realizar inversiones orientadas a la exportación, pero no para el consumo doméstico. A pesar del alto contenido importado de las exportaciones, se estima que un tercio del crecimiento del ingreso de China en los años previos al estallido de la crisis global se debió a las exportaciones, gracias a su crecimiento excepcional de 25 por ciento anual.

 Una reducción de 10 puntos porcentuales en la tasa de crecimiento de las exportaciones podría reducir el PIB de China en al menos 2,5 puntos porcentuales, incluyendo los efectos en el consumo y en la inversión doméstica. La aguda contracción de las exportaciones en 2009, ocasionó un cambio de 6 por ciento en su contribución al crecimiento económico.

 A pesar de la fuerte intervención, a través del gasto público, su efecto incentivó -parcialmente- el crecimiento de la demanda doméstica, y se estima que el PIB en 2009 permaneció entre 2,5 y 3 por ciento por debajo del promedio entre 2002 y 2007.

Recuperar el ritmo de crecimiento

Un retorno a la tendencia de crecimiento del ingreso en China a los niveles del 10 por ciento, basado en las exportaciones, requeriría continuar con los amplios avances en el mercado exterior. Sin embargo, si tal expansión no es factible, por las condiciones económicas externas, la opción es incentivar el consumo doméstico. En China la participación del consumo privado en el PIB se ha venido reduciendo: pasó del 55 por ciento, a finales de los 90, al 36 por ciento en 2008.

Se calcula que por cada 10 por ciento de reducción en la tasa de crecimiento de las exportaciones, el consumo debería crecer al menos 5 puntos porcentuales para estabilizar el crecimiento. La inversión también debe moderarse, para afrontar el problema de exceso de capacidad en muchos sectores, agravado por los programas de estímulos recientes.

El bajo consumo en China no se debe a los ahorros de los hogares, sino a la baja participación del ingreso de los hogares en el PIB. Esto se ve reflejado en la disminución de la participación del consumo privado. Por el contrario, los beneficios generados por las empresas han aumentado en forma continua, superando el 30 por ciento de su participación en el PIB, muy superior a lo que se vio en la industrialización de Japón y de las llamadas nuevas economías industrializadas, en donde tal participación no excedía el 20 por ciento.

Todo esto evidencia la disparidad entre el consumo y la inversión y la dependencia de mercados extranjeros, como un reflejo de las desbalances entre salarios y beneficios, y entre el ingreso de los hogares y de las corporaciones. Para retornar al crecimiento rápido y sostenido, esta situación se debe corregir, en forma tal que se puedan generar las bases que permitan incentivar el mercado doméstico.

El éxito de la industrialización depende profundamente del ritmo de acumulación del capital, que a su vez depende del volumen de los beneficios y el nivel en que ellos son usados para inversión. La dinámica del nexo beneficios-inversión, más que los ahorros de los hogares, fue la clave del éxito en la industrialización de los países del sudeste asiático. China no es una excepción. .

Mano de obra barata y moneda devaluada

A diferencia de China, países como Japón y Corea, no se sustentaron en una fuerza de trabajo barata y en una moneda devaluada. En estos países los salarios y el consumo privado crecieron al mismo ritmo que la productividad y sustentaron la expansión de la capacidad productiva generando un mercado interno creciente.

El consumo privado como proporción del PIB en Japón y en las economías industrializadas, ha excedido constantemente los niveles de China desde mediados de los 80 y la brecha supe- ra el 18 por ciento en la última década. Así las cosas, un retorno a la tendencia creciente de la economía China depende de un importante incremento en la participación del ingreso de los hogares en el PIB.

Este llamado a una mayor participación de los salarios en el valor agregado, debe ir acompañado de un incremento importante de las transferencias del gasto público a los hogares, particularmente en las áreas rurales, donde el ingreso permanece deprimido. Mayor gasto público en infraestructura social en salud, vivienda y educación podría mejorar sustancialmente el bienestar social.

Siga bajando para encontrar más contenido