Cita londinense

Cita londinense

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marzo 31 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-03-31

Son verdaderamente pocas las esperanzas de que la Cumbre del Grupo de los 20, que debe comenzar mañana en Londres, venga acompañada de resultados tangibles y efectivos, a pesar de la tormenta que azota a la economía mundial. El motivo es que hay hechos de diversa orden que atentan contra un consenso. Basta con ver la amenaza del presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien dijo que podría abandonar las deliberaciones si éstas no apuntaban hacia el humo blanco.

Y ese es tan solo el más evidente de los peligros. Otros consideran que sería nefasto un comunicado conjunto lleno de lugares comunes y llamados a la unión, pero sin entrar a fondo en ninguno de los temas que merecen una acción coordinada. Por tal motivo, los observadores aspiran a que al menos haya pronunciamientos contundentes sobre dos asuntos: los recursos que recibirán diversas entidades multilaterales para apoyar a las naciones afectadas por la crisis y un compromiso de detener los intentos de proteccionismo que son evidentes en buena parte del planeta.

En cambio, la discusión pública se ha tornado un tanto bizantina. Mientras Estados Unidos pregona a diestra y siniestra las ventajas de aprobar millonarios paquetes de ayuda que incluyan rebajas de impuestos y mayores gastos, algunas naciones del Viejo Continente quisieran centrarse en la regulación. La manera en que cada uno decida matar sus pulgas, no debería servir de pretexto para el desacuerdo. El lío es que detrás de cada una de las posiciones está una controversia que tiene mucho más de política que de económica.

Esta tiene que ver con la indiferencia aparente de Washington hacia otras economías ricas que están en problemas por cuenta de los excesos sucedidos en territorio norteamericano. En respuesta y lejos de hacer actos de contrición, los estadounidenses decidieron impulsar un descomunal programa de rescate, financiado con los ahorros del resto del mundo, que además deja a europeos y japoneses en la retaguardia. Por tal motivo, Francia quisiera que se apruebe la iniciativa de una entidad internacional encargada de supervisar a las instituciones financieras privadas y evitar que vuelvan a aparecer las aberraciones de hace unos meses. El apoyo a esa posición le permitiría a París tratar de contener la avalancha actual, sin preocuparse de los efectos perversos generados por las decisiones adoptadas al otro lado del Atlántico.

Si bien dicha discusión es válida, el problema es que la cumbre del G-20 puede fracasar por completo si no se miran otros puntos clave. Uno de ellos es el refuerzo de instituciones como el Fondo Monetario Internacional y los bancos regionales de desarrollo. La reciente Asamblea de Gobernadores del BID, que concluyó esta semana en Medellín, dejó en claro que el tema es crucial, incluso para una región como la latinoamericana que ha resultado golpeada por la debacle mundial, pero menos que otras zonas del globo. Por tal motivo, existe la propuesta de aumentar la capacidad de crédito del FMI hasta 500.000 o incluso 750.000 millones de dólares, con el fin de darle más herramientas para apoyar a decenas de economías.

También es fundamental un compromiso mucho más decidido en contra del proteccionismo. La razón es que cualquier estudioso de la época de la Gran Depresión que comenzó en 1929 sabe que una de las razones que contribuyó al derrumbe de la producción global en esa época fue la adopción de medidas restrictivas al intercambio de bienes, tanto en Estados Unidos como en Europa.

Ahora, en cambio, los pronunciamientos de los más diversos países rechazan cualquier postura en ese sentido, pero los hechos indican otra cosa. Un análisis reciente del Banco Mundial mostró que 17 integrantes del club que se reunirá en la capital británica han adoptado decisiones tendientes a impedir la llegada de bienes de otras naciones. Estas son en ocasiones más sutiles que un aumento de aranceles, pero igual de efectivas. Además cuentan con el apoyo del público que normalmente ve más los supuestos costos del comercio, que sus beneficios. Pero esa postura del 'sálvese quien pueda' es equivocada y puede empeorar la que ya es para muchos una situación desesperada. Por tal motivo, hay que hacer votos para que en Londres prime la sensatez que tanta falta hace desde un buen número de meses. 

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