Colombia está enferma porque le falta más energía femenina

“Colombia padece de una hemiplejia (parálisis de la mitad de un cuerpo vivo) debida a un exceso de fuerza masculina representada por la eliminación del adversario, el abuso de poder, la apropiación excesiva de riquezas a través de la corrupción que cohabita con pobrezas gigantescas, el salario inferior para las mujeres con igual trabajo que los hombres, la guerra territorial, la guerrilla, los ‘paras’ y de una ausencia de redes sanas de colaboración, apoyo y solidaridad. Esa es la radiografía de su enfermedad, falta de energía femenina”.

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diciembre 27 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-12-27

Lo dice el médico francés especializado en medicina de la energía, Xavier Etienne, quien además tiene una práctica de 30 años de meditación del hata yoga. En su centro de meditación Om de Colombia, en Bogotá y Medellín, cada sábado decenas de empresarios, profesionales, jóvenes y amas de casa acuden a meditar con el ‘Om’ buscando alcanzar estados más elevados de conciencia. “Es en el interior de cada uno donde está la solución a los grandes problemas de la humanidad que no ha podido resolver en el exterior”, dice. Este hombre define el mantra del ‘Om’ como una concentración muy poderosa de energía. “Su repetición sistemática alcanza la armonía, se recibe información, se recoge fuerza, se logra organización y equilibrio”, afirma. Etienne explica que en un grupo animal, la fuerza femenina (que no es exclusiva de las mujeres) le corresponde a las hembras y ellas se encargan de la constitución del hogar, la familia y la comunidad basada en valores de cohesión como la colaboración, el compartir, la comunicación, la solidaridad, la honestidad y la confianza. Mientas tanto, la masculina (que no es exclusiva de los hombres) es la conquista del territorio y la manada, la eliminación del adversario, el uso de la violencia en el establecimiento del poder con un control jerárquico. “El mundo entero tiene un desbalance entre estas energías, lo cual se ve en un excesivo control del sistema económico global. Sin embargo, el mundo va a tener que elegir entre vivir en desequilibrio o reequilibrarse”, dice. PRIMERO LA VIOLENCIA Cuando Etienne llegó al país quiso aprender español a través de una lectura diaria del periódico y le llamó la atención la frecuencia con la que encontraba la palabra ‘masacre’. Supo más de cerca qué era una mañana en que se encontró, a pocos pasos de la finca donde vivía en La Estrella, Antioquia, huellas de sangre de la más reciente ocurrida en la región. El médico se apasionó por analizar a Colombia como a un ente vivo, uno más de sus pacientes, y llegó a una conclusión: la situación del país es tan grave, que tiene paralizada la mitad de su ser. Para explicar su posición, por ejemplo, asegura que al Plan Patriota hay que agregarle el ‘el Plan Matriota’, como tituló el libro que escribió sobre el tema, que es la clave para salir del círculo vicioso de la violencia. Pone en el mismo saco a quienes confían en el enfrentamiento, el poder y la eliminación del adversario como método para alcanzar sus objetivos, independientemente de la tendencia política que profesen, y asegura que al exceso de fuerza masculina se le agrega el problema más grave: la carencia de una fuerza femenina que actúe a través de la influencia en busca de la transformación. Define la conciencia masculina como activa, emisora, intencional y “convencida de que va a cambiar el mundo”, mientras la femenina es pasiva, receptora, sin ninguna intención, es la energía de la aceptación. La primera se mueve afuera, a la vista de todos porque quiere hacer y tener; la segunda es interior y quiere estar y ser, por lo que le da el valor al “aquí y al ahora”. Explica que la energía masculina es la bestia y la femenina la bella, y asegura que “para despertar a la bella es necesario el beso de un príncipe, el ser interior de cada persona, hacia donde se debe emprender la marcha más seria, silenciosa y eficaz para salvar el planeta”. Este médico de la Universidad de Nancy en Francia considera que a Colombia hay que mirarla a la misma escala que la dinámica de los sistemas vivos y su forma de evolución, organización y transformación. “Como profesional, veo el de Colombia como un sistema con un nivel de energía bajo, insuficiente y por eso el estancamiento, la impotencia, la desorganización y la confusión. Nos va a tocar ver este tema, estudiarlo, y creer en la energía”, sostiene. Etienne cree que es imposible que haya un cambio en el nivel de energía sin que aparezca una fuerza femenina que genere un balance cualitativo. El análisis, dice, se puede aplicar al planeta. El ‘Om’ es una posibilidad de unión. “Lo prefiero porque es universal, un símbolo que no pertenece a ninguna tradición, no contradice ningún credo y es común a todas las religiones; es el puente de unión entre oriente y occidente”. WILABR

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