Competencia es el nombre del juego

Los banqueros son considerados los ‘malos del paseo’ en todas partes, y desde luego en Colombia. Atacar la banca, especialmente la grande, genera rendimientos políticos. Cuando muestra índices sanos de crecimiento y utilidades, muchos leen codicia. No importa que cuando a la banca le va mal a la economía le vaya mal. Los reguladores quieren tratar los servicios financieros como si fueran servicios públicos domiciliarios y como si el crédito fuera un derecho constitucional y no un negocio de riesgo con fondos del ahorrador.

POR:
enero 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-01-30

Pocos admiten públicamente que un sector financiero fuerte es pilar del crecimiento económico. O que la ‘bancarización’ -utilización de mecanismos bancarios para hacer transacciones- ayuda a que la gente progrese. De este debate poco ilustrado no se escapan los medios de pago electrónicos. Se estigmatizan sus costos, pero no se reconocen sus beneficios. Es cierto que los intereses de consumo son los más altos, como en todo el mundo. Es así porque el riesgo de ese tipo de crédito es singularmente alto. A finales de 2005 participé en un foro sobre el tema convocado por Visa y Fedesarrollo. El profesor Kenny Park mostró que la economía de su país, Corea del Sur, se ha expandido con la masificación de los medios de pago electrónicos y destacó cómo los incentivos fiscales pueden contribuir a este propósito. Los consumidores se benefician con créditos al impuesto de renta por gastos personales con tarjeta, y el comercio y el sector privado mediante un esquema de devolución del IVA. Los beneficios son compartidos. Y el Estado aprovecha por partida doble: por el crecimiento sostenido en el consumo y por la mayor transparencia y recaudo tributario asociado al uso de las tarjetas. Podría pensarse que éste efecto positivo implica un mayor costo por transacción. No es así. Salvador Hernández, de Deloitte & Touche, mostró que en México resulta más eficiente el uso de tarjetas que el efectivo o cheque, pues aumenta el consumo, hay mayor movilidad de inventario de bienes de gran tamaño y alto precio, y se eliminan problemas de seguridad del manejo del dinero, entre otros. En el foro recordé que en 1970, para contar con efectivo al ir a San Andrés debía solicitarse una ‘carta de crédito’ en un banco, en Bogotá, y entregarla en la sucursal del mismo en la isla. Un trámite engorroso y elitista. Hoy muchos compran su tiquete aéreo por Internet, lo pagan con una tarjeta de crédito, y en el exterior utilizan tarjetas de crédito o débito. El enfrentamiento público en Colombia entre comerciantes y tarjetas bancarias no le hace bien al país. En un ‘mercado de dos lados’ los beneficios crecen cuando lo hace el conjunto del sistema: al aumentar los tarjetahabientes y los establecimientos de comercio, se incrementa el valor del sistema de pago con tarjeta porque se aprovechan las economías de escala del sistema y se reducen los costos de utilización para los usuarios. La regulación estatal de las comisiones amenazaría la viabilidad de un sistema de pagos electrónicos eficiente. Actuaría contra la necesaria profundización financiera y la ‘bancarización’ de la economía en condiciones de competencia. ¡Qué compitan los bancos entre sí y con las tarjetas de crédito ‘propias’ de los establecimientos comerciales! Ese es el nombre del juego. * Columna de la Fundación Buen Gobierno.

Siga bajando para encontrar más contenido