Consigna cumple 30 años

Treinta años de supervivencia ininterrumpida en una publicación de la naturaleza de Consigna es cima que tiene algo de hazañosa, más todavía cuando, como toda Fundación, no tiene ánimo de lucro. Especialmente en un mundo en el cual los valores y las categorías los ha venido asfixiando el consumismo, la mediocridad y la codicia imperantes. Una revista en contravía con una época en la que, salvo excepciones, la transparencia y el raciocinio han perdido toda trascendencia.

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enero 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-01-30

Fue fundada en enero de 1976 con el fin de participar -por cierto, triunfalmente- en la contienda presidencial Turbay-Lleras. Hoy hace las veces de fuente de consulta en la biblioteca Luis Angel Arango para todo aquel que quiera calibrar el pensamiento y la conducta de una serie inmensa de personajes, nacionales e internacionales, en este azaroso trecho de nuestra historia. En sus 487 ediciones ha analizado sus supuestos aciertos, errores y extravíos con el fin de dejarlos a la libre disposición de aquellos intérpretes interesados en descifrar nuestro pasado, entender el presente y barruntar el futuro. En más de 50.000 páginas ha pretendido analizar la grandeza, liviandad y miseria de quienes, por una u otra razón, han rectorado a nuestra sociedad. Un compendio de puntos de vista sobre una época casi sísmica cuyos acontecimientos principales merecieron la atención de sus respectivos directores. No presume, ni mucho menos, haber sido ‘imparcial’ en sus primeras etapas, antes de haber adoptado la línea académica que hoy es de su esencia. Debemos confesar que por mucho tiempo nos sedujo y nos sirvió de fuerza impulsora el pensamiento de Ibsen: “no me preocuparía por existir si no tuviera adversarios. Nada me quedaría que hacer entonces”. Múltiples circunstancias explican las tres épocas de Consigna: la primera, motivada por unos propósitos de orden fundamentalmente político; la segunda, con una orientación en la que primaron los intereses superiores y la agilidad periodística; y, por último, la actual que busca movilizar tesis dentro del ámbito universitario así sea en contrapelo con la anorexia ideológica que hoy caracteriza a la sociedad colombiana. El fragor de la lucha política, cuerpo a cuerpo, como nos correspondiera entre 1976 y 1990, explica que no siempre nos hayamos sumado a lo que cierta hipocresía burguesa llama ‘consenso’. El paso del tiempo se ha encargado de darnos vía y margen para rectificarnos o ratificarnos. Valga, eso sí, anotar orgullosamente: jamás fuimos intolerantes ni nos dejamos cegar por el odio o el rencor. Siempre hemos creído obrar en defensa de convicciones firmes, que en su momento consideramos válidas, así algunas de ellas hayan resultado, a la postre, equivocadas o, como se dice ahora ‘fuera de contexto’. Su agenda no se ha limitado a su publicación periódica. Numerosos foros y tertulias, muchos de ellos con amplia repercusión política y académica. Su sede ha servido de tribuna de calificados voceros de todas las corrientes políticas y económicas. En su colección bibliográfica se han publicado a la fecha doce libros y se patrocinó la filmación del premiado cortometraje (1979) Palabras de Poeta. Sea propicia esta conmemoración para remarcar el aporte intelectual suministrada, sin contraprestación alguna, por quienes nos han acompañado en la dirección de Consigna: Carlos Lemos (1980-81 y 1986-90); Hernando Reyes Duarte (1980-81); César Gaviria Trujillo (1981-82); Darío Ortiz Vidales (1988-91) y Jaime Mejía Duque (1991-96), sin olvidar la codirección ejercida siempre, no obstante su lejanía física, por Juan B. Fernández. De igual manera la de aquellos colegas que con su alcurnia intelectual han contribuido a asegurarle densidad a su contenido, no siempre coincidiendo con el pensamiento de la dirección. Parafraseando la letra del famoso tango, luego de repasar el azaroso transcurso de estos treinta años, puede afirmarse que 30 años sí son muchos para una publicación de las características de Consigna.

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