Cosiendo sostenibilidad

Asegura Andrés Escobar que “Bogotá reventó sus costuras”. No puedo estar de acuerdo con su afirmación y por el contrario lo invito a romper sus propias costuras, aquellas con las que ata el imaginario en el que envuelve sus conceptos respecto al desarrollo urbano; y a atreverse a pensar que lo que hoy vive Bogotá no es otra cosa que el resultado de operaciones urbanas complejas, promovidas desde la administración distrital, que garantizarán la sostenibilidad del desarrollo en su conjunto.

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diciembre 21 de 2005 - 05:00 a.m.
2005-12-21

Al parecer lo que cuesta trabajo entender es el tránsito del urbanismo al desarrollo urbano en toda su dimensión y complejidad. A lo largo de su historia la ciudad prefirió establecer fronteras, trazar perímetros, zonificar y pensarse en un ejercicio endogámico. Dejo las decisiones en manos del diseño y de la arquitectura sin considerar siquiera que su mera práctica genera valor; y por esa vía la función que quizá más le cuesta a la sociedad tanto en términos de su valor como de su implacabilidad en el tiempo, en manos de intereses particulares y voluntaristas. En la contemporaneidad la visión de un ‘nuevo urbanismo’, entendido como el pleno ejercicio de la función pública del desarrollo humano, exige miradas, reflexiones y acciones mucho más comprehensivas. Requiere relacionarlo con la tarea misma del desarrollo y entender que éste asociado a la ordenación del territorio comprende todas las actividades que tienen que ver con la planeación y la previsión en las diferentes esferas que comprenden la sociedad. El reto de hoy consiste en lograr la ejecución de operaciones urbanas complejas que permitan que grandes inversiones como las relacionadas con la infraestructura de Transmilenio jalonen procesos de desarrollo integral y produzcan riqueza y bienestar, en lugar de constituirse en intervenciones físicas aisladas. En conseguir que operaciones como la que se plantea hoy en torno al aeropuerto sean dimensionadas en relacion con los propósitos estratégicos del desarrollo y en conjunción con otros planes y proyectos asociados al ordenamiento territorial de largo plazo, y no tan solo como un asunto de disposición y mejoramiento de equipamentos. El propósito último es el de avanzar en el fortalecimiento de territorios integrados y ordenados que permitan afianzar la consolidación de lo que hoy denominamos la Megalópolis1, cuyo principio de acción es el trabajo asociativo que genera mejoras en la productividad económica y la calidad de vida de la región en su conjunto. La Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) es un buen ejemplo de ello y de los propósitos que se buscan al hablar de ‘ciudades compactas’; mientras se fortalecen las centralidades se construye también la infraestructura para garantizar la necesaria articulación entre los centros urbanos, mejorar la movilidad del territorio y contribuir con la desconcentración del desarrollo. Así, la aparición de proyectos de gran calado en los municipios vecinos antes que sosobra deberían provocar regocijo; porque cuando en ellos se pueda vivir tan bien o mejor que en Bogotá, con estructuras sociales, urbanas y productivas completas y compactas, será sostenible Bogotá. Ahora no se trata de una competencia en la que los avances de una ciudad son obstáculos para las otras; o en la que es viable pensar en una buena ciudad rodeada de otras en malas condiciones. El desarrollo de los municipios cercanos a Bogotá como ciudades compactas no riñe sino que viabiliza el futuro de Bogotá. Por eso pienso que en realidad lo que está pasando no es que Bogotá esté ‘rompiendo costuras’, sino que por fin otros municipios están haciéndose su propio vestido.

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