Costa Esmeralda, paraíso para millonarios 3.736

Playas privadas, mansiones a precios desorbitados e inmensos yates: Es la Costa Esmeralda, al norte de la isla italiana de Cerdeña, situada entre Italia y Francia, un paraíso del lujo que desde los años sesenta ofrece el turismo más exclusivo.

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julio 31 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-07-31

Escondido detrás de los riquísimos paisajes sardos y de sus ciudades históricas, este parque temático del lujo contiene todo lo necesario para unas cómodas vacaciones. Eso sí, el precio sólo es accesible para unos pocos: ninguna casa puede alquilarse por debajo de los 7.000 euros (9.014 dólares) a la semana. Fue un funcionario británico del Banco Mundial, John Duncan Miller, quien cambiaría para siempre el destino de la Costa Esmeralda, un territorio campesino, que los sardos conocían como monti di Mola, sin urbanizar y marcado por la pobreza de sus habitantes. Pero, a finales de los años cincuenta, Miller visitó Cala di Volpe, una hermosa playa rocosa de aguas cristalinas que en la actualidad se ha convertido en lugar de recreo de celebridades y miembros de la jet set. El banquero británico se quedó prendado de la belleza paisajística de la isla y, sin pensárselo dos veces, decidió investigar sobre el valor de las tierras del litoral. Pagó 550.000 liras (284.051 euros/365.706 dólares) por hectárea. Los montes de Mola se convirtieron así, en 1962, en el Consorcio de la Costa Esmeralda, un centro de elite que levantaron Miller, Karim Aga Khan y el industrial Patrick Wines. En aquel lugar de gran belleza, en el que no había carreteras y conseguir agua potable era toda una hazaña, se construyó un inmenso complejo urbanístico compuesto de grandes villas, hechas a medida de los más ricos, hoteles y residencias que querían imitar la arquitectura rural del interior. Estas mansiones pertenecen hoy a nombres como el del propio primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, y a las familias más ricas de Arabia Saudí, Rusia y Gran Bretaña. Pero la Costa Esmeralda es un pequeño microcosmos del lujo que tiene muy poco de sardo, porque ni rastro hay en ella de las tradiciones ancestrales que aún se conservan en lo más profundo de la isla italiana. ¿Y SABOR MEDITERRÁNEO ? Cerdeña esconde decenas de pueblos de piedra con sabor a mediterráneo, el sonido de una larga tradición musical y el color de una rica gastronomía. La Costa Esmeralda sólo conserva el mar en calma de Cerdeña, sus calas rocosas y su riquísima naturaleza marina. Sobre ella navegan suntuosos yates, amarrados en los puertos de Porto Cervo y Porto Rotondo. Estas son las dos ciudades que verdaderamente componen lo que muchos conocen como Costa Esmeralda: dos centros frecuentados por la clientela más exclusiva. El de Porto Cervo es el segundo puerto turístico más caro del mundo, con una tarifa diaria media de 2.900 euros (3.736 dólares) por embarcación, por detrás de Capri y superior a las de Miami Beach, Abu Dhabi, Saint Tropez, Cannes, Port Hercule o Ibiza. Mansiones, tiendas y bares de precios millonarios o caminos de piedra y puentes decorados al estilo más kitsch, hacen de estas ciudades un lugar artificial que, sin embargo, conserva la virtud de no desfigurar la costa y ofrece espacios extremadamente cuidados. La carretera interior que une ambos puertos es probablemente la mejor asfaltada de la isla. Cerca de ella se encuentra uno de los núcleos más elitistas de la vida nocturna italiana: una villa decorada con estilo oriental, convertida en una de las discotecas más exclusivas del país, que pertenece al ex director deportivo de Renault, Flavio Briatore, que también es propietario de una firma de moda para hombre que lleva el mismo nombre que el local, Billionaire, y que cuenta con una tienda en Porto Cervo. Para acceder a estas playas de arena blanca, el aeropuerto de Olbia, que se encuentra a pocos kilómetros, ofrece servicios de helicóptero privado, con el que trasladarse a estos rincones de lujo. Aquellos que no puedan costeárselo siempre, pueden prescindir de ellos, bordear la costa a su antojo y disfrutar de la Cerdeña más desconocida, de los matices de su belleza natural y del carácter sureño y amable de sus habitantes. HELGON

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