En una coyuntura de recesión... la formación

De más de 3.600 empresas bogotanas cuyos directivos y propietarios, en número superior a 18.000.

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febrero 27 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-02-27

Las épocas de cambios dramáticos en el mundo empresarial se convierten, como ocurre en Europa y Estados Unidos, en oportunidades para que los altos ejecutivos repiensen su rol. Y en este sentido, la formación directiva ha resultado un elemento esencial para el desarrollo de ellos, de las compañías y para el crecimiento del Producto Interno Bruto de los países.

En el caso colombiano, todavía son pocos los grupos y empresas conscientes de la urgencia de tener planes de formación para la alta dirección.

Generalmente los directivos asisten a importantes seminarios de corta duración con expertos que informan qué está pasando en la práctica de la alta gerencia en el mundo, pero normalmente sin consecuencias de fondo en la transformación y crecimiento individual de los participantes y de sus empresas.

En Estados Unidos, por citar un ejemplo, los presidentes (CEOs), altos ejecutivos y miembros de juntas, además de su formación inicial (pregrado, MBAS), llevan a cabo una formación directiva permanente en Escuelas de Negocios, como Harvard Business School, Wharton y Darden, para citar solo algunas de las más conocidas.

Este modelo de formación también ha contribuido para que países que en los años 60, como Singapur, que se encontraban en situación de bajo desarrollo económico y social disfruten hoy de un avance sostenido y hayan alcanzado ingresos per cápita comparables con los del mundo desarrollado. Y esto ocurre no solo en las empresas.

En dicho país los ministros reciben este tipo de formación, con frecuencia rotan sus cargos, son remunerados por resultados y la corrupción es mínima. Entonces, los resultados obtenidos obedecen a un concepto gerencial de gobierno y de servicio al pueblo.

De otra parte, Bogotá, con cerca de 3.600 empresas y más de 18.000 directivos y propietarios con capacidad económica para asistir a programas de perfeccionamiento en Colombia o el exterior, se calcula que anualmente solo alrededor de 300 lo hacen.

En Barcelona, cuyo número de empresas es inferior al de Bogotá y teniendo en cuenta las diferencias en costos de los programas e ingresos de las empresas en ambas ciudades, cerca de 900 directivos acuden anualmente a programas de perfeccionamiento directivo.

Y en Buenos Aires, con un número de empresas de características similares a las de Bogotá, 720 directivos, al año, optan por este tipo de formación.

Lo anterior conlleva a pensar que a pesar de los avances en las últimas décadas, aún no se ha consolidado completamente en Colombia una cultura en la cual el ejecutivo o propietario de empresa le dedique el tiempo necesario a estos programas y se convenza de que los factores tiempo y costo son paradigmas fáciles de romper, si se analizan los resultados positivos y se escuchan los testimonios de quienes ya han participado.

Los procesos de formación directiva, que normalmente se inician con la cabeza de la organización no se pueden quedar ahí. Deben descender rápidamente al resto de la empresa, con el fin de que no solo sea la presidencia la que entre en procesos de formación y cambio, sino que también se lleven a cabo en las vicepresidencias y otras áreas de jerarquía. En nuestro país, las estructuras piramidales con frecuencia impiden que los directivos que reportan a la presidencia se beneficien de este tipo de desarrollos.

Las multinacionales europeas y americanas en el mundo y en Colombia conocen y aplican muy bien estos procesos de formación, razón por la cual, el hecho de que nuestras empresas no se acomoden a estos modelos, las hace menos competitivas, máxime en un entorno de recesión, globalización y Tratados de Libre Comercio (TLC).

La inversión en este tipo de programas es moderada frente a otra serie de gastos que se tienen frecuentemente en las compañías, como son la adquisición de vehículos para la alta dirección, equipos de cómputo u otra serie de elementos indispensables, pero con un menor efecto para la riqueza, futuro de la compañía y crecimiento personal.

En conclusión, la tarea de los directivos y empresas colombianos es la de pensar seriamente en los desafíos actuales y tomar la decisión de formar a sus cabezas con la certeza de que la inversión y el esfuerzo en tiempo se verán recompensados muchas veces con un efecto positivo y multiplicador en la persona, la compañía y la sociedad.
 

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