Crece respaldo a los Niños de los Andes

Las marcas de ropa italiana Invicta y Essenza, se vincularon a la Fundación Niño de los Andes, a través de una campaña que busca recaudar fondos para modernizar los talleres de capacitación de la Fundación y lograr que más niños colombianos de escasos recursos, tengan acceso a la educación y a una mejor calidad de vida.

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junio 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-06-30

Tulio Deillana, representante de estas marcas en el país, comenta que desde que él y su socio, Ernesto Sagliaferri, decidieron hacer empresa en Colombia estipularon que el apoyo a las actividades sociales sería una de sus prioridades y así lo han hecho desde el comienzo. Inicialmente con un presupuesto mensual para mercados destinados a los niños y ahora con una campaña que espera reunir 25 millones de pesos antes de que finalice este año. Los empresarios se inventaron unas tarjetas de descuento, mediante las cuales motivan a los compradores a unirse a la causa. Mediante este sistema, que se adquiere en los almacenes, los clientes reciben un beneficio de mejor precio por sus compras a la vez que apoyan la labor social de la empresa. A la campaña se vinculó también la cantante Adriana Botina, imagen internacional de la marca, con la realización de un concierto para los menores. La fundación Niños de los Andes es una organización sin ánimo de lucro concebida como fórmula de protección y rehabilitación de un grupo poblacional creciente de niños y niñas de la calle, que están en condiciones de vulnerabilidad a la violación de sus derechos fundamentales. Mediante diferentes programas y servicios ofrece soluciones reales para mejorar la calidad de vida de los niños y alcanzar su desarrollo físico, mental, espiritual y social; reconociéndolos así como sujetos de derecho. Actualmente se sostiene con aportes de personas y empresas que tienen como filosofía social apoyar este tipo de iniciativas, además de campañas y eventos que promueve la administración de la Fundación para desarrollos específicos. Algunas organizaciones internacionales también se han vinculado con la financiación de programas. El año pasado, Niños de los Andes atendió alrededor de 21.060 niños, niñas, adolescentes de la calle y sus familias en los ocho programas que se desarrollan en 6 sedes ubicadas en Bogotá y Manizales, todos ellos orientados a la restitución y defensa de los derechos fundamentales de esta población. La Fundación cuenta con la auditoria de Deloitte & Touche y una revisoría fiscal nombrada por la asamblea general. Esta organización empresarial con beneficio social fue reconocida recientemente por el Instituto Colombiano de Normas Técnicas (Icontec), que le otorgó a la Fundación el Certificado de Gestión de la Calidad ISO 9001:2000. El nacimiento de esta Fundación está marcado por un compromiso social individual que asumió Jaime Jaramillo, hoy conocido como ‘papá Jaramillo’, quien decidió luchar con todos los medios por la niñez desamparada, brindándole atención médica, alimento, afecto y un lugar para vivir. La iniciativa surgió en diciembre de 1973, cuando Jaramillo presenció cómo una niña de la calle que se lanzó a recoger la caja de una muñeca caída de un carro, fue atropellada por un camión. Jaramillo, quien corrió en vano a auxiliarla observó que la caja por la cual dio su vida la pequeña, estaba vacía. Desde entonces, él decidió luchar con todos los medios por la niñez desamparada brindándole atención médica, alimento, afecto y un lugar para vivir. En un contexto social donde los niños de la calle se habían convertido en parte del paisaje urbano, surge la acción de Jaramillo como un compromiso individual enmarcado dentro de un esquema asistencial de ayuda a esta población. Este trabajo se inicia en la década de los 70 y va siendo alimentado por un grupo de voluntarios, donde lo que prima es una relación de amistad y un sentido de ayuda filantrópico. Como consecuencia de este trabajo, Jaime Jaramillo decidió organizar una casa para atender a los niños de la calle. De esta forma se constituyó la Fundación, que obtuvo su personería jurídica en 1988 por parte del ICBF. A partir de este momento, comenzó un proceso de consolidación y construcción de la institución. Para la década de los años 90, se inició una tecnificación y definición del proceso y de los servicios de atención. A mediados de los 90 se realizó una reestructuración del área social. El equipo técnico asume para este momento un mayor grado de profesionalismo en busca de optimizar los estándares de calidad en los procesos de atención de los niños. En 1999, la Fundación comenzó a participar en el “Proyecto de Fortalecimiento, Autoevaluación y Estándares de Calidad”, liderado por la Unicef, el Icbf y las Fundaciones Restrepo Barco y FES, con el propósito de cualificar los procesos de protección en las instituciones concebidas para este fin. Los resultados de este proceso se vieron reflejados en una mejor calidad en el servicio ofrecido a los niños y a finales del año 2000, la Fundación fue evaluada por primera vez bajo los parámetros de dichos estándares de calidad. EL TRABAJO SOCIAL TAMBIEN RECIBE CERTIFICACION DE CALIDAD La Fundación recibió hace algunos meses la certificación de calidad por el modelo de trabajo que implementa con los niños. Esta entidad desarrolla su labor en varias fases. La primera de ella es a través de recorridos diurnos y nocturnos por Bogotá y municipios anexos, donde se ubican y contactan los grupos de personas que viven en la calle, a quienes se brindan servicios de atención integral ambulatoria en salud, psicológica, de trabajo social, información y educación, remisiones a otros servicios, orientación, ingresos al programa de protección y cubrimiento de necesidades de supervivencia. La duración promedio de este proceso se ha calculado según la experiencia que va entre el primer contacto y la toma de decisión del niño para entrar al programa es de dos meses. La segunda fase es el proceso de adaptación al programa. Una vez se logra este proceso, se trabaja con un proyecto específico de vida con cada niño.

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