La crisis política en Bélgica llega a su fin con nombramiento de nuevo Gobierno

El nuevo primer ministro, el democristiano flamenco Herman Van Rompuy, había dicho en varias ocasiones que no le interesaba el cargo. La antigua coalición de gobierno se mantuvo en el poder.

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diciembre 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2009-12-30

En otras palabras, en Bélgica las cosas cambiaron para seguir igual: los cinco partidos políticos que formaban el Gobierno que dimitió el pasado 19 de diciembre llegaron a un acuerdo para formar el nuevo Ejecutivo, en el que lo único que cambia es el nombre del primer ministro y tres cargos de poca importancia.

El puesto que dejó Yves Leterme será ocupado por otro democristiano flamenco, Herman Van Rompuy, hasta ahora presidente de la Cámara de Diputados y quien había dicho en varias ocasiones que no le interesaba ser Primer Ministro.

"El rey Alberto II recibió a Van Rompuy en el Castillo de Laeken y le nombró primer ministro", decía a primera hora de la tarde el comunicado de la Casa Real.

Van Rompuy estaba encargado desde el domingo de formar un nuevo Gobierno, después de que Leterme y su gabinete fueron arrastrados por el escándalo de intentar influenciar a la justicia para que validara el plan de rescate del banco Fortis.

Los cinco partidos que salían de ese Gobierno vuelven a él y mantienen a sus líderes al frente de los más importantes ministerios. El Parlamento deberá votar esta semana una moción de confianza para dar valor legal al acuerdo logrado ayer.

Van Rompuy es el tercer primer ministro belga desde las elecciones de junio de 2007 y, además de tener que lidiar con las crisis financiera y económica, deberá calmar la tensión entre flamencos y francófonos y hacer que la coalición gobernante resista las elecciones regionales de junio.

Si la inestabilidad continúa hasta las regionales, las elecciones legislativas -en las que se elige Primer Ministro- se podrían adelantar a junio. Sin embargo, el acuerdo para formar el nuevo Gobierno apuesta explícitamente por terminar la legislatura, que acaba en 2011.

Ahora, lo más urgente para Van Rompuy será terminar de salvar a Fortis, igual que aprobar el presupuesto para 2009, un plan de reactivación económica y un acuerdo entre sindicatos y empresarios para actualizar los salarios.

El nuevo primer ministro se había resistido hasta el último momento a aceptar el cargo. Además, había dicho con anterioridad que no confiaba en la estabilidad de la coalición gobernante.

Sin embargo, parece haber aceptado porque su partido temía que, si se producían elecciones anticipadas, el ex primer ministro liberal Guy Verhofstadt -el político más valorado actualmente en los sondeos- volviera al poder.

IDAFE MARTÍN PÉREZ
PARA EL TIEMPO (DESDE BRUSELAS)

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